22 de febrero fue Miércoles de Ceniza, cuando comienza el período litúrgico de la Cuaresma, o sea los cuarenta días en que la Iglesia católica se prepara para conmemorar la Pasión de Jesucristo, que transcurre en los días grandes de Semana Santa y culmina con la Resurrección.
En el día anterior a este Miércoles de Ceniza, al conmemorar el 89 aniversario del asesinato de Sandino, el comandante sandinista Daniel Ortega atacó verbalmente una vez más a la Iglesia católica, el ataque más duro desde el 19 de julio de 2018 cuando comenzó su hostilidad a la sagrada institución eclesial.
Ortega calificó a las autoridades de la Iglesia, incluyendo al papa Francisco, como “una mafia organizada”. Sin tomar en cuenta que el papa no solo es el líder del catolicismo sino también jefe del Estado Vaticano, con el cual el Estado de Nicaragua mantiene relaciones diplomáticas.
En las misas del Miércoles de Ceniza, que son más concurridas que de costumbre, se marca la frente de cada persona con una cruz de ceniza, que simboliza la mortalidad de la persona humana y la penitencia por sus pecados. Y el sacerdote, o el oficiante que impone la cruz de ceniza, le dice al creyente: “Recuerda que eres hecho de polvo y que en polvo te convertirás”.
Esa es la frase bíblica de Génesis 3.19 con la cual el Creador recuerda a todos los humanos la humildad de su origen, y su inevitable fin, por muy poderosos que hubieran sido en su tránsito por la vida. Lo que algunos por su extrema soberbia se resisten a reconocer.
Desde el año 2019, en Nicaragua la celebración del Miércoles de Ceniza, Cuaresma y Semana Santa ha sido muy difícil, primero por la pandemia, pero sobre todo por la hostilidad del régimen hacia la Iglesia, sus autoridades y símbolos. Lo que ha incluido encarcelamientos, juicios y condenas a largas penas de prisión de varios sacerdotes, así como del obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos.
En un mensaje que emitió este Miércoles de Ceniza, el cardenal Leopoldo Brenes —la figura más prominente de la Iglesia católica de Nicaragua— con humildad llamó “a orar y amar al enemigo que no nos cae bien”.
Haciendo caso omiso de los duros ataques del poder político del Estado contra la Iglesia y personalmente contra los sacerdotes, obispos, cardenales y el mismo papa Francisco, el cardenal Brenes dijo que el proyecto de Dios es “amar al enemigo, besar a aquella persona que no nos cae bien, que es indiferente, porque Él ha venido a amarnos a todos sin distinción”.
Por esa mansedumbre del cardenal Brenes hay quienes lo atacan desde la oposición, incluyendo a verdaderos católicos que le exigen beligerancia. Pero él sabe por qué lo que hace. Y ojalá que todas las personas, en particular las que hacen el mal a sabiendas, captaran ese mensaje y comprendieran que igual que todos los demás, del polvo han venido y en polvo se han de convertir. De manera inexorable.