Para los nicaragüenses que vivimos en el extranjero y a pesar de las dificultades, siempre tratamos de mantenernos informados sobre lo que ocurre en nuestra querida patria, ha causado profundo desasosiego la encuesta que realizó recientemente CID-Gallup, en la que nos da a conocer que el 62 por ciento de nuestros compatriotas consideran que están siendo mal gobernados y el 58 por ciento manifiestan, sin ambages, que estarían dispuestos a marcharse a otro país si las circunstancias se los permitieran.
Lo absurdo del caso es que, lo que en cualquier otro país esos resultados de la encuesta serían como una bomba, que haría explotar al más pintado de los gobiernos, en Nicaragua sucede todo lo contrario.
Con tales resultados la clase gobernante se refocila, por dos sencillas razones: la primera, por las remesas. Los pronósticos económicos señalan que para el 2023 los ingresos por ese concepto estarán llegando a los 4 mil millones de dólares, posiblemente superando a nuestras exportaciones en su conjunto, y la segunda, porque al marcharse los y las ciudadanas el régimen baja la presión interna que ellos harían, en demanda de empleos y mejores condiciones de vida.
De acuerdo con datos estadísticos fidedignos se calcula que desde el 18 de abril del 2018 hasta nuestros días, entre 300 mil y 500 mil nicaragüenses han emigrado fuera del país huyendo de la brutal represión del orteguismo y por razones económicas. Es cuando uno se pregunta: ¿Qué corona tienen los Ortega-Murillo para estar expulsando gente de Nicaragua, como si esta fuera su finca y no la nación a la que pertenecemos, con igualdad de derechos y obligaciones, todos los nicaragüenses?
La otra noticia que al comenzar el 2023 ha impactado seriamente a la opinión internacional y en particular a los nicaragüenses en el exterior, es el informe que dio a conocer la semana pasada la prestigiosa empresa de estudios y análisis socioeconómicos conocida como Transparencia Internacional (TI), en el que por medio de su Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), después de analizar a 180 países en todo el mundo, llega a la preocupante conclusión de que los gobiernos de Venezuela y Nicaragua (167) son los más corruptos en el continente americano.
La verdad es que muchos nicaragüenses hemos perdido la capacidad de asombrarnos al ver las tremendas aberraciones que se comenten, casi a diario, bajo el espurio mandato de los Ortega Murillo. Algunas de ellas caen en el terreno de lo insólito: como cuando vemos que un general retirado, con pequeños problemas de salud, es llevado preso al Hospital Militar y luego lo entregan muerto a sus familiares, sin alguna explicación que lo justifique; como cuando encarcelan a un obispo de la Iglesia católica y lo acusan de terrorista; o como cuando encarcelan a varios comisionados de la Policía y convierten en un insondable enigma toda la trama de que están siendo acusados.
Tal es el desconcierto en que vivimos con este desgobierno, que a mí no me sorprendería que un día de tantos los nicaragüenses amaneciéramos con la noticia de que «el comandante echó presa a la compañera o que la compañera echó preso al comandante”. La conclusión a que he llegado es que en la Nicaragua actual, por vivir bajo la férula de una dictadura y no en un Estado de derecho, todos los nicaragüenses estamos expuestos a ser atropellados.
Vivimos como los ilotas en la antigua Esparta, desposeídos totalmente de nuestros derechos ciudadanos, así que si hoy se llevaron presa a su vecina ¡cuidado! que mañana puede ser usted. ¿Cargos? No es problema, se los inventan en un santiamén. Todos somos vulnerables, por lo que todos los opositores demócratas debemos unirnos, como lo recomienda muy acertadamente en uno de sus últimos escritos nuestra admirada poetisa, Gioconda Belli, si queremos algún día solventar esta situación tan deplorable que nos afecta a todos por igual.
Ya lo decía en 1624 el inspirado vate inglés John Donne (1572-1631) en su famoso poema: “Nadie es una isla, completa en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad y por lo consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).