Los politólogos, juristas, sociólogos y activistas sociales que se preocupan por la crisis de liderazgo democrático en el mundo, sobre todo en las Américas, y por eso abogan por la formación de nuevos líderes capaces de conducir la regeneración de la democracia, han tenido en Jacinda Ardern un arquetipo de lo que buscan.
Jacinda Ardern es todavía la primera ministra de Nueva Zelanda que ha impresionado a su país y al mundo por su capacidad de liderazgo y su comportamiento ético personal y profesional, que deberían imitar todos los políticos que ejercen cargos de poder público en sus países.
Ardern, de 42 años de edad y miembro del Partido Laborista de Nueva Zelanda, fue elegida primera ministra en 2017 y reelegida con un gran respaldo popular en 2020. Sin embargo, renunció voluntariamente el 19 de enero recién pasado. Sigue ejerciendo el cargo, pero lo entregará a su sucesor el 7 del presente mes de febrero, cuando convocará oficialmente a las elecciones parlamentarias anticipadas que se realizarán a principios de octubre.
Al anunciar públicamente su renuncia, Jacinda Ardern dijo: “Han sido los cinco años y medio más satisfactorios de mi vida, pero han sido también tiempos muy retadores… No me voy porque el trabajo sea duro, si hubiera sido así, hubiera renunciado a los dos meses. Me voy porque el privilegio de este cargo conlleva una responsabilidad: la de saber cuándo eres la persona correcta para liderar y cuándo ya no lo eres”. Más integridad en una persona política es muy difícil —si no es que imposible— encontrarla.
Ardern también dijo en esa ocasión que se sentía muy satisfecha por la forma diferente de hacer política que puso en práctica, más humana, empática y cercana a la ciudadanía. En realidad, así es como deberían ser todos los políticos gobernantes, particularmente en los países donde hay democracia. Esas cualidades se las han reconocido a Jacinda Ardern sus partidarios y la gente de la oposición en Nueva Zelanda. Y han sido motivo de admiración y elogios en todo el mundo libre.
Jacinda Ardern comenzó su carrera política al graduarse en la Universidad, en 2001 y entrar a trabajar como investigadora en la oficina de la entonces primera ministra, Helen Clark. Después trabajó en el Reino Unido como asesora política del primer ministro Tony Blair. En 2008 fue elegida presidenta de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, y en agosto de 2017 fue designada líder del Partido Laborista y elegida primera ministra de Nueva Zelanda.
Ardern mostró sus excepcionales cualidades de liderazgo durante todo su ejercicio gubernamental, pero especialmente en las situaciones de crisis, como cuando ocurrieron unos terribles atentados terroristas en marzo de 2019 en los que un solo asesino mató a balazos a 51 personas e hirió a otras 40, en una mezquita y un centro islámico; y luego consagró su condición de líder al conducir el enfrentamiento a la pandemia de covid-19, que por sus políticas acertadas en Nueva Zelanda fue donde causó menos estragos.
Fernanda Vázquez, investigadora del Centro Mexicano de Relaciones Internacionales (Cemeri), escribe en un estudio sobre Jacinda Ardern que el modelo de liderazgo demostrado por ella ha sido “uno basado en la inclusión, la compasión y la empatía”.
Pero ese modelo de liderazgo: abierto, honesto y auténtico, que “une la fuerza con la bondad, la audacia y la compasión”, según cita Vázquez, no es solo por ser mujer y solo por eso mejor que los hombres. Casos hay de mujeres con poder que son o han sido peores que los hombres reconocidos como malos y crueles gobernantes.
“Es importante mencionar —dice la investigadora mexicana— que, en términos de liderazgo, no se puede caer en lecturas esencialistas sobre el sexo, ya que asumir que los hombres personifican un estilo de liderazgo masculino mientras que las mujeres asumen un tipo de liderazgo femenino es apresurado; pues cualquiera de los dos estilos puede ser, si no ejercido, adoptado por ambos sexos”.
Por su parte, Luis Antonio Espino, especialista mexicano en discurso político y manejo de crisis, dice en la revista Letras Libres que el modelo Ardern “ha traspasado barreras ideológicas y culturales… Lejos de ser un modelo de liderazgo utópico o idealista, Ardern nos ha demostrado que su modelo es eficaz y que atiende la nueva realidad de las personas; nos ha demostrado que un liderazgo humano, centrado en las personas, es sumamente necesario para combatir a los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos globalmente”.
Ojalá que todos los políticos que tienen o detentan el poder fueran como Jacinda Ardern, que la tuvieran como referente e intentaran parecerse a ella. Esto es muy difícil, sin duda, pero quienes buscan y proponen una nueva y mejor forma de liderazgo la tendrán siempre a ella como modelo.