Ni siquiera las tres cuartas partes de su condena cumplió el reo Sael Mejía Mercado, quien fue beneficiado en diciembre de 2021 con el llamado «régimen de convivencia familiar», por lo que solo estuvo preso un año y medio, de los 19 a los que fue sentenciado.
Mejía Mercado fue condenado en 2021 a cuatro años de cárcel por robo agravado y declarado no culpable por el homicidio del suboficial de la Policía, Erick José Talavera Centeno, crimen ocurrido el 2 de junio de 2020 en una comunidad de El Cuá.
Pero en apelación la sentencia fue reformada y el Tribunal de Apelaciones lo declaró culpable por ser cooperador necesario del homicidio, pasando la condena de 4 a 19 años de cárcel, ya que se le agregaron 15 años por el homicidio.
Sorpresivamente el reo fue dejado en libertad el 21 de diciembre de 2021 cuando la dictadura liberó a más de mil reos comunes.
Liberado por el Migob
En el expediente judicial se lee que Sael Mejía fue liberado por recomendaciones de las autoridades del Sistema Penitenciario Nacional (SPN).
El juez José Alberto Martínez Guerra, del Juzgado de Ejecución y Vigilancia Penitenciaria de Jinotega, en julio de este año judicializó «la orden de libertad otorgada por el Sistema Penitenciario a través de Gobernación Central (Migob) del día veintiuno de diciembre del año dos mil veintiuno», se lee en el expediente judicial.

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Por este mismo caso los hermanos Francisco Evenor Rodríguez Loáisiga, alias el Gavilán y Bismarck Antonio Rodríguez Loáisiga fueron condenados a 19 años de cárcel por el mismo robo y crimen, pero a ellos se le agregaron seis meses por el delito de portación ilegal de armas. Los hermanos Rodríguez continúan presos.
Robo seguido de crimen
Los hechos por los que fueron sentenciados los tres hombres ocurrieron la mañana del 2 de junio de 2020, en la comarca Lana Abajo, de El Cuá, en el departamento de Jinotega.
La víctima Dany Hernández iba en su moto cuando los tres delincuentes le interceptaron el paso. Francisco Evenor con una pistola, su hermano Bismarck Antonio con una pistola 9 milímetros y Sael Mejía con un machete y un garrote en la otra mano.
Los hermanos le colocaron las armas en los costados y Sael le puso el machete en el cuello para neutralizarlo y pedirle que les diera el dinero que llevaba, pero Hernández le contestó que no andaba.

Lo obligaron a vaciarse los bolsillos y le arrebataron un celular valorado en 4,000 córdobas, mientras que Sael le quitó una mochila. Bajaron a la víctima de la moto y le ordenaron caminar hacia un cafetal. Los sujetos le seguían preguntando por el dinero, ya que sabían que Hernández era hijo de la propietaria de un bar, pero él les contestó que el dinero se había enviado en un bus.
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En ese momento los sujetos escucharon el motor de una motocicleta que se acercaba, por lo que los hermanos salieron del cafetal e interceptaron a Terencio Palma y lo amenazaron con las armas. De la billetera le robaron 10,000 córdobas, una navaja marca Victorinox valorada en 3,000 córdobas y un celular Samsung valorado en 7,000 córdobas.
Policía quiso frustrar asalto
El suboficial de la Policía, Erick Talavera Centeno, en ese momento se acercaba al lugar del hecho, ya que era jefe de sector del Bote y vio que los sujetos tenían rodeado a Terencio Palma, por lo que se lanzó de su moto y cayó al lado de la vía, tratando de sacar su arma de reglamento.
Francisco Evenor corrió hacia el suboficial y comenzaron a forcejear y le pidió ayuda a su hermano, quien dejó ir a Terencio Palma. «Inmediatamente se salió del cafetal el acusado Sael Mejía Mercado armado con el machete, lo cual fue aprovechado por la víctima Dany Hernández Montenegro para huir del lugar», según la acusación que presentó la Fiscalía.

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Sael y Bismarck Antonio se acercaron donde estaba el forcejeo y se sumó el último, mientras Sael Mejía hacía las labores de vigilancia. En medio del forcejeo los hermanos dispararon al agente policial.
Erick José Talavera Centeno recibió seis disparos y cuando agonizaba le dieron un séptimo balazo en la cara.
Los hermanos fueron sentenciados en calidad de coautores, mientras que Sael Mejía fue condenado como cooperador necesario del crimen.