Realmente da cabanga la vieja Managua

Managua, oficialmente Leal Villa de Santiago, se localiza en la costa sureste del Lago Xolotlán. Ha sido golpeada por las fuerzas de la naturaleza, a causa de los terremotos de 1931 y en 1972. Pero orgullosos de tener la capital más grande de Centroamérica. Managua fue elevada a villa en 1819 por el rey Fernando VII, de España. Luego, a ciudad en 1846 y más recientemente fue creada como distrito en 2009.

 La monumental capital de antes y después del terremoto de 1972, me obliga a contar muchas anécdotas, de los momentos estoicos y los momentos dolorosos. Fui casi vecino del Vimsa y la Minicar, en Carretera Sur, y testigo de los gritos lastimeros de niños, adultos y ancianos por el voraz incendio en el colegio Divino Pastor, del barrio Altagracia.

El fuerte sismo y los siniestros incendios cambiaron el rostro de los capitalinos porque los regalos navideños y la cena de pavo relleno no se pudieron efectuar, más que las lágrimas y lutos por la pérdida de sus seres queridos.

Era la madrugada del sábado 23 de diciembre de 1972, cuando ocurrió el terremoto espantoso que cambió el rostro a la “novia del Xolotlán” que aún no ha sido superada estructuralmente. “¿Qué nos está pasando, papá?”, eran los gritos entre llantos de mi hermana menor, Joenn. Se escuchaba en el lugar donde vivíamos el retumbo de la tierra. No nos dábamos cuenta que en medio del terremoto mi abuela materna, Rosibel Sevilla de Pérez, falleció ese día a consecuencia de una enfermedad en Santo Domingo, Chontales, ese día mi madre recién terremoteada tuvo que irse para allá. Ya no hubo tiempo para las honras fúnebres.

Mi padre, ese mismo día también, al amanecer se dirigió a ver unos parientes por la galletería Cantón —él vivió esa pesadilla— algunos cadáveres tendidos en el piso de las aceras de sus casas. Hay que recordar que la mayoría de las casas eran de adobe que no podría soportar ese sismo de 7.05, por la vulnerabilidad en las construcciones de las casas de capitalinos no resistiría del movimiento terráqueo.

“Unos a la bulla y otros a la cabuya”, reza el refrán popular. El supermercado La Colonia que estaba ubicado de los semáforos de Montoya una cuadra arriba fue saqueado y los que participaron en dicho saqueo iban con las carretillas repletas de mercadería, aunque debo confesar que no los considero como un acto vandálico porque no se dieron choques. Por eso asocio con la canción de Carlos Mejía Godoy en Viva Managua: “Francamente da cabanga el olor de la fritanga y el mondongo colosal, el bochinche en los mesones, las canciones, los pregones del mercado San Miguel, la tortilla con cuajada y la rica carne asada frente al propio Gran Hotel” (…)

Los terremoto de 1931 y 1972 en Managua no son comparados con el mortífero de Valdivia, Chile, en 1960, que fue de 9.5 en la escala de Richter. Ni con los de Japón. Por eso digo que nuestra capital ha sido bendita por Dios. A 50 años del terremoto te seguimos amando, nuestra colosal capital.

El autor es periodista.

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