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El constante acoso que viven los empleados públicos en las instituciones estatales controladas por el régimen de Daniel Ortega ha llevado a muchos a renunciar, salir del país e incluso llegar a Estados Unidos para solicitar asilo político.
El caso más reciente es el de la exjueza Sexto Penal de Vigilancia y Ejecución Penitenciaria, María Concepción Ugarte, quien se exilió en Estados Unidos y según sus familiares, posee pruebas contra la dictadura Ortega-Murillo. Ugarte fue asistente del vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y secretario político en el poder judicial, Marvin Aguilar.
Sin embargo, los funcionarios que se han visto implicados en violaciones a los derechos humanos en Nicaragua corren el riesgo de ser deportados e incluso de permanecer detenidos en los centros de detención para migrantes ubicados en la frontera de Estados Unidos, explica la asesora de solicitantes de asilo en ese país, Muriel Sáenz.
El defensor de derechos humanos y exiliado en Estados Unidos, Pablo Cuevas, coincide con Sáenz y explica que “no puede el Gobierno de los Estados Unidos dejar entrar a su territorio a violadores de derechos humanos o a personas que también fueron parte de la maquinaria utilizada para cometer violaciones terribles de derechos humanos”.
Según Cuevas, esto es así porque Estados Unidos, al igual que muchos otros países son signatarios de acuerdos internacionales en los que se han comprometido a perseguir a violadores de derechos humanos, en lugar de brindarles protección.
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Tienen derecho a la defensa
Pablo Cuevas indica que como Estados Unidos funciona bajo un sistema democrático, los paramilitares y funcionarios del régimen aún tienen derecho a la defensa y a demostrar que no asesinaron a nadie o que no se vieron implicados en violaciones a derechos humanos contra los nicaragüenses. “Si te defendés bien y convencés, te van a dejar entrar”, resalta.
Todos los migrantes, incluidos los desertores del régimen, que llegan de manera irregular a Estados Unidos deben entregarse a los agentes de Migración en la frontera quienes le harán una entrevista y determinarán si la persona podrá hacer su solicitud de asilo en libertad o en un centro de detención.
“Si es un paramilitar, lo más probable es que permanezca detenido porque será considerado como una persona peligrosa”, explica Sáenz, y lo mismo puede suceder en el caso de jueces, fiscales y demás funcionarios orteguistas que han sido parte de la maquinaria represiva de la dictadura.

En caso de que los desertores del régimen logren convencer a los agentes de Migración que los dejen en libertad, que digan mentiras o que nieguen que han colaborado en violaciones a derechos humanos, también podrán ser deportados en el futuro, en caso de que las autoridades estadounidenses confirmen que esa persona dio un falso relato.
Algunos paramilitares y funcionarios del régimen han logrado colarse entre los migrantes que salen del centro de detención y están libres en Estados Unidos mientras se resuelve su solicitud de asilo, comenta Cuevas.
Esto sucede porque “normalmente, las autoridades migratorias no tienen pruebas para presumir que son violadores de derechos humanos, entonces los dejan entrar” a territorio estadounidense, indica.
Por ello, Sáenz insiste a los nicaragüenses en Estados Unidos y que han sido víctimas de violaciones a derechos humanos en Nicaragua, que es necesario denunciar ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés) con nombres, fotografías y pruebas de los responsables de la represión.
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Si mienten, serán deportados
Para solicitar asilo en Estados Unidos, los desertores del régimen deben llenar un formulario con datos personales, laborales, entre otros, además de responder algunas preguntas que pueden ser comprometedoras para ellos mismos.
Por ejemplo, la pregunta 3A de este formulario dice textualmente: ¿Usted o su familia han pertenecido alguna vez o han sido asociados con organizaciones o grupos en su país de origen tales como un partido político, grupo de estudiantes, sindicato, organización religiosa, grupo militar o paramilitar, patrulla civil, organización guerrillera, grupo étnico, grupo de derechos humanos o la prensa o medios de comunicación?
A esta pregunta, la persona debe tachar la opción “Sí” o “No”, y si responde de manera afirmativa, en la siguiente casilla deberá explicar el nivel de participación que tuvo, puestos ocupados, el tiempo en el que estuvo involucrado y las actividades que desempañaba.
Más adelante en el formulario hay otra pregunta que dice: ¿Usted, su cónyuge o hijo(s) alguna vez han ordenado, incitado, asistido o de otra manera participado en acciones que causaran daño o sufrimiento a alguna persona debido a su raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social particular o creencia en una opinión política en particular?
De igual manera se deberá responder con “Sí” o “No”, y en caso de responder que sí, deberá detallar cada uno de los “incidentes” en que participó.
Si la persona responde que “No” a estas dos preguntas y las autoridades estadounidenses se dan cuenta de que mintió, será deportado, explica Sáenz. De igual manera, en cuanto la persona indique que ha violado derechos humanos, puede ser deportada, pero eso quedará a discreción del juez que lleve su caso.

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Información a cambio de asilo
Tanto Cuevas como Sáenz coinciden en que “es posible” que los desertores del régimen puedan ofrecer información valiosa sobre los crímenes y actividades de la dictadura a cambio del asilo político en Estados Unidos. Si bien no es algo establecido en las leyes de ese país, no se puede descartar que suceda.
“Es posible que con la información que ellos den para apresar a personas con cargos muchos más altos, puede ser que les perdonen algo a cambio de eso”, resalta Sáenz y señala que los funcionarios de alto nivel como magistrados, asesores de Ortega, ministros, entre otros, pueden ser útiles con información a cambio de protección internacional.
Por su parte, Cuevas señala que “es como sacrificar un mal menor por un bien mayor. Ser condescendiente con un pez de menor tamaño para tomar a un pez más grande”.
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