Con las banderas enlutadas y profunda pena los periodistas vimos pasar el pasado 1 de marzo, nuestro Día Nacional y el 97 aniversario de la fundación de LA PRENSA al servicio de los nicaragüenses.
Lo que debió de ser motivo de exultante alegría y de júbilo nacional, por la dilatada permanencia del periódico entre nosotros y por los grandes logros alcanzados por el periodismo en general, se convirtió en motivo de tristeza para la gran mayoría de los nicaragüenses que amamos la libertad de expresión, porque con más de 150 periodistas en el exilio y con decenas de medios de comunicación clausurados arbitrariamente por la tiranía de los Ortega-Murillo, que lanzaron a muchos al desempleo, francamente que no había nada que celebrar y sí mucho que lamentar.
Sin el propósito deliberado de buscar culpables en la trágica situación que vive nuestro país, debemos reconocer con el pensamiento puesto en nuestras mentes y en nuestros corazones, que todo esto que está pasando fue advertido en su oportunidad por los periodistas independientes. Para no ir más lejos, desde LA PRENSA y desde Radio Corporación, fuimos varios los periodistas que nos opusimos vehementemente al pacto del doctor Arnoldo Alemán con Daniel Ortega (PLC-FSLN) ya que advertimos, como en efecto lo fue, que sería de funestas consecuencias para el país. Lo mismo señalamos con la claudicación de los dirigentes sindicales de la CUS y de la CTN y un poco más tarde, con el diálogo-consenso del Cosep que creyeron en las falsas promesas del dictador y no supieron estar a la altura de las circunstancias.
No obstante lo anterior, no hay que llorar sobre la leche derramada, sino que lo que debemos hacer ahora es buscar cómo organizarnos, para salvar a nuestra patria de su total destrucción, que es lo que vienen realizando desde hace bastante tiempo la mafia de los Ortega-Murillo y sus corifeos.
Hace casi 2,500 años en la antigua Grecia, el notable escritor Sófocles en su famosa obra Antígona calificó a este tipo de gobierno así: “Hay que ver como reina, como imparte justicia. Para mi aquel que rige un pueblo, con mordaza a la lengua e imponiendo el temor desbordado, es el peor de los gobernantes. Traidor fue, Traidor es”. Es por este aberrado comportamiento, impropio del siglo XXI, que el régimen de los Ortega-Murillo ha caído en el casi total aislamiento, contando solo con el hipotético respaldo de Rusia y China.
Fíjense ustedes que Ortega, por temor a los abucheos y al repudio de los pueblos, solo viaja bajo la oscurana de las madrugadas a Cuba y Venezuela, y a ningún otro país. Cada día están más solos en su ingrata tarea de avasallar a un pueblo amante de la libertad. Ya los líderes de la izquierda femocrática de América Latina como AMLO de México, Boric de Chile, Petro de Colombia y Lula de Brasil, por los desmanes que han cometido en contra de la población civil, hasta vergüenza les da sentarse a su lado. Por lo que de sus últimas declaraciones se deduce, que van a ser en lo sucesivo más consecuentes en la defensa de los derechos humanos de los nicaragüenses.
Mas, lo que más ha impactado a la opinión pública mundial en estos días, son las declaraciones que el papa Francisco dio a Infobae en el Vaticano, en las que por primera vez se expresa con claridad meridiana, en torno a la persecución de que está siendo víctima la Iglesia católica en Nicaragua. Habla muy efusivamente de su amigo monseñor Rolando Álvarez, compara a la dictadura de los Ortega-Murillo con la de los comunistas que comenzó en 1917 en Rusia y con la de Adolfo Hitler en 1935 en Alemania. Califica al dictador Ortega como guaranga (maleducado, descarado, grosero o vulgar) y desquiciado mental (loco).
Por todo esto hay razones para estar optimistas en cuanto al futuro de Nicaragua. No estamos solos. En consecuencia, no hay que desesperarse, pues todos estos malos momentos que estamos viviendo pasarán y con la ayuda de Dios y de nuestro pueblo, más temprano que tarde, volverá a brillar sobre nuestra patria el sol de la democracia, de la justicia y de la libertad.
El autor es periodista y Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).