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Es difícil sujetar el deseo de inclinar la admiración hacia Jonathan Loáisiga, quien no solo ha sido capaz de rescatar una temporada al sacarla de las brasas, sino que ha vuelto a ser el lanzador confiable de otros días, cuando incluso se le incluyó en la lista de los mejores en su especialidad.
Este martes, Loáisiga caminó sobre un alambre sin caer ante los Guardianes de Cleveland, mientras colgaba dos entradas en blanco en el juego más importante de los Yanquis en toda la temporada, el que ganaron 5×1. Y mostró un poder intimidante en sus disparos, la precisión de un cirujano y el temple de un veterano.
Lo que ha hecho Jonathan desde la segunda mitad de la temporada cuando logró recuperar su salud, ha sido admirable. Se sobrepuso a la inseguridad que propone el fracaso, pero no se dejó envolver por la vanidad que sigue al triunfo. Se ha mantenido equilibrado y ha restaurado la confianza.
Es natural que lo más llamativo en su presentación de este martes hayan sido sus envíos a 100 millas por hora, pero también es importante apreciar que su sinker tuvo un movimiento de 16 pulgadas horizontalmente, lo que no dio oportunidad para contactos sólidos y la línea de Josh Naylor fue sobre un cambio de velocidad.
Sin embargo, el agregado más importante a su repertorio debe ser su madurez. Se vio firme en todo momento, proyectó seguridad y no anduvo por las ramas. Retó a los bateadores con inteligencia y desplegó todo su arsenal con una majestuosidad llamativa. Este es otro lanzador, uno mejor.
De los tres imparables que admitió en los dos episodios, dos fueron contactos flojos, con el mango del bate. Incluso, el sencillo de José Ramírez a la derecha, fue después de quebrarle el bate. Posiblemente este es Loáisiga en su mejor momento, mejor quizá que el del año pasado debido a la madurez conseguida.
Jonathan llegó a tener a dos corredores en las bases sin out en el sexto y retiró en fila a Oscar González, el cuarto bate, a Naylor, el quinto y a Gabriel Arias, el sexto, a quien le cruzó un sinker a 100.1 millas con un escandaloso movimiento horizontal. Pero nunca se le vio angustiado. Transmitió seguridad.
No sabemos qué pasará en el futuro con Loáisiga, pero el estado de forma en que está en este momento desde el punto de vista físico, técnico y psicológico es de alto nivel. Y de frente a la Serie de Campeonato contra los Astros de Houston, debe continuar jugando un papel crucial para estos Yanquis.
Y pensar que este es el mismo muchacho que hace unas semanas batallaba por tener un poco de estabilidad y que ha luchado contra lesiones a través de toda su carrera y que tras firmar con los Gigantes apareció en nuestro beisbol antes de ser captado de nuevo por los Yanquis y ahora está en los playoffs.
Después de todo lo que ha vivido, seguro estos instantes le saben a gloria y seguro que no está conforme todavía, quiere más, al igual que todos los Yanquis, a pesar de que los Astros están en el camino y no tienen planes de ser complacientes. De modo que, si los Yanquis desean la gloria, tendrán que conquistarla con bravura y talento.
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