La no violencia y la paz

Este lunes 30 de enero se celebró el Día Mundial de la No Violencia y la Paz. Dicha celebración internacional fue instituida en memoria de Mahatma Gandhi (2 de octubre de 1869-30 de enero de 1948), el gran líder de la independencia nacional de la India que promovió la resistencia pacífica como el  medio indicado para lograr la libertad, la justicia y el progreso humano.

     La jornada por la no violencia y la paz es promovida por la Organización de Naciones Unidas (ONU), por medio de la Unesco que opera en el ámbito de la educación, la ciencia y la cultura, y de la Unicef que lo hace en el campo de la protección de la niñez.

     Como ocurre con este tipo de celebraciones o conmemoraciones, se les reconoce su importancia y se celebran con diversas actividades en los países donde hay democracia. En cambio, donde imperan regímenes  autoritarios pasan desapercibidas.

     La idea principal de esta celebración en homenaje a Gandhi es promover desde los centros escolares el estudio y la práctica de los valores morales que dan dignidad a la vida humana. Tales como el respeto a la vida humana y los derechos de las demás personas, el amor, la justicia, la libertad, la responsabilidad, la honestidad, la tolerancia y la equidad e igualdad social.

     También se enfatiza en esta celebración el esfuerzo que se debe hacer por la erradicación de la violencia escolar y el acoso a los alumnos, el llamado bullying en inglés, que causa mucho daño a la formación personal de los menores de ambos sexos que lo sufren en los centros de estudio.

     Los principios de la paz, la no violencia y la resistencia pacífica son particularmente importantes en los países donde, por falta de libertad y respeto a los derechos humanos y civiles, existe la tentación de recurrir a la violencia para cambiar la situación. Sin embargo, como lo dijera Gandhi y ha sido comprobado por la experiencia histórica universal, “la victoria obtenida por medio de la violencia, es equivalente a una derrota”.

     En realidad, son excepcionales los casos en los que el cambio violento de una situación de opresión e injusticia trajo consigo la paz, la libertad, la democracia, la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Por lo general siempre ha sido al revés. Quienes derrocaron violentamente a una dictadura no tardaron en imponer otro régimen opresivo, casi siempre peor que el anterior. Por eso Gandhi dijo también con gran sabiduría y su proverbial mansedumbre positiva: “Quisiera sufrir todas las humillaciones, todas las torturas, el ostracismo absoluto y hasta la muerte para impedir la violencia”.

Seguramente es por eso, o sea por las dolorosas experiencias que ha sufrido el pueblo nicaragüense en la historia política nacional, que casi todas las personas, movimientos y partidos que abogan por la libertad, la democracia, la justicia y la vigencia de los derechos humanos, señalan que el camino que debe recorrer para lograrlas es el de la no violencia y la resistencia pacífica.

Un camino que se ve largo, difícil y penoso, una opción que pareciera que va a  prolongar los sufrimientos de la gente, pero que en realidad no es más lento y duro que el de la violencia en cualquiera de sus formas que se use para alcanzar los fines anhelados.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    …..apacienta a mis ovejas.

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