Síndrome  de Estocolmo

   Se originó con ese nombre porque el psiquiatra  Nils Bejerot lo bautiza en Suecia, por los hechos ocurridos  en 1973 ante el secuestro y desarrollo afectivo entre el rehén y sus secuestradores. 

   El 23 de agosto de 1973 Erik Olsson ingresó al Banco de Crédito de Estocolmo para asaltar y tomó cuatro rehenes: tres mujeres y un hombre, quienes convivieron por seís días tras largos procesos de negociación y la rehén Kristin Enmark era la vocera de 23 años quien traba amistad con el atracador e incluso se presta a viajar con él para liberar a sus compañeras.

Al año siguiente de 1974 se regista el célebre secuestro de Patricia Hearst, nieta del magnate de la prensa estadounidense William R. Hearst, que tuvo un final feliz. Se define como un fenómeno psicológico, transitorio que aparece en la persona secuestrada con caracteristicas de sentir comprensión, afecto y de ayuda para  conseguir lo que solicitan e incluso tras ser liberada mantiene una vinculación afectiva.

En clínica, el shock emocional es de la más absoluta impotencia y somete  a sus intereses para salvarse; las respuestas a los eventos les dan posibilidades de escapar. En grupos las variables se complican y aparece un líder o jefe que se alía con el secuestrador. En verdad este tema es muy variopinto y carecemos de investigaciones serias,  hay muchos casos individuales y pocas investigaciones; se da un mecanismo de defensa —negativismo— para proteger el yo, pero en situaciones límites se necesitan acciones conscientes y equilibradas. 

    La investigadora de la Universidad de Guadalajara, México, Lucía E. Rizo-Martínez, nos aclara: “Una respuesta instintiva universal de supervivencia, y la falta de estudios empíricos  podría llevar a la conclusión de que muchas de la caractrrísticas del término se deben a un sesgo informativo” y con el ruido mediático de favorecer algunas noticias o promocionar para ocultar ótros. “Son más una excepción que una regla”, dice la invstigadora,

  Tantas cosas sucedían en la década de los setenta como: El conflicto árabe-israelí, la guerra de Vietnam, dictaduras del cono sur, post hipismo, la muerte de  Jimi Hendrix, Elvis Presley, espíritu libre… que nos condicionaron y es importante  darles valor fundacional a las variables sociopolíticas culturales en el moldeamiento de  las actitudes, pero de allí a  amar a los secuestradores, ¿dónde queda la razón reflexiva?                                                             

     La supervivencia es la cuestión medular en el desarrollo de los mamíferos al estar en situaciones límites y se dan estas reacciones  en primates, perros, nos dice la investigadora mexicana pues la amenaza dispara la sumisión que garantiza la supervivencia genética y estas relaciones “ayudarían” no solo en los secuestros, sino también en la violencia sexual, agresiones de parejas, sectas, terrorismo o prisioneros de guerra…

  Según la DSM de la Asociación Americana de Psiquiatría no la incluyen dentro de los trastornos psicopatológicos, porque no se han puesto de acuerdo en elaborar criterios comunes e incluso no se les quiere llamar síndromes, y en la clínica se cuenta con casos de personas jóvenes o niños secuestrados que dependen afectivamente del secuestrador o  es su “nueva familia”.  Hay investigadores que están de acuerdo que el Síndrome de Estocolmo sería parte  del “estrés post traumático” porque incluye la idealización del secuestrador, mientras que otros consideran como una reacción al estrés agudo como transtornos transitorios desencadenados por situaciones excepcionalmente estresantes.                                                                                                                                      

 La autora es psicóloga y escritora cultural.

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