Me cuentan que Francisco Paz, conocido como “El Zurdo”, quien fue el mejor lanzador de la Serie Mundial de Las Pequeñas Ligas de Williamsport en 1970 con Nicaragua, alcanzando un histórico tercer lugar, ponchando a 17 jugadores en un partido y lanzando un juego sin hit ni carrera, terminó alejado del beisbol. Ni siquiera llegó a jugar en primera división, llegó hasta Mayor A, no estudió ni se convirtió en la promesa llamado a ser. Han pasado 52 años de esos sucesos y nuevamente los niños han colocado a Nicaragua en el radar deportivo con su hazaña de tres triunfos: Puerto Rico, Japón y Panamá ¡Por favor! No cometamos el mismo error.
Estos niños demostraron poseer todas las herramientas necesarias para brillar en el alto nivel. Una vez más se refleja que las nuevas generaciones pinoleras tienen las armas para salir de esa fosa llamada pobreza, que los gobernantes con el paso de las décadas han alimentado hasta convertirnos después de Haití en el país más pobre del continente. Da la impresión que las esferas de poder están felices si la población sigue sin educación de alta calidad, si los jóvenes no tienen las vías para alcanzar su máximo potencial intelectual y que los niños se conformen con el futuro incierto que tienen alrededor.
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Debemos entender que el presente condiciona el futuro. A mi no me importaría que, de todos estos niños, ninguno sea beisbolista, pero si fuera porque ellos eligieran dedicarse a ser ingenieros, astronautas, arquitectos, maestros o cualquier otra carrera profesional, el problema es que carecen de las oportunidades brindadas en otros países y se pierden por malos caminos o simplemente malas decisiones, debido a que su presente los condicionó. Mientras los niños de Panamá, China Taiwán, Japón o de las ciudades de Estados Unidos tendrán entrenadores de primer nivel y la oportunidad de una educación con una panorámica diferente, en Nicaragua verán represión, cómo la Policía Nacional evita que padres hagan misas, que ciudadanos icen una Bandera Nacional y que del presupuesto nacional sea más importante las armas que la educación.
Ojalá que aprendamos de las lecciones de otros y no nos volvamos a condenar repitiendo los errores del pasado como sucedió con el Zurdo Paz, ese niño que asombró al mundo del beisbol.