El perdón y la reconciliación solo lo puede entender quien ha sido educado para el amor y ha experimentado en su propia carne que solo el amor es capaz de revolucionar este mundo y hacerlo más humano. Esta es una novedad difícil la que nos pide Jesús.
El mundo en el que vivimos no puede entender esta invitación porque el ambiente que ha creado y el aire que se respira en ella, es todo lo contrario al amor. Esta sociedad no educa para el amor sino para la violencia, la agresividad, la venganza, el ojo por ojo, la muerte.
A todo ello nos enseña, de una manera especial, una gran maestra que está siempre en el hogar y que se llama televisión. En la calle o en el hogar se nos educa para llevar a cabo la ley griega que decía: “Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos”. Es la ley del “ojo por ojo y diente por diente” ( Mt.5,38).
Nos cuesta dar la mano al que nos odia y perdonar al que nos ofende; pero que nos digan que debemos perdonar a nuestros propios enemigos (Lc.6, 27), eso no entra en nuestra lógica, ni en nuestra cultura.
Para ello tenemos que ser educados en el amor y empezar a ver la vida con los ojos del corazón de nuestro Padre Dios (Lc.6,35) y con los ojos y el corazón de Jesús y así ser capaces de hacer lo que él mismo hizo en la cruz: Perdonar aún a los que le estaban crucificando: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc.23,34).
En el mundo de la fe: No cabe crear enemigos, sino amigos (Lc.6,35). No cabe hacer y fomentar la enemistad, sino la fraternidad (Lc.6,36). No cabe guardar el odio y el rencor, sino estar abiertos siempre al perdón (Lc.6,37). No cabe la enemistad y la muerte, sino la paz mutua y el amor Lc.6,28-30).
Dios no tiene enemigos, solo tiene hijos. Por eso, solo entiende de perdón y de amor (Lc. 15,11-32). Nosotros los cristianos no debemos tener enemigos porque somos hermanos. Lo nuestro es el amor mutuo y el perdón (Lc.6,27-35). De aquí que la capacidad de una persona para perdonar siempre ha sido la más noble de las características humanas.
Necesitamos empezar a educar y a ser educados en el valor del amor, que es una actitud ante la vida y ante el otro. El amor, es empezar a mirar la vida no solo desde nuestro yo sino también desde el yo de los otros. Es sentir la alegría de hacer de nuestra vida un don para el otro, que es mi hermano.
El amor, es sentir la alegría de hacer de la vida un servicio también alegre a los demás. Es empezar a enfocar nuestro pensar y nuestro actuar desde la perspectiva del corazón. Quien ama, no solamente no tiene enemigos, sino que tiene solamente hermanos.
Necesitamos ser educados en el amor para hacer en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, en nuestra sociedad, el camino cristiano del amor. Quien ha sido educado en el amor, se da cuenta que no es un ser solitario sino solidario.
Jesús nos llama a ser sensatos y empezar a convivir no en la cultura del ojo por ojo que nos ha demostrado dañarnos el corazón profundamente, sino introducirnos de lleno en la sabiduría del amor. Por eso, solo se perdona, mientras se ama.
El autor es sacerdote católico.