No hubo en el beisbol nacional un mejor lanzador durante la década de los años setenta que Porfirio Altamirano. El “Guajiro” concluyó esa etapa con 105-43 y 1.87, una temporada de 20 victorias y otras cuatro de al menos 15 triunfos. Se agenció dos triples coronas y le ganó a Cuba y Estados Unidos en competencias internacionales. Un fenómeno sin duda alguna.
En el decenio siguiente, en los años ochenta, el tigre fue Julio Moya, quien hasta resultó ser pariente de Porfirio. Moya también tuvo su campaña de 20 triunfos, ganó una triple corona e impuso una serie de récords que aún están vigentes y terminó con 4-0 y 1.87 en el Mundial de Cuba en 1984, donde también le ganó 4-2 a Japón, algo imposible hasta ese entonces.
Quizá lo curioso es que Moya terminó su carrera con 67-32 y 2.05 siendo aún joven, pero asediado por lesiones y sus descuidos, apresuró el final de su trayectoria. Julio tuvo cinco temporadas completas y otras tres en las que no llegó ni a 12 innings lanzados, pero sus huellas son fuertes y su recuerdo es consistente. Sigue siendo una figura para el fanático.
Después de amagar durante dos temporadas con el Carazo y los Campesinos, Moya aterrizó en el Cinco Estrellas en 1978, traído por Andrés Torres, quien, de acuerdo a Julio, se quedó impresionado luego de haberle ganado un duelo 5-1 en la comarca Los Lechecuagos, León. Ese mismo año, Moya debutó en la Selección Nacional durante los Juegos de Medellín.
Y en un torneo no apto para lanzadores, debido a la explosividad ofensiva facilitada por un estadio amigable para los artilleros, Moya fue el mejor tirador. Terminó con 3-0 y 1.86 en 19.1 innings con dos bases y 12 ponches. El staff de pitcheo nica lanzó para 5.13 y hasta el propio Porfirio fue castigado con 2-2 y 5.70. Sergio Lacayo tuvo 11.74 en 7.2 innings.
Moya asegura que en ese torneo Centroamericano y del Caribe en Colombia, tuvo oferta de cinco mil dólares para firmar de los Medias Blancas de Chicago, pero aconsejado por don Carlos García, decidió esperar por una mejor propuesta que nunca llegó. Y luego de viajar al Mundial de Italia, donde cerró con 1-1 y 2.45, continuó su carrera a nivel nacional.
En la apertura de la temporada de 1979, Moya se trenzó en duelo con Altamirano y ambos mantuvieron el marcador 0-0 en 11 innings. Al final, Porfirio y los Búfalos se impusieron 3-0 en 12 episodios, pero era claro el nivel que había alcanzado el tirador originario de la comarca La Fuente, Malpaisillo, aunque un viaje a Guatemala, le costaría una sanción de dos años.
Regresó a la acción en 1982 con marca de 7-2 y 1.47 con los Leones, pero su impacto lo tuvo al año siguiente con 21-3 y 1.85, nueve blanqueadas (récord nacional) y 20 juegos completos. Ese mismo año, lleva a los Leones a la Final contra Rivas y termina con 3-0 y 0.45 en 20 innings lanzados en menos de una semana. Los felinos ganaron la serie 4-1.
Al año siguiente, 1984, Moya termina con 12-2, 95 ponches y efectividad de 0.14 en 128 innings, para una triple corona. En ese torneo, solo le anotaron dos carreras limpias. Abrió 13 juegos y los completó todos, entre ellos uno de 15 episodios contra el Rivas. Lanzó seis blanqueadas. No permitió jonrones y pasó 93.1 innings sin permitir carrera limpia.
Y luego llegaron los playoffs. Los Leones le ganaron tres juegos en una serie de cinco a los Industriales en las semifinales. Los tres juegos los ganó Moya. Y luego en la Final contra la Costa, Julio se apuntó dos de los cuatro triunfos felinos y salvó otro desafío, mientras tenía 0.38 en efectividad a lo largo de 23.2 inning durante esa batalla por el campeonato.
Hay un detalle que recoge con precisión Gerald Hernández, quien señala que en los tres torneos entre 1982 y 1984, Moya lanzó en 58 juegos, 56 como abridor y completó 42 de ellos. Su récord fue de 40-7 y 1.24 en 413.2 innings. Realmente, Julio estaba sobrado en aquel momento y en la Selección Nacional también se notaba claramente la diferencia.
Después de impactar en Colombia en 1978, Moya registró 1-1 y 2.45 en el Mundial de Italia ese mismo año. Regresó al equipo nica en 1982 en los Juegos de La Habana, Cuba en 1982 y cerró con 1-0 y 5.63 en un equipo que solo ganó dos juegos. En los Panamericanos de Caracas en 1983 tuvo 3-1 y 2.11 en una tropa que ganó medalla de plata con 6-4.
En 1984, Moya conquistó la única victoria en el beisbol de las olimpiadas de Los Ángeles. Fue 4-3 ante Canadá. Lanzó 12 inning y cedió tres carreras, solo una limpia. Y ganó con el famoso jonrón de Arnoldo Muñoz, cuyo error lo estaba hundiendo. Dijo adiós a la Selección en 1984 en el Mundial de Cuba con 4-0 y 1.87 en un equipo que terminó con 5-8.
Moya se retiró de la Selección por lesiones con un registro de 13-5 y 2.32 en 131.2 innings, con 79 ponches y 35 bases. Del beisbol se marchó en 1987, a sus 30 años, después de varios intentos por regresar, pero ya no era el mismo. Se le hizo una cirugía en Cuba y no se cuidó apropiadamente. Sin embargo, después de 35 años, su imagen dominante perdura.