Cristopher Rodríguez jugó con el Junior de la Liga de Ascenso en la última temporada. LA PRENSA/ CORTESÍA

Cristopher Rodríguez, el joven que usa el fútbol para curar las heridas familiares

Desde muy joven recuerda los problemas de su familia con las drogas y el alcohol. Él ha decidido que a través del jugar futbol iba a cambiar su vida para poder mantener a su familia y huir de lo que pudo haber sido su destino.

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Cristopher Rodríguez tiene una pasión: el fútbol. Y una meta: huir de las drogas y el alcohol que tanto han destruido a su familia. Su plan de toda la vida ha sido usar el futbol para huir de ese destino familiar.

Aprendió a jugar futbol con pelotas de plástico que suelen regalar en las purísimas. Creció en las canchas del Centro Juvenil Don Bosco donde jugaba con sus vecinos y desde muy joven pudo identificar que no quería seguir el camino de las drogas y el alcohol.

Sin embargo, cuando todas las piezas estaban encajando en su plan, un rumor que él considera falso y malintencionado, le está cerrando las puertas al fútbol. Según explicó Rodríguez en sus redes, desde su exequipo – el Junior de Managua, con el que jugó la liga de ascenso de la temporada 2021-22, se corrió el rumor sobre una supuesta participación en un partido arreglado, sin que exista prueba de dicha acusación.

Recientemente, relató en redes sociales que se encontraba grave de salud y estaba teniendo pérdida de cabello debido al estrés que le provocaba la imposibilidad de ganarse la vida a través del fútbol.

“No es ninguna mentira que las personas más allegadas a mí saben cómo esto me ha afectado en todos los aspectos de mi vida. Estoy mal de salud, se me está cayendo el cabello del estrés que esto me ha provocado desde hace ya varios meses y no entiendo qué es lo que tengo. Para muchos no es un secreto que mi familia depende de mí, y lo mejor que sé hacer es jugar futbol”, indicó.

Cristopher Rodriguez junto a otros pequeños con los que jugaba de pequeño/ Cortesía

Jugar para escapar

La pasión por el balón de este joven fue inculcada por su hermano. “Él era muy bueno, jugaba con varios equipos y me llevaba algunos de sus partidos. Él me entrenaba con las pelotas que daban en la purísima de plástico, me ponía a hacer rebotes y cosas así”, contó.

Aunque este jugador afirma que su hermano podría haber tenido un futuro brillante en el deporte, los problemas familiares le alcanzaron y tomó un rumbo lejos de las canchas de futbol.

Rodríguez también comenta que el fútbol se hizo indispensable para él. A veces faltaba a clases por quedarse jugando. “No me importaba si desayunaba, yo solo quería jugar fútbol porque me hacía olvidar todos los problemas de mi familia. Pasaba todo el día en Don Bosco. Sin zapatos, jugando en los campos”.

Sus habilidades con el balón fueron notadas por entrenadores de ligas de barrios que lo buscaban ofreciéndoles algunas ayudas económicas. “Yo lo hacía porque quería jugar futbol y ayudar a mi familia, pasando el tiempo me fui dando a conocer, más gente me quería apoyar”.

Este joven siempre estuvo feliz de poder dedicarse a las Ligas de barrio/ Cortesía

El ángel en su vida

Tenía entre 12 y 13 años, y Rodríguez se encontraba jugando en las calles del Barrio Ducualí donde nació cuando sucedió un episodio que sería decisivo para su vida. Una camioneta se parqueó al lado y de ella bajó un señor buscando jóvenes para formar un equipo de fútbol. Era Roberto Martínez, a quien el futbolista llama “su ángel”.

“Estaba buscando jóvenes para formar un equipo como todo papá que hace cosas para ver feliz a su hijo. Era para darle gusto a su hijo que jugara en Don Bosco. Yo me subí a la camioneta, diciéndole: Don, yo quiero jugar con usted. Esto fue Dios, que vio la situación mía y de mi familia y lo envió para cambiar el rumbo de mi vida”, relata.

Martínez se convirtió en un padre adoptivo para este joven. Pudo brindarle comodidades que nunca se había imaginado tener, pero también encontró el afecto y el amor de un padre.

Con los múltiples beneficios y la compañía que recibió Rodríguez del señor Roberto Martínez sintió que se podía dedicar al futbol para el resto de su vida. A su “ángel” le interesaba que el joven amante del fútbol se prepara académicamente.

Cristopher Rodríguez fue expulsado del colegio público donde estudiaba primaria, así que Martínez lo inscribió en un pequeño colegio privado que no quedase tan lejos de la casa del joven. Posteriormente lo matriculó en el Colegio Bautista, donde estudiaban sus hijos.

“Me expulsaron por mi mala cabeza porque solo quería jugar fútbol y no le ponía empeño al estudio. Él no quiso saber nada de mí porque el colegio era muy caro y yo desaproveché la oportunidad. Pero siempre tuvo un corazón grande, me volvió a pagar el pequeño colegio donde estudiaba antes”, relató.

Luego de su bachillerato, decidió ir disminuyendo poco a poco la dependencia económica de Martínez porque le daba pena debido a que ya estaba grande. Sin embargo, recuerda que nunca sintió que Martínez y su familia se negaran a ayudarle de alguna forma.

De la calle a primera división

“Nunca me importó jugar federado, la verdad es que yo nunca quería salir de la cancha de los barrios, de jugar con mis amigos, de jugar en Don Bosco, pero conforme al tiempo iba creciendo sentía una gran responsabilidad”, dice.

Fue hasta 2017 que Cristopher Rodríguez empezó a interesarse por el futbol federado, entendiendo que iba a recibir una remuneración por lo que le apasionaba. Ese mismo año, debutó en la Juvenil del equipo Walter Ferreti.

El equipo no le cubría los gastos necesarios por lo que no abandonó de inmediato las ligas de barrio que le ayudaban a sobrevivir.

Luego del surgimiento del rumor, tuvo diversos problemas para poder encontrar un equipo que lo acogiera en primera división. Por la desesperación de seguir cumpliendo las responsabilidades con su familia, aceptó un trabajo en un tramo en el Mercado Oriental donde cargaba y realizaba otras labores similares.

Rodríguez no quería dejar de jugar, por lo que aceptó la invitación de un amigo a participar en un torneo de futbol Sala con el equipo del Walter FC. Sin embargo, afirmó que lo suyo es el campo. “Acepté entrar al campeonato para volver a jugar, que me vieran resurgir para que eso me permitiera abrir puertas y que la genta crea en mí, que no hice nada malo”, afirmó.

Agradeció a las diversas personas que lo han apoyado en esta difícil temporada que vivió, todas ellas creen en su talento. Además, este jugador afirmó que no hubiera logrado nada de lo que ha conseguido sin ayuda. “No sé dónde estuviera sin la gracia de Dios y por el ángel que me mandó, don Roberto Martínez”, afirmó.

No hace mucho se incorporó al equipo de los indígenas de Matagalpa FC de primera división. “Se han ido acomodando las cosas de mi vida poco a poco, para mí y para las personas importantes de mi vida”, comentó.

Uno de sus metas es llegar a jugar con la Selección Nacional. “Así mis amigos que escogieron el camino del alcohol puedan sentirse orgullosos de mí, y puedan decir: él era uno de nosotros”.

Rodríguez sueña con poder tener su casa propia, casarse con su novia y construir su propia familia. “Si Dios me lo permite quiero ayudar a alguien que lo necesite como en su momento me ayudaron a mí. Darle a mi hijo u otra persona darle lo que yo no he podido tener”, finalizó el talentoso jugador.

Rodríguez el día que se incorporó a su nuevo equipo/ Cortesía

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