A los 87 años, los recuerdos podrían pesar más que las ilusiones, pero ese no es el caso de Pedro Ramos, el exbig leaguer cubano radicado en Estelí, quien vive cada día con mucha intensidad y afirma que no piensa en lo que no puede controlar, incluyendo la muerte.
“Mejor pienso en la vida”, dice Ramos, mientras esboza una sonrisa. “Desde que nacemos sabemos que vamos a morir, así que no tiene caso pensar en eso. La muerte llegará cuando tenga que llegar. Entonces, mejor vivo. Solo Dios sabe cuándo te llama”, agrega el cubano.
Quizá lo mejor, es que a Pedro le ha gustado la vida que ha llevado y, además, llegó a hacer realidad su sueño de niño: jugar beisbol y hacerlo al más alto nivel, en las Grandes Ligas. Y aunque su paso por los Yanquis fue de solo tres de sus 15 años, es lo que más le satisface.
“El propio hecho de llegar a las Grandes Ligas es un éxito. Hay muchos que lo intentan y muy pocos lo consiguen, así que me siento un afortunado de poder haber hecho lo que yo quería y jugar con los Yanquis, fue lo mejor que me pasó indudablemente”, asegura.
Nacido en la comunidad El Corojo, en San Luis, Pinar del Río, en 1935, Ramos viajó a La Habana cuando tenía 15 años en busca de una oportunidad para jugar, pero no consiguió un espacio. Sin embargo, poco tiempo después, en 1952, firmó para los Senadores de Washington.
“A mí me firmó un scout llamado Joe Cambria, quien firmó posiblemente al 90 por ciento de los jugadores latinos de esa época. Y curiosamente, un día me dijo que él pensaba que yo no llegaría a las Grandes Ligas, pero sus palabras más bien me motivaron”, señala.
Ramos debutó en las Mayores en 1955 cuando aún no había cumplido 20 años y se logró mantener durante 15 temporadas, consiguiendo un récord de 117-160 y 4.08 en 2,355.2 innings, con 54 partidos salvados y 1,305 ponches en 582 partidos en los que actuó.
“Tengo más derrotas que victorias, pero debes considerar que Washington era un equipo de último lugar. Recuerdo que un día Whitey Ford, con un libro de estadísticas en sus manos y vio mis cifras. Dijo: ‘si has jugado para nosotros, esto sería al revés’, recuerda Ramos.
Pero cuando pasó a los Yanquis en septiembre de 1964, Ramos sitió la diferencia de estar en un equipo que iba a la Serie Mundial continuamente. Había más respaldo desde todo punto de vista, pero también una mayor exigencia de los fanáticos y del equipo.
“Se siente la diferencia. Los fanáticos son exigentes, pero más la organización. Desean ganar todos los años. Y cuando llegué en 1964, en el mes final de la temporada, tuve 13 salidas y marca de 1-0 y 1.25, con ocho salvados en 21.2 innings”, señala Pedro.
Ese año, como fue adquirido después del 31 de agosto, Ramos no fue elegible para ir a la Serie Mundial que los Yanquis disputaron y perdieron con los Cardenales de San Luis. Y al año siguiente, registró 5-5 y 2.92, con 18 salvados en 65 juegos y 92.1 episodios.
“Pero más que las estadísticas, lo mejor fue hacer realidad el sueño que tenía desde niño. Y el hecho de jugar a la par de Mickey Mantle, Roger Maris y otras estrellas más, es algo que me llena de mucho orgullo. Fue lo mejor que me pasó en el beisbol”, confirma.
Ramos afirma que además de talento, la clave para alcanzar la tierra prometida fue también su dedicación. Afirma que siempre le gustó trabajar y no desenfocarse del objetivo, además, que siempre tuvo la humildad para preguntar a los que sabían para hacerse mejor.
“A mí había que detenerme porque mientras otros estaban de parranda, yo estaba corriendo. Y siempre me arrimaba a los que sabían para preguntar. Fíjate que aquí en Estelí, yo voy al estadio siempre que hay juego y en años nunca me han preguntado nada”, asegura.
Pedro se ejercita cada día y se alimenta sanamente. Señala que esa es la clave para estar en buenas condiciones físicas y mentales para su edad. Y aunque está claro que es más lo que ha vivido que lo que le queda por vivir, disfruta cada momento sin pensar en el final.
«Yo vivo tranquilo y me ha gustado la vida. Me gusta Nicaragua. Desde que vine la primera vez en 1972 me encantó. Conozco casi toda Nicaragua, excepto la Costa Caribe y me quedé a vivir en Estelí por su clima y por ser una zona tabacalera y tú sabes cuanto me gusta el tabaco», explica.
Ramos, un tipo espigado y bien parecido, con ojos azules y buena conversación, se casó en seis ocasiones y tuvo tres hijos. Incluso aquí mismo en Nicaragua se le vinculó a Dinorah Sampson, la amante del dictador Anastasio Somoza Debayle, algo que él siempre ha negado.