Curazao fue el verdugo de Nicaragua en dos ocasiones, pero esta último dolió más por la forma en la cual lo hizo, destrozando las esperanzas temprano. En dos episodios la tropa nicaragüense perdía 5-1 y en el cuarto se sumaron dos más que lapidaron el encuentro, el cual finalizó 7-2, eliminando al conjunto pinolero que hizo un monumental trabajo derrotando a Puerto Rico, Japón y Panamá. Es el fin del camino de la Serie Mundial de las Pequeñas Ligas, pero el inicio de un inmenso recorrido por buscar una firma en el futuro.
El gran problema de Nicaragua era que no tenía a ninguno de sus mejores brazos disponibles, el partido de 11 entradas contra Japón desgastó el armamento, pero además no se llevó un plan exhaustivo por parte de la dirigencia para tener habilitados a las estrellas del montículo. El niño Gonzalo López quiso hacer el trabajo, pero el descontrol lo mató. En un inning lanzado brindó cuatro bases por bolas y permitió tres carreras, además la defensa tampoco estuvo fina, cometiendo tres errores. El desgaste en la tropa nacional era evidente.
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No bastaba rezar para salir del fango porque sobre la colina Curazao colocó a su mejor lanzador, Davey-Jay Rijke, el mismo niño que lanzaba 78 millas y le propinó 14 ponches en el primer desafío, solo que en esta ocasión ponchó a 15, 29 chocolates en 11 entradas y, en una gala de su control, empezó con strike a 20 de los 25 bateadores que enfrentó. De los cuatro imparables que permitió el único que lo lastimó fue jonrón de Luis García, el mejor jugador de Nicaragua que se despidió del torneo dejando esa postal.
Oficialmente ya estamos eliminados, sin embargo, el eco del trabajo de estos niños perdurará por años.