En este fin e inicio del año pedimos al Señor para que en todo nuestro mundo todas las personas de buena voluntad y nuestras familias vivamos en fe, misericordia y esperanza.
Pero además estamos en el comienzo del año 2023, iniciamos un nuevo calendario en el que todos los días están por venir. En él habrá días mejores y días peores, días alegres y días tristes, pero ahora no sabríamos indicar cuáles van a ser porque los desconocemos.
Un cristiano reflexiona también sobre el devenir del tiempo, sobre cómo van pasando los días y vamos construyendo nuestra vida y nuestra historia de la mejor forma posible y en ese camino nos encontramos a un Dios cercano, un Dios que un día nos dio la vida y nos la mantiene hasta el día de hoy, un Dios que nos acompañará en nuestro camino y nos sostendrá en pie a pesar de las dificultades y los obstáculos que encontremos en nuestro camino.
En lo que hemos hecho, hacemos y haremos, el Señor nos bendice, nos da su paz, y será nuestro compañero de camino a lo largo de nuestra vida. (Num 6,22-27).
No está mal y siempre es útil echar una mirada atrás en este año 2022, reconocer nuestros aciertos y asimilar los fallos. Pero, quizá sea más interesante reflexionar sobre ¿qué podemos hacer, a partir de ahora, en el nuevo año que va a comenzar?
Aprovechemos para decidirnos a cambiar en eso que nos cuesta tanto, en eso que nos hemos propuesto y en lo que cada vez reconocemos nuestros fracasos.
Si cada nuevo amanecer es una nueva oportunidad que Dios pone en nuestras manos para que sigamos construyendo su reino, al comenzar un nuevo año, redoblamos nuestro esfuerzo para aprovecharlo al máximo, siendo un poco más fieles a lo que Él quiere de nosotros, siendo más constantes en lo que decimos creer, haciendo mejor lo que cada uno tiene entre manos.
La Iglesia coloca en el primer día del año la fiesta de Santa María Madre de Dios y la Jornada por la Paz. A pesar que desde que el hombre es hombre, sus instintos egoístas le han enfrentado con sus semejantes, también es verdad que la paz ha sido y es una de las aspiraciones más preciosas de la humanidad, cada año comenzamos con nuevos propósitos para lograrla. Oremos por la paz en este fin y comienzo del año, por nuestras vidas, familias y comunidades.
Que a ejemplo de María seamos agradecidos de todo lo que el Señor nos da, y las guardemos en nuestro corazón (Lc 2,19.51).
Vamos a comenzar un nuevo año, ojalá todos los buenos deseos que tenemos se nos cumplan a lo largo de él, ojalá todas las buenas intenciones que hoy tenemos no sean flor de un día, y permanezcan entre nosotros siempre.
Se lo pedimos al Señor, los unos para los otros, especialmente para los que estamos aquí leyendo estas letras, hoy también es un buen día para recordar a los que comenzaron el año terminado con nosotros y ahora ya no están, a los que nos dejaron, pedimos por todos ellos, especialmente por los de nuestras familias y amistades, nos acordamos también de las personas que menos tienen, que sufren, o que están solas, a los que le les falta el amor y el cariño que todos necesitamos, por los enfermos, para que el nuevo año les mantenga la esperanza y la ilusión y las mismas sean una constante a lo largo de su vida, por todos los más necesitados para que el Año Nuevo sea mejor para todos.
El autor es sacerdote católico.