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La cohabitación que propone Almagro para Venezuela

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha sorprendido a los venezolanos y a quienes en América Latina y otras partes del mundo dan seguimiento a la situación de Venezuela, al sugerir la cohabitación de la dictadura de Nicolás Maduro con la oposición democrática venezolana.

Almagro ha presentado su singular e inesperada sugerencia, en un artículo de opinión publicado el 29 de julio en el diario uruguayo Crónicas, con el título “El infierno del sendero que jamás se bifurca”, en alusión al cuento de Jorge Luis Borges, titulado “El jardín de los senderos que se bifurcan”.

En su artículo, Almagro hace una reseña de todos los males que sufre Venezuela bajo el régimen de Maduro, pero también de los esfuerzos fallidos que se han hecho para sacarlo del poder.

El secretario general de la OEA dice que hay que reconocer la realidad de que Maduro se ha afianzado en el poder; y que si bien el diálogo y las negociaciones políticas se deben seguir procurando, no deben enfocarse en su salida del poder, sino en revisar las condiciones en las que lo ejerza.

  Es evidente que Almagro se siente frustrado por no haber podido resolver la crisis de Venezuela —ni la de Nicaragua—, cuando ya va por los dos años de su segundo período. Él tendrá que dejar el cargo en 2025, hasta donde llegará probablemente a pesar de que algunos gobiernos de izquierda, como el de México, presionan para que se le revoque el mandato por sus denuncias contra los regímenes autoritarios y los esfuerzos que ha hecho para sacarlos del poder, a fin de restaurar en ellos la vigencia de la Carta Democrática Interamericana.  

 Sin embargo, es obvio que Almagro  no quiere terminar su mandato dejando inconclusa la tarea de restaurar la democracia en Venezuela, cuyo régimen —dice en el artículo que publicó en el periódico uruguayo mencionado— no se puede comparar con ningún otro.

La idea de Almagro sobre la cohabitación en Venezuela es por lo menos interesante. Ante el congelamiento de la crisis y la falta de otras opciones de solución viables, tal vez valiera la pena ensayarla. De esa manera se podría detener el avance de  Maduro hacia la cubanización política de Venezuela. Es decir, a un sistema absolutamente totalitario, carente de  libertades y derechos, sin elecciones libres ni alternabilidad en el poder.

La cohabitación política significa en estricto sentido que en un país donde por los resultados electorales el jefe de Estado pertenece a un partido, y el jefe de gobierno a otro, se ponen de acuerdo para gobernar con un programa común consensuado poniendo el interés nacional  encima de las diferencias partidistas.

Ese no es el caso de Venezuela. Pero bajo determinadas condiciones y ante una crisis sociopolítica y económica que se ha estancado y vuelto putrefacta (según el concepto histórico de Lenin), con un poco de buena voluntad política del régimen y la oposición se podría ensayar para ver si funciona. Si en realidad se cree que la solución de las crisis políticas como la de Venezuela —y la de Nicaragua— debe buscarse por medios pacíficos, del diálogo y los acuerdos de interés nacional, la fórmula que sugiere Almagro podría ser válida y tener viabilidad.

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