Un conflicto recurrente y no resuelto entre Daniel Ortega y Rosario Murillo nace del deseo de ella por ser presidenta de Nicaragua y la decisión de él de no dejar de serlo. Hasta se han peleado en público, como ocurrió el pasado 31 de diciembre. En lo privado, las disputas son más feroces, indican fuentes cercanas a los dictadores a la Revista DOMINGO.
“Lo que pasa es que ella es muy dura. No tiene empatía con la gente. No es política realmente. Al menos Daniel escucha y responde suave”, expresa una de las fuentes, bajo anonimato.
Desde octubre pasado, Ortega trata de amortiguar la frustración de su esposa, llamándola “copresidenta”, algo así como “presidenta honoraria”, un título que no satisface las aspiraciones de Murillo.

La primera vez que la llamó así fue cuando entregó 250 buses rusos. “Aquí tenemos dos presidentes porque respetamos el principio de 50-50, o sea aquí tenemos una copresidencia con la compañera Rosario”, dijo Ortega ese 26 de octubre de 2022.
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Y el 9 de enero pasado, tras elogiar a su gabinete, Ortega terminó su comparecencia televisiva, pero la misma tuvo que ser reanudada para que Ortega elogiara también a Murillo.
“He mencionado compañeros que se destacan, pero, aquí tenemos a esta compañera, esta compañera trabaja las 24 horas y los tiene a todos ustedes, ya saben, llamadas a toda hora. Realmente ella, más que vicepresidenta, ella ejerce funciones de presidenta de la República de este país, porque aquí lo que hay es una copresidencia”, mencionó el dictador.
Ortega puso la cereza en el pastel el 9 de febrero pasado, tras desterrar a 222 prisioneros políticos y enviar a la Modelo a monseñor Rolando Álvarez. Esa noche ordenó a Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, que reforme la Constitución Política de Nicaragua para que se establezca la figura de la copresidencia.
“La compañera Rosario Murillo, vicepresidenta o copresidenta, rectifico, copresidenta de la República. No, en verdad así es. Es copresidenta de la República. En la Constitución tendremos que hacer alguna reforma, doctor Porras, para que quede establecido el principio de la copresidencia”, declaró.
Mientras Ortega hablaba en cada de una de esas ocasiones, Murillo se mostraba una niña cuando la halagan, entre apenada y risueña, contenta de ser aplaudida también por la corte que siempre les rodea en esos actos.
Murillo domina casi todo en el país: alcaldías, Policía, secretarios políticos, las comunicaciones, la política exterior. Además, controla los poderes ejecutivo, legislativo, electoral y ha ganado terreno en el judicial.
Solo en dos cosas no interviene: en el Ejército y en la macroeconomía, aunque en esta última ha logrado que al menos le informen algunos detalles. El Ejército sí es impenetrable para ella. Solo lo maneja su marido, Daniel Ortega.

“En el día a día, ella es la presidenta ejecutiva y Ortega es como el director de orquesta. Ella es la que convoca a reuniones y tiene operadores que la ayudan”, explica un funcionario de gobierno que por temor a represalias pide no ser identificado.
Sin embargo, fuentes consultadas por la Revista DOMINGO, bajo anonimato, indican que para ella eso no es suficiente.
Ella quiere la presidencia obtenida a través de un, aunque fraudulento, proceso electoral que la instale durante un periodo completo.
En Nicaragua, solo una mujer ha sido presidenta electa por el voto popular y ha completado un periodo como tal, doña Violeta Barrios de Chamorro. Murillo quiere lo mismo.
El poder en la vida de Murillo
No es exagerado decir que Rosario Murillo nació en cuna de oro. Su vida también está asociada a varias personalidades que aspiraron o llegaron a la presidencia de Nicaragua.
Es hija del que fuera el rico agricultor chontaleño Teódulo Murillo, un hombre que tenía “un carácter muy fuerte y explosivo”, cuentan, bajo anonimato, algunas personas en Niquinohomo, donde el algodonero se casó con una sobrina del guerrillero Augusto C. Sandino, Zoilamérica Zambrana Sandino.
“A don Teódulo se le hacía difícil contener el enojo cuando alguien le contradecía. Mucho ofendía a doña Zoilamérica”, relató una anciana niquinohomeña.
Zoilamérica Zambrana Sandino era, por el contrario, “una mujer sumamente alegre, se reía mucho, con una gran cantidad de amigas con quien disfrutaba de largas conversaciones”, indicó la anciana.
El abuelo materno de Zambrana Sandino era Gregorio Sandino López, un hacendado muy rico de Niquinohomo que solía codearse con grandes políticos de Nicaragua, presidentes inclusive. Su hijo, Augusto C. Sandino, fue guerrillero contra los marines norteamericanos entre 1927 y 1933 y, según algunos historiadores, alguna vez expresó deseos de alcanzar la presidencia, pero fue asesinado en febrero de 1934.
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A Zambrana Sandino se le conoció el gusto por lo esotérico, por ejemplo, leía las cartas, una afición que le habría heredado a su hija. Consultada al respecto, Rosario Murillo respondió a LA PRENSA en marzo de 1990: “Yo creo en la magia, no en la brujería”.
Los caracteres de padre e hija chocaban. La relación desmejoró más cuando, a los 16 años, Rosario Murillo salió embarazada, después de que Teódulo Murillo la había mandado a estudiar a Europa.
De su madre también heredó el amor por la poesía y por el arte. El periodista Danilo Aguirre, ya fallecido, explicó a la revista Magazine que la explosión política de Murillo había que buscarla en 1973, cuando junto a otros jóvenes fundó Gradas, un grupo que mediante expresiones artísticas hacía oposición a los Somoza.

Para esa época, Murillo leía poemas contra la dictadura y escondía guerrilleros sandinistas en su casa, explica un reportaje del diario español El País.
Durante una década, Murillo fue secretaria del director de LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, un hombre que para muchos pudo ser presidente de Nicaragua también, pero lo asesinaron un año y medio antes que cayera la dictadura somocista.
En 1976, Murillo desapareció del periódico y se fue a la clandestinidad como miembro del Frente Sandinista (FSLN), grupo guerrillero que luchaba contra los Somoza.
Se fue a Panamá y luego a Costa Rica, donde vivía en una casa de “mala muerte” y, el entonces jefe de la tendencia tercerista del FSLN, Humberto Ortega, autorizó que se le alquilara una buena casa con la condición que trabajara para los terceristas, en temas de propaganda, y ya no para la GPP como lo venía haciendo, cuenta una fuente cercana a los Ortega.
En febrero de 1978, el FSLN ubicó a Daniel Ortega en la misma casa que le alquilaba a Murillo, donde ella convivía con su compañero Quincho Ibarra y tres hijos.
A pesar de que ambos tenían sus parejas, terminaron uniéndose, sin saber ella que se estaba juntando con el futuro presidente y ahora dictador de Nicaragua.
“Cuando yo conocí a Daniel no podía imaginarme lo que venía, ¿entendés?, lo único que podía imaginarme es que podían matarlo en cualquier momento”, dijo Murillo a LA PRENSA en 1990.
En las mieles del poder
En los años ochenta, Murillo se convirtió en la primera dama de la Nación, pero no tuvo mucha relevancia en el gobierno sandinista de esa época.
El poder lo ejercieron en ese entonces los nueve comandantes sandinistas, entre ellos su marido Daniel Ortega. Los otros ocho comandantes no la toleraban, cuenta una de las fuentes consultadas por la Revista DOMINGO.
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En su libro Sueños del Corazón, doña Violeta Barrios de Chamorro cuenta que desde un inicio los comandantes sandinistas relegaron a Rosario Murillo. Doña Violeta era una de los cinco miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) y, en una de las primeras reuniones vio a Rosario Murillo sentada en una esquina, apartada.
Murillo había participado en la lucha como locutora en la clandestina Radio Sandino, y se destacó también elaborando escritos contra la dictadura somocista, pero no había tenido la importancia de otros cuadros del sandinismo.
Uno de los nueve comandantes, Víctor Tirado explicó a LA PRENSA en 2013 que ellos veían a Murillo “como una mujer del movimiento poético, hasta ahí”.

Sin embargo, reconoce que se destacaba “por debajo”, influyendo en Daniel Ortega respecto a las decisiones gubernamentales.
“Lo que pasa es que no era público, pero ella presionaba para que la tomaran en cuenta”, afirmó Tirado.
En lo que sí incidió mucho Murillo en esa época, abiertamente, fue en el tema de la cultura, haciéndole la guerra al entonces ministro de Cultura, el poeta Ernesto Cardenal.
El poeta Cardenal contó en diversas ocasiones que como ministro de Cultura tuvo que enfrentarse a Murillo. Él creó la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), pero Murillo se apropió de esa organización y desde ahí le hizo la guerra.
“La esposa de Daniel Ortega, una intelectual de mediano mérito, se apoderó de la asociación mediante una elección fraudulenta, con el propósito de ser la rectora de la cultura del país, lo cual logró en buena medida”, escribió Cardenal en sus memorias La revolución perdida.
La oportunidad de oro
Tras la derrota electoral del sandinismo en 1990, Murillo aseguró que se iba a dedicar a su pasión: escribir.
Sin embargo, otras fuentes consultadas por la Revista DOMINGO aseguran que Murillo permaneció aparentemente alejada de la política, pero, en realidad, “estuvo enfocada y concentrada en la labor de rescatar la verdadera ideología del sandinista, manoseada, según ella por el grupo de empresarios de Bayardo Arce”, así como también por las secuelas en la ideología de un Frente Sandinista dividido por la escisión del MRS.
Según esta última fuente, en los años noventa Murillo estuvo dedicada a adoctrinar a varios miembros de la Juventud Sandinista, entre los que hoy sobresale Fidel Moreno, pero también estaban Meylin Muñoz, Bosco Castillo y Carlos Fonseca hijo. “Murillo ejercía incluso cierto control espiritual y personal sobre los estilos de vida de esos jóvenes”, manifestó.
“Algunos de estos muchachos no tuvieron la fortaleza para trabajar bajo la mano de hierro de Murillo, o no pudieron seguir su ritmo y fueron destituidos agresivamente utilizando métodos de manipulación ideológica para que, a pesar de ser maltratados y agredidos, salieran guardando secretos de la corrupción interna imperante e incluso sintiéndose culpables por haberle fallado a la compañera”, declaró la fuente.
En las elecciones de 1996 se empezó a hacer evidente el liderazgo de Murillo en temas políticos, pues en esa campaña electoral se notó su influencia, agregó.
Para la mayoría de las personas entrevistadas para este artículo, es muy probable que la ambición de ser presidenta de Nicaragua haya nacido en Rosario Murillo en 1998, cuando Daniel Ortega fue denunciado por violación por Zoilamérica Ortega Murillo, hija biológica de Murillo, pero adoptiva de Ortega.
Murillo decidió apoyar a su marido, diciendo que la denuncia de su hija era una calumnia.

Murillo siempre había tratado de incidir en la vida de su marido, inclusive, logró apartarlo de su hermano Humberto, exjefe del ejército. “En general, ella no admitía a nadie cerca de Daniel. Todo mundo le caía mal”, expresó una fuente cercana a Murillo.
La denuncia de su hija fue una oportunidad que supo aprovechar al máximo y terminar de controlar a Ortega.
Un exdirigente de la Juventud Sandinista, Henry Petrie, describió en su libro Turbulencias como Murillo se hizo cargo de la defensa de Ortega, explicando que, “a partir de esta crisis, (Murillo) se puso al frente de todos los asuntos de Daniel Ortega, dirigiendo el proceso defensivo y de ataque”.
Ortega quedó endeudado moralmente con ella, afirman analistas.
Ella es la que hace todo
Muchos afirman que Ortega es el gran líder del sandinismo, que se apropió del Frente Sandinista (FSLN) y por eso ha sido el eterno candidato presidencial.
Otros consideran que Murillo lo ayudó a regresar al poder.
Para el escritor Sergio Ramírez, en la actualidad Murillo maneja el poder porque Ortega está detrás. “La articulación del poder es a través de él, la fuerza represiva depende de él. A ella no le harían el más mínimo caso, maneja la propaganda y da órdenes represivas, porque él le ha delegado esos poderes”, indicó Ramírez al diario español El País.
Para explicar mejor la situación, hay que regresar a las campañas electorales de 1996, 2001 y 2006, las cuales fueron manejadas por Murillo.
Ella le cambió los colores al FSLN y a Ortega, porque el pueblo nicaragüense rechazaba el rojinegro que tanto dolor causó en los años ochenta con la guerra.
A Ortega lo despojó del verde olivo militar y lo comenzó a vestir con camisas blancas. Ortega se apoyó en cuadros militares que actuaron como comandos electorales para regresar el poder en 2007, pero la mano de Murillo estaba presente también.
Hasta se casó con él por la iglesia, bendecidos por el antiguo rival, el cardenal Miguel Obando y Bravo.
En la del 2006, Murillo comenzó a hablar del poder de las mujeres y que, de ganar el sandinismo, el poder sería compartido 50-50, es decir, la mitad de los funcionarios importantes serían varones y la otra mitad mujeres.
“Tenemos que promover a las mujeres como líderes. ¡Que no haya excusa! Que no puedan decirnos que porque las mujeres no nos hemos dado a conocer no podemos ser candidatas, porque no arrastramos votos”, pregonaba Murillo en asambleas sandinistas.
Daniel Ortega regresó al poder en enero de 2007 y casi desde el primer día Murillo tuvo gran protagonismo. Ortega la puso al frente del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, o vocera del gobierno, y también mandó a crear los gabinetes del poder ciudadano (CPC), que son como una reedición de los CDS (Comité de Defensa Sandinista) que existieron en los años ochenta.

En noviembre de ese mismo 2007, comenzó a circular el rumor de que Rosario Murillo podía ser la candidata presidencial del FSLN en 2011, debido a que la Constitución Política le prohibía la reelección a Ortega.
En los medios de comunicación comenzaron a publicarse declaraciones de personeros del gobierno en el sentido de que no existía prohibición constitucional para ella, puesto que los opositores interpretaban que, como esposa de Ortega, ella tampoco podía ser candidata.
Sin embargo, los personeros del sandinismo comenzaron a decir que la Constitución hablaba de que no podían ser candidatas las personas del primero a cuarto grado de consanguinidad con el presidente, así como del primero al segundo grado de afinidad, pero, en el caso de Murillo existe una teoría en el derecho de que los esposos el grado de consanguinidad es cero.
Esa teoría supuestamente tendría fundamento bíblico porque en el sagrado libro se explica que el esposo y la esposa serían “una sola carne”.
Ortega y Murillo habían explicado que ellos fueron casados “por las armas”, cuando el FSLN aún era guerrilla, en Costa Rica, y que esos votos matrimoniales los renovaron después, cuando fueron casados por el cardenal Miguel Obando y Bravo.
Además, en los medios también se vendía la idea de que Murillo era la que “hacía todo en el gobierno”, que estaba pendiente de todo, explicó una fuente.
Al principio, explica la misma fuente allegada a los Ortega Murillo, Daniel Ortega no le tomó mucha importancia a las pretensiones presidenciales de Murillo. Dejó que se propagara el rumor de que sería la candidata en 2011.
Sin embargo, en ese momento la vieja guardia del sandinismo todavía tenía cierta influencia y comenzaron a protestar ante Ortega por la idea de Murillo de ser candidata presidencial, tanto que Ortega tuvo que pedir que se dejara de hablar del tema.
Las disputas fueron muy agrias entre Ortega y Murillo, cuando los magistrados sandinistas del poder judicial idearon una sentencia para que Ortega pasara encima de la Constitución y se reeligiera en 2011, llevando como vicepresidente al exjefe del ejército Omar Halleslevens.
Luego, a regañadientes, Murillo logró que Ortega la nombrara vicepresidenta en 2016.
Desde 2014 se había corrido el rumor de que ella será la candidata presidencial y se vieron hasta unas calcomanías en vehículos de simpatizantes sandinistas con letras de los colores rojo y negro del partido y la leyenda “Rosario Presidente 2017”. Sin embargo, no se produjo la candidatura presidencial.
“Daniel no la puso de candidata presidencial en 2016 porque sentía que dentro del Frente todavía no estaban dispuesta a aceptarla como presidenta. Se había peleado con toda la vieja guardia sandinista. Con Lenín Cerna, con Bayardo (Arce), con la Leticia Herrera, con la Doris Tijerino, con todo mundo. Creo que solo con Lumberto Campbell no”, expresó un allegado a los Ortega Murillo.
Un funcionario de los Ortega Murillo indicó a la Revista DOMINGO, bajo anonimato, que en 2016 Murillo “acarició el sueño de ser presidenta”, porque, nombrada vicepresidenta, sentía que iba en el camino correcto y que la espera iba a tener recompensa.
La promesa de Ortega era que ella sería la candidata en 2021.
Llegó el año 2018 y, las protestas cívicas de abril terminaron de dañar la imagen de Murillo, quien, en algunas encuestas salía como presidenciable.

Murillo fue señalada de dar la orden del “vamos con todo”, mediante la cual inició la matanza de más de 300 nicaragüenses durante las protestas, la mayoría de ellos jóvenes, incluidos algunos niños, quienes fueron asesinados principalmente por paramilitares orteguistas con armas de guerra.
Todo se le vino abajo a Murillo, quien hasta entonces había eliminado a otros potables candidatos del FSLN, como la exjefa de la Policía, Aminta Granera.
Mientras veía que el poder casi se le escapaba, Murillo insultó de todas formas a los manifestantes: puchitos, vandálicos, minúsculos. No escatimó en epítetos contra ellos.
En 2021, Ortega nuevamente le negó la presidencia. Eso sí, logró ser nuevamente vicepresidenta.
Una de las fuentes afirma que Murillo todavía tiene la promesa de Ortega, de que esta vez sí, en 2026, ella será la candidata presidencial.
Nuevo obstáculo
Murillo entró a este 2023 todavía frustrada en sus aspiraciones presidenciales.
Según un funcionario de gobierno, ya no son tantos los deseos de ser presidenta en Murillo, porque ella quería ser la presidenta “de la Nicaragua que existía al inicio de 2018”, cuando aún funcionaba el “matrimonio” con la empresa privada y también todavía llegaban las inversiones extranjeras al país y, además, el gobierno percibía dinero de organismos internacionales y aliados geo-políticos.
Otra fuente afirma que esas pretensiones continúan en Murillo. “Es seguro que la candidata en 2026 va a ser ella”, asevera.
Tenga las mismas ganas, o ya no tanto, Murillo deberá enfrentar retos para lograr el sueño que “acarició” en 2016.
Tras las liberaciones de 222 prisioneros políticos, el pasado 9 de febrero, se abrió un nuevo escenario político en Nicaragua, explica una de las fuentes a la Revista DOMINGO, uno en el que ya se habla de negociaciones promovidas por Estados Unidos, las cuales amenazarían una posible candidatura presidencial de Murillo en 2026.
“Esas negociaciones, de darse, estarán muy difíciles, porque, aparte de que las madres de los asesinados y otras víctimas van a querer ver en la cárcel a los Ortega Murillo, por otra parte, también Murillo no querrá que su posibilidad de ser presidenta se vea amenazada nuevamente”, expuso la fuente.
“Ortega no ha organizado la sucesión más que con su mujer”, indicó Sergio Ramírez al medio Artículo 66.
Se ha visto que Ortega y Murillo también preparan a sus hijos para delegarles el poder, especialmente a Laureano Ortega, uno de los nueve comandantes de la revolución, Luis Carrión Cruz, manifiesta que el relevo del poder pasaría por Murillo.
“Antes de pasar a otras manos, Rosario Murillo va a tener un rol de transición. Es el relevo que le da más confianza a él (Ortega)”, declaró Carrión Cruz al diario LA PRENSA.
De momento, según Ortega, Murillo es la “copresidenta” de Nicaragua.