Hay que ponerse de pie para aplaudir el coraje mostrado por Félix “el Gemelo” Alvarado, aunque perdió sin discusión por decisión unánime (115-113, 115-113 y 116-112) en Sheffield, Inglaterra, contra Sunny Edwards, en la búsqueda del título mundial de las 112 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), el muchacho nicaragüense lo intentó hasta el último suspiro, pero la técnica pudo más que la fuerza.
El Gemelo se encontró con un monarca que supo mantener la distancia, que manejó los tiempos de la pelea, que entendió cómo maximizar su velocidad, que desorientó a Félix con sus movimientos laterales, que sobrevivió cuando necesitaba tomar aire en las cuerdas y evitó ser cazado por la dinamita del retador. Edwards fue un “Manolete” sorteando a un desorientado “toro” nicaragüense. Ese Jerry imposible de cazar para el más grande y fuerte Tom. El gran problema de Alvarado era su limitado repertorio y desesperado arranque, gastando balas de oxígeno que más adelante necesitaría. Y no se trataba de perder la iniciativa o dejar de lanzar golpes, sino saber cómo perseguir a una presa, a veces mucho ruido ahuyenta al “venado”.
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El combate no tuvo sorpresas. Se jugó como se esperaba con Alvarado a la caza y Edwards a la huida. La esquina del Gemelo lo había enviado a desgastar al inglés en los primeros asaltos con golpes bajos para liquidarlo en la segunda parte. Alvarado lo intentó pero Edwards metía las cuchillas demasiado rápido, especialmente la izquierda que entró sin visa ni pasaporte a la humanidad del nicaragüense. Luego de dos asaltos en donde Edwards derramaba soberbia, necesitaba descansar y se refugió en las cuerdas, ahí el Gemelo descargó su repertorio y aunque falló más de lo conectado, ganó su primer asalto.
Con el pasar de los asaltos que eran una repetición del anterior se veía desesperación en el nicaragüense. Se sentía frustrado por abanicar swing tras swing, aunque el espíritu seguía ahí. Tras un cuarto y quinto asalto claro para Edwards que asimilaba bien el volado de derecha del Gemelo, apareció una izquierda que sorprendió al inglés en el sexto. En el séptimo Edwards se mostró cansado y volvió a aparcar en la esquina, Alvarado olió la sangre, el momento esperado para demostrar su pegada había llegado, pero se había quedado sin gasolina.
Edwards empezó a sangrar por la nariz y Alvarado se vio mejor en el noveno y, en el décimo, aunque lo ganó el nicaragüense, fue el asalto que reflejó quién era el campeón, porque Edwards aun agotado y sin movimientos refugiado en las sogas se vio mejor pasando golpes y sobreviviendo con su técnica y velocidad. Si no podía cazar a un blanco fijo, era imposible en movimiento. Los últimos dos rounds no cambiaron de ritmo ni de director. El joven inglés de 26 años había sorteado al veterano “asesino” de Nicaragua y defendido su corona.
Cuando dieron el fallo a favor de Edwards no hubo sorpresa en Alvarado, más bien felicitó al campeón levantándole la mano. El noble arte estaba en escena. Hay que aplaudir el coraje de Félix porque hizo todo lo que podía, sus limitaciones le pasaron factura.