El sacerdote católico mexicano José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey, México, publicó el 12 de febrero corriente en el medio digital colombiano Vida Nueva, un artículo sobre la situación de monseñor Rolando Álvarez.
“La cárcel como santuario” es su título, que lo copiamos para este editorial, en el cual el religioso comienza recordando el caso de Antonio Gramsci (1891-1937), el periodista, teórico y líder del Partido Comunista Italiano que fue apresado y condenado a prisión en 1926 por la dictadura fascista de Benito Mussolini, “acusado de actividad conspirativa, instigación a la guerra civil, apología del delito e incitación al odio de clase”.
Como Gramsci “nunca gozó de buena salud, y su estancia en prisión la empeoró poco a poco”, dice el autor del artículo, Mussolini decidió darle la libertad como un perdón de gracia. Pero Gramsci la rechazó, sosteniendo que jamás había cometido delito y no tenía de qué ser perdonado. Poco después “cayó en coma y (el 27 de abril de 1937, al cabo de 11 años de estar en prisión) murió en un hospital romano, absuelto, pero sin haber aceptado una indigna liberación”.
El sacerdote mexicano menciona también a María Luisa Villanueva Márquez, una mujer muy humilde, de México, que pasó presa 25 años en una cárcel del municipio de Xochitepec, en el estado de Morelos. Ella fue acusada de secuestro y, por su escasa escolaridad, cuando la encarcelaron ni siquiera sabía qué significaba esa palabra. Fue en la prisión que aprendió la connotación del delito por el cual la acusaron falsamente y la condenaron.
Después de mucho tiempo, el recién pasado 2 de febrero las autoridades ordenaron la libertad de la infortunada mujer, manteniendo el veredicto de culpabilidad. Pero la tuvieron que sacar por la fuerza del penal, porque se negaba a salir libre mientras no le quitaran el estatus de culpable. Ahora, en la calle, ella sigue exigiendo que se le declare inocente como en efecto lo es.
El padre Gómez Hinojosa compara esos dos casos con el de monseñor Rolando Álvarez, de Nicaragua, condenado a más de 26 años de prisión y encerrado en la cárcel de Tipitapa porque se negó a abordar el avión que lo llevaría al destierro, en EE.UU. después de seis meses preso con el régimen de casa por cárcel.
“¿Qué pasó?”, se pregunta el autor del artículo que comentamos. “¿Por qué el obispo nicaragüense se expone a pasar encarcelado más de 20 años? En los tres casos, y con personajes tan diversos como un comunista italiano, una humilde mujer mexicana y un obispo católico nicaragüense, estamos ante personas que decidieron mantener su dignidad aún a costa de su independencia”, destaca el sacerdote
Y concluye diciendo: “Acostumbrados a las notas periodísticas que presentan a las penitenciarías como verdaderos infiernos, en donde los reclusos sufren todo tipo de vejaciones y los capos toda suerte de privilegios, el testimonio de estos héroes es edificante (las negritas son suyas). Han convertido a los presidios en verdaderos santuarios, en donde las rejas no les impiden pensar y amar sus ideales, y el calabozo encerrará sus cuerpos pero no sus espíritus capaces de trascender”.
Está todo explicado. No hace falta agregar ningún comentario adicional.