A 2 años del vejamen a la Sangre de Cristo

Hace dos años fue una vez más ultrajada la Iglesia católica en Nicaragua, pero esa vez la saña y el sentido de la maldad de sus hechores fue más allá: agredieron, atacaron e incendiaron la capilla de la Sangre de Cristo en la Catedral de Managua, con artefactos explosivos, el cual fue catalogado por miembros del gobierno sandinista como un accidente.

Fue un hecho repudiable para la comunidad creyente nacional e internacional devota de la Sangre de Cristo, o sea para nosotros, temerosos de Jesucristo nuestro Señor, y que simboliza su vida para la remisión de los pecados.

Esa vez no obstante no fue la primera en la que se ha atacado a la Iglesia católica, ya en los 80 hubo de parte de la llamada revolución sandinista y sus seguidores confrontaciones hacia ella, habiendo demostrado personeros de ese nuevo sistema su rencor y odio hacia curas, obispos, a la propia feligresía. Y hasta a su santidad Juan Pablo Segundo en su primer viaje a Nicaragua, quien fue abucheado  cuando seguidores de los comandantes intentaron manipularlo pidiéndole una oración para unas personas fallecidas en el conflicto armado provocado por ellos mismos. En esa ocasión, fueron muchas las organizaciones, miembros de la Iglesia católica y ciudadanos a título personal, que repudiaron ese hecho.

Recordemos que la pandemia del coronavirus estaba en su apogeo y que no habían respuestas fehacientes de que el Gobierno estaba manejando bien la situación, por lo que el grave atentado contra la Sangre de Cristo fue visto como una de las tantas movidas que los gobiernos hacen cuando tratan de desviar la atención para evadir sus responsabilidades como gobernantes ante los desafíos que la administración enfrenta.

La experta en temas de seguridad pública y socióloga Elvira Cuadra dijo que el ataque a la Catedral había sido una muestra de que la crisis sanitaria y humana por el covid tenía mal visto al Gobierno, estimando que esa acción, como tantas en esa tendencia de desvío, eran «actos desesperados», aunque bien calculados, de violencia para desviar la atención ante las secuelas del virus.

Pero además, por otros problemas como efectos colaterales del mismo, tales como los contagios excesivos, más la criminalidad, la inseguridad, los ataques a los excarcelados de la insurrección de abril de 2018 y a otros líderes políticos, por lo cual dijo de manera fulminante que ese hecho en la Catedral y los demás contra la Iglesia católica eran parte de una agenda «macabra».

Pero siempre desde 1979 los nicaragüenses hemos estado dentro de una burbuja de esa agenda del mal, pues recordemos tantos abusos y chantajes a sacerdotes en Managua y el resto del país. Como aquel hecho bochornoso a monseñor Carballo y en el que estuvieron involucrados no solo los comandantes sino hasta otros sandinistas supuestamente preparados, supuestamente humanistas y convincentes de que lo que la revolución hacía era lo correcto. Igual que en Cuba, pues el modelo se copió hasta en los tonos de voz, en las consignas y en todas aquellas estrategias para contener a los sectores opositores, o que sencillamente no comulgaban con los postulados de la revolución.

Este 31 de julio recién pasado, los católicos, junto al gran pueblo mariano hemos recordado ese sacrilegio, conscientes de que sin ánimos de venganza vendrán verdaderos días de paz y concordia entre los nicaragüenses, en donde campee la justicia divina y  jamás, pero nunca jamás, se vuelvan a profanar templos de fe, sean católicos o de otra religión.

Nicaragua ha sufrido mucho y nuestra Iglesia siempre ha estado al lado de su pueblo, mano a mano, en estas difíciles circunstancias que nos han tocado vivir, con emigraciones forzadas, con desempleo, con garantías constitucionales fallidas y con grandes ausencias de democracia y libertad, por todo ello es bueno mantener la fe y la persistencia en Nuestro Señor Jesucristo, de que con la mano de Dios, lograremos salir de este atolladero.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva nuestra bendita Sangre de Cristo! La autora es ciudadana estadounidense nacida en Nicaragua. Empresaria, emprendedora y defensora de los Derechos Humanos. Actualmente se ha postulado como candidata a comisionada por el Condado de Miami.

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