César Jarquín, uno de los mejores torpederos en la historia del beisbol nacional. LA PRENSA/ARCHIVO

Cincuenta año después, César Jarquín, aún se emociona por el doble play ante Cuba

Jarquín recuerda como si fuera ayer el doble play con el que se le puso fin a la amenaza de Cuba, derrotada 2-0 por Nicaragua hace 50 años

A César Jarquín se le crispa la piel cada vez que escucha la sonora voz de Sucre Frech en la descripción del doble play con el que se repelió una terrible amenaza en el noveno episodio y se le dio el toque final a la más celebrada victoria en el recuento del beisbol nacional.

Han pasado 50 años desde aquella jugada en la que Jarquín, quien atrapaba todo lo que se movía, interceptó una línea de Urbano González y luego se fue sin prisa a pisar segunda base y selló la victoria 2-0 de Nicaragua sobre Cuba con Julio Juárez sobre el montículo.

“En mi carrera hice jugadas más complicadas que esa, pero por el contexto en el que se dio entiendo que se hable bastante de ella”, dice Jarquín, uno de los más grandes torpederos en la historia del beisbol nacional y perennizado en la memoria colectiva por aquel par de outs.

Nicaragua llegó al noveno episodio adelante 2-0, pero con un out, los cubanos colocaron a dos corredores en base. En tercera y segunda. Y justo cuando la angustia taladraba el alma de los fanáticos, Juárez dominó a González y Jarquín completó el doble play más famoso.

“Aún puedo vivir aquel momento. Recuerdo que Rafael Obando me dijo: ‘pasa, pasa’ y ahí se completaba el doble play, pero como estaba cerca de la base, lo hice yo solo y guardé la bola 12 años, hasta que la regalé a unos niños que no tenían para seguir jugando”, afirma.

Jarquín cumplirá 78 años en enero próximo y a pesar que el tiempo le juega algunas malas pasadas con su memoria, su historia está intacta. Ha sido una leyenda. Torpedero de gran defensiva, hostigoso con el bate, veloz en las almohadillas y, sobre todo, gran persona.

“Pues, por donde he pasado he tratado de ser respetuoso con todas las personas. Desde mi casa, en San Isidro, se nos enseñó a respetar y he llevado la vida con humildad y sencillez. Y la verdad, que me he sentido siempre muy apreciado por los fanáticos”, indica César.

Jarquín, como gran parte de los niños en nuestro país, tuvo una infancia marcada por la estrechez económica. Su papá murió joven y ellos, niños, debieron trabajar desde muy pequeños. A César se le podía ver lustrando, vendiendo cosa de horno o cortando algodón.

“Saque cuentas que yo usé zapatos por primera vez a los 14 años. Y eso se dio debido a que me encontré una cadena en medio de una arena y un amigo de la familia me la cambió por un par de zapatos. Mi mamá se molestó porque sabía que la cadena valía más que eso”, recuerda.

Todo cambió cuando a sus 16 años, en 1962, emigró a la Mina El Limón, y tras ahorrar durante cuatro años, logró comprarle una casa a su mamá, Clementina Mendoza. Y en 1968 Stanley Cayasso lo vio jugando beisbol y lo llamó a la Selección Nacional aquel año.

“Al inicio jugábamos futbol. En San Isidro había un sacerdote, Manuel Soria, y nos llevaba a jugar futbol, pero no le pegábamos a la bola ni puesta en el suelo. Lo nuestro era el beisbol y en el equipo de niños, me encontré con Vicente López y Antonio Herradora”, recuerda.

Jarquín fue a su primer Mundial en 1969 en República Dominicana y durante 14 años fue el torpedero titular de la Selección Nacional. Y aunque su doble play en 1972 en Nicaragua es su ejecutoria más famosa, en 1974 en Tampa, EE.UU., bateó .407 con diez remolques.

“Fui a ocho campeonatos mundiales, pero haber jugado aquí en 1972, es algo que atesoro en mi corazón. Cada vez que llega el 3 de diciembre y escucho a Sucre Frech narrando ese noveno episodio, no puedo evitar las emociones y le doy gracias a Dios”, indica César.

César Jarquín recuerda los últimos dos outs de la victoria de Nicaragua sobre Cuba en 1972. LA PRENSA/RC

Detalles

José César Jarquín Mendoza nació en San Isidro, Matagalpa el 10 de enero de 1946. Fue un bateador de .279 en su carrera en Primera División, pero sobre todo impactó por la armonía, naturalidad y gracia con que jugada a la defensiva, tanto que le pusieron “La Maravilla”.

Fue seleccionado nacional desde 1968 hasta 1982. En el Mundial de 1972 bateó .306 (49-15), aunque su evento cumbre fue Tampa en 1974 con .407 y diez remolques y ningún error a la defensiva. Se retiró tras los Centroamericanos y del Caribe en Cuba en 1982.

Es considerado uno de los mejores entrenadores que ha tenido el beisbol nacional. Luego de su retiro dirigió a los Dantos y los llevó al título nacional en 1985 sobre Granada. Ese mismo año condujo a la Selección Nacional, de la cual fue coach durante 18 años.

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