La barrida de cámaras empresariales y la economía nacional

Desde hace meses se esperaba que el régimen cancelara las personalidades jurídicas de las cámaras empresariales encabezadas por el Cosep, lo que finalmente ocurrió este lunes 6 de marzo.

Se esperaba, porque ya el 3 de febrero pasado había sido cancelada la Asociación de Bancos Privados (Asobanp). La lógica indicaba que si fue cancelada la asociación de las entidades financieras privadas que son clave en el funcionamiento de la economía nacional, el mismo camino seguirían las demás instituciones gremiales del empresariado nacional independiente.

Además, después de que superó la crisis causada por la rebeldía nacional de 2018 y 2019, el régimen ha venido liquidando poco a poco toda la institucionalidad nacional no estatal: política, social, universitaria, religiosa y empresarial.

 Cabe esperar que el desmantelamiento de las instituciones gremiales de la empresa privada, de las que prácticamente solo quedan en pie, pero tambaleantes, la Cámara de Comercio Nicaragüense Americana (AmCham) y el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE), no significa o no debería significar el comienzo  de la liquidación de la economía capitalista en Nicaragua. Pues las liquidadas son las instituciones del sector privado intermediarias con el Estado, no las empresas económicas propiamente dichas.

 Está claro que el régimen político que se ha establecido en Nicaragua es básicamente una copia del cubano. Pero no se está siguiendo el modelo económico comunista de Cuba, que por donde se le vea es un fracaso catastrófico y el peor ejemplo a seguir. Además de que lo mejor que le ha funcionado al actual régimen nicaragüense es la economía, incluso a pesar del acoso a las organizaciones gremiales de los empresarios privados independientes.

Dígase lo que se quiera decir, el sistema económico capitalista es el único apropiado para crear riqueza y bienestar, impulsar el crecimiento económico y el progreso social de las naciones. Cuando se experimentó en Nicaragua un sistema económico anticapitalista, estatista y socializante, con la revolución sandinista de los años 80, las consecuencias fueron desastrosas.

 Fue gracias a que los gobiernos democráticos de 1990 a 2006 restauraron las relaciones capitalistas de producción y confiaron la economía a la empresa privada, que el país pudo recuperarse y la gente escapó del racionamiento y la hambruna.

 Hace tanto tiempo como en 1776, el economista y filósofo moralista escocés Adam Smith indicó en su libro La riqueza de las naciones, que la hoja de ruta para la creación de riqueza era sencilla. Dijo que la fórmula para lograrlo no era la fuerza bruta y la coacción, sino la paz y el comercio. Y en su otro gran libro, La teoría de los sentimientos morales, Smith escribió: “Para que un Estado alcance el más alto grado de opulencia partiendo de la más baja barbarie, se requiere la paz, la facilidad de los impuestos y una administración de justicia tolerable; todo lo demás se produce por el curso natural de las cosas”.

 La idea de Smith no era que se organizaran sociedades perfectas, porque la perfección no existe en la humanidad. El propósito era crear un sistema económico en el cual la gente invirtiera, trabajara y produjera libremente en procura de su propio provecho. Tal sistema era y es el capitalismo, que enriqueció al mundo entero y poco a poco ha venido reduciendo la pobreza.

 Inclusive algunos antiguos países comunistas, como China y Vietnam, han renunciado al comunismo económico y promovido exitosamente el capitalismo controlado por el Estado, manteniendo y reforzando el régimen político totalitario.

 No tendría ningún sentido, entonces, desmantelar la economía capitalista igual que se ha liquidado a las cámaras empresariales independientes.

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