La derecha empieza a unificarse políticamente

Se continúa diciendo por todas partes que existe un gran divisionismo dentro de las fuerzas políticas adversas al régimen de Daniel Ortega y su partido el Frente Sandinista. Lo cual es cierto a medias, pues lo que ha prevalecido es un mínimo sector de agrupaciones de la sociedad civil en el exilio, que al día de hoy no tienen un proyecto definido ni una agenda locuaz ya que todos jalan agua para sus propios molinos, todos dicen tener miles de afiliados (lo cual no es cierto) y todos quieren ser caudillos, caciques o presidentes. Pero lo que no se ve por ninguna parte es cómo van a llegar a ostentar esos cargos  partiendo del hecho de que no existen partidos políticos establecidos dentro de dichas agrupaciones.

Otro punto racional a mencionar es que las circunstancias sociales y políticas que ha vivido Nicaragua desde el año 2018, cuando se dio el alzamiento insurreccional, han dejado claro el estancamiento de la llamada clase política, la cual se agotó entre los marasmos de los pactos, el prebendarismo, el matrimonio empresarial gubernamental y la cohabitación con el tirano y su sistema.

En Nicaragua no existe institucionalidad, y con esto digo que no existen partidos políticos ni líderes políticos democráticos, se pandearon. Deberá formarse una nueva clase política y construirse nuevas instituciones. Deben surgir hombres visionarios con la frente en alto y limpia.

Los que aún están en el andamiaje administrativo del país, en la Asamblea Nacional, no cuentan ni siquiera con un ápice de independencia política, están reducidos a la miserable condición de serviles del entorno político de Ortega. Y quienes están fuera, sobre todo en Costa Rica, deberían  darse cuenta que sus cartas ya se las jugaron. Y mal por cierto.

No pueden y no podrán acarrear la imaginación y el coraje  de todas las bases a las que engañaron, usaron y mintieron, sobre todo al gran campesinado del centro y norte del país, y a sectores populares urbanos, los que ya no pertenecen a los legados de sus caudillos. No pudieron. Se poncharon pero no se han dado cuenta y ahí están, husmeando en los laberintos de esa amorfa sociedad civil desterrada, que cuenta con tranques en Miami. Son oenegés con atisbos de victimización familiar y otras de abultados festines donativos establecidas sobre todo en Estados Unidos, y amamantadas por la generosidad washingtoniana. El lucro y el oportunismo en parte de ambos sectores está a la vista.

Pero independientemente del travestismo político versus sociedad civil, vienen germinando algunas semillas tras una unidad en fuerzas de la derecha que debe consolidarse y que está en principio reunificando bases hoy día sin partido, sobre todo liberales y otros, dentro de Nicaragua, en estrecha comunicación con algunos líderes intermedios formados en el exterior y otros en el exilio, creando sinergia política.

Junto a esta callada (por ahora) reunificación de las bases, vale la pena mencionar algunos esbozos partidarios que vienen dándose, como por ejemplo el partido “Libertarios” en Costa Rica, también con presencia interna en Nicaragua. El nuevo partido “Social Cristiano” y el “Partido Accionario (OPA)”, donde converge una agenda libero conservadora clásica.

También existe una organización aún no constituida en partido político, la Alianza por la Libertad de Nicaragua en la que participan algunos exguardias, exmilitares de la época de los Somoza, de su Academia y miembros de la Contra.

Es de lamentar que los jóvenes que participaron en la insurrección del 2018 no hayan logrado a este momento crear una plataforma política partidaria. Deberían hacerlo pues ellos fueron el soporte de una lucha que no terminará hasta que la tiranía sea derrotada y proscrita. Ya la Organización de Naciones Unidas (ONU) la culpa oficialmente de cometer crímenes de lesa humanidad.

El sandinismo, carnívoro o vegetariano, se acerca a su fin. Según la firma encuestadora CID-Gallup 70 por ciento de los nicaragüenses no pertenecen a ningún partido y, más aún, el 85 por ciento de la población es antisandinista.

Lo importante es que ya se están dando los primeros pasos en torno a la unidad de la derecha, contando con nuevos operadores e interlocutores, la cual en su momento deberá ser atendida y escuchada por Washington, la comunidad internacional y la propia Nicaragua, en aras de su libertad. Ya el genio Albert Einstein lo dijo, “no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo…”

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos.

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