¿Recuerdan aquella famosa frase del “venerable y ocurrente anciano”, bachiller Oscar Pérez Valdivia, en su segmento Bolas y Bolitas en Radio Corporación y Radio Mundial, respetivamente? “¿Se aprueba…? Aprobado.
Ahora me traslado a Venezuela donde al parecer Nicolás Maduro Moros se está apuntalando para su cuarto período presidencial, en las elecciones que se celebrarán en noviembre del próximo año. Pero interpretando los artos. 229 y 230 de la Constitución Política del país sudamericano, todo funcionario que está en ejercicio de sus funciones y desee lanzarse a elección popular debe renunciar para poder postularse. De lo contrario no puede ser candidato a ningún cargo.
«Artículo 229. No podrá ser elegido Presidente o elegida Presidenta de la República quien esté en ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora, o Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección. Artículo 230. El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida, de inmediato y por una sola vez, para un nuevo período». De acuerdo con eso los actuales gobernantes venezolanos desde ya no pueden reelegirse, a menos que la Asamblea Nacional paralela formada por ellos se lo permitan.
En un artículo del diario El País de España se dice que “Maduro ha hecho su primer pronunciamiento del año luego de anotarse varias victorias políticas y lograr varios espacios en la escena internacional”. Creo que está siendo tácitamente aprobado con compromisos por la comunidad internacional.
Pero también Maduro debe dormir con un ojo abierto y otro cerrado. No debe confiarse, porque si bien es cierto que sus oponentes están divididos, aunque logró desarticular el gobierno interino de Juan Guaidó y ha ordenado capturar a los exdiputados opositores electos en 2015 por supuesta usurpación de cargo y traición a la patria, puede que haya una consolidación en las fuerzas opositoras
Lo cierto es que los mismos opositores han excavado su propia fosa. Solo ellos lo podrán superar. Pueden aprovechar el único revés político del chavismo, que es la escalada de precios que amenazan con regresar al país a la zona de la hiperinflación, que se creía superada. Maduro ha ganado terreno a nivel internacional, particularmente en América Latina con la llegada al poder de Gustavo Petro en Colombia. Con el apoyo del presidente de Argentina, Alberto Fernández, aunque sufre desgaste porque su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fue acusada judicialmente de corrupción gubernamental. Lo apoya también el presidente Luis Arce, de Bolivia; y más recientemente lo ha favorecido el retorno al poder en Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva.
Nicolás Maduro podrá ingresar “como Pedro por su casa” a estos países, excepto a los aliados de Estados Unidos. Pero no las tiene todas consigo, porque Estados Unidos y la Unión Europea para alcanzar acuerdos con el administrador del Palacio de Miraflores, le demandan organizar unas elecciones presidenciales limpias y justas.
¿Se acuerdan que la Fiscalía de Estados Unidos, ofreció en 2020 una recompensa de US$15 millones por la captura de Maduro? Pues ante a esa tentadora recompensa, el actual presidente Joe Biden no le ha dado eco. Se habla de que el régimen chavista y Estados Unidos se están reacomodando, porque entre los acuerdos del gobierno de Biden con Maduro está desde suspender las sanciones a sus altos funcionarios del gobierno y jefes del ejército de Venezuela, hasta la renovación de la licencia de la petrolera Chevron y otras empresas transnacionales. Esta transnacional petrolera podría superar el millón de barriles de petróleo diario, “la minita de oro de los venezolanos”.
Nicolás Maduro a sus seguidores les inculca el antimperialismo, pero le quita el sueño una negociación con el enemigo “imperialista”.
El autor es periodista.