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Covid
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo es, como ningún otro, un régimen carroñero. Vive de la desgracia ajena. Ahí están encaramados en una rama, oteando el horizonte, olisqueando el ambiente, listos para caerle al pueblo de Nicaragua cuando sobre él se solaza alguna desgracia. Ha sucedido con sismos, huracanes, inundaciones, con el combustible y guerras, pero en este caso quiero referirme particularmente al covid, que resultó un castigo cruel para los nicaragüenses y un negocio redondo, y un instrumento de espionaje y represión para la dictadura. Para no atiborrar esta columna de cifras pondré los enlaces de las notas que demuestran lo que aquí se dice.
Pruebas
En Nicaragua nunca estuvieron disponibles para pacientes e instituciones médicas privadas las pruebas rápidas para detectar el covid. A pesar que llegaron por miles como donaciones, el Gobierno centralizó su manejo, y cobró 150 dólares por cada prueba que necesitaba un nicaragüense para salir del país. Esos 150 dólares es un precio superior a cualquier precio comercial que tuvieron las pruebas en el resto de países de Centroamérica. El secretismo impide saber hasta ahora cuánto fue el total de dinero o pruebas recibidas como donación por el régimen de Nicaragua. En una reciente entrevista al periodista Marcos Medina, el presidente del BCIE reconoce que el régimen de Ortega recibió de esa institución 26 mil pruebas como donación, y justifica el cobro que hizo porque cada país es libre de aplicar “gastos administrativos” en su distribución y, supone, que en algún momento habrá un informe detallado de cómo se usaron esas donaciones. Mi consejo es que Dante Mossi espere sentado.
Rechazos
El covid también es un instrumento de espionaje y represión. ¿Cómo saber quién tiene planes de llegar a Nicaragua para, dado el caso, impedir su ingreso? Fácil: exigiendo con antelación unas pruebas covid que sanitariamente de poco servían porque este régimen nunca se preocupó por evitar los contagios. Más bien promovió las aglomeraciones con aquel cuento de la inmunización de rebaño. Pero, políticamente sí era muy útil. La entrada al país de periodistas, músicos, miembros de organismos de derechos humanos, políticos y tantos más, extranjeros y nicaragüenses, fue rechazada con la información que mandaron sobre sus pruebas covid antes del vuelo, por razones que nada tenían que ver con la pandemia.
Dinero
El covid también significó poner a disposición de Ortega grandes cantidades de dinero fresco en un momento en que la comunidad internacional, se suponía, le cerraría las puertas al financiamiento del régimen por los abusos contra los derechos humanos y la deriva antidemocrática que asumió. El dinero llegó en torrente desde el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, BCIE y Taiwán, entre otros. Y su uso provoca, cuando menos, serias dudas. Es, para hacer una comparación, como cuando en una casa se accidenta o enferma uno de sus miembros, y los vecinos deciden recoger ayuda y dársela al tío borracho y ladrón para que la administre.
Compinches
Para muestra un botón. Daniel Ortega utilizó gran parte de ese flujo de plata para pagar favores a sus compadres políticos. Mientras Nicaragua recibía insumos y vacunas como donaciones desde España, Estados Unidos y otros países de la Unión Europea, Ortega compraba a Rusia y Cuba, vacunas y medicamentos que ni siquiera estaban reconocidos por la Organización Mundial de la Salud. El caso más evidente, tal vez, fue el del interferón cubano. El régimen invirtió, en mayo del 2020, 5.9 millones de dólares de un préstamo del BCIE en la compra del fármaco que resultó tan inútil para combatir el covid que hasta fue sacado poco después del protocolo del Ministerio de Salud. Nunca supimos que Ortega gestionara la devolución de ese dinero malgastado.
Carroñeros
Por supuesto, no es esta la primera vez que un gobierno nicaragüense se aprovecha de la desgracia humana. Lo hizo Somoza con el terremoto, comprando a precio de guate mojado terrenos que después vendió a precios mayores para construir las casas de los terremoteados. Lo hizo Arnoldo Alemán, y particularmente Byron Jerez, usando para beneficio personal los fondos destinados a paliar los estragos del huracán Mitch. Pero, el nivel de este régimen es superior definitivamente. Ha pasado tantas veces que ya se volvió la “normalidad”. Cuando el pueblo de Nicaragua mira hacia la rama buscando ayuda, solo ve al par de carroñeros que disfrutan y sacan cuentas con la tragedia.
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