Lo ocurrido el pasado 11 de julio de 2021 en toda la isla cubana fue el gran toque de salida de una de las más brutales dictaduras en el continente americano, y la de más vieja data, desde 1959, cuando los barbudos con Fidel Castro a la cabeza y el Che Guevara (por cierto, hombres que no combatieron al lado de sus tropas sino que los impulsaron a ir hacia adelante en el campo de batalla) tomaron el poder hasta la actualidad.
Desde entonces el mundo entero sabe que la férrea administración tiene sus días contados, y es, como se dice popularmente, cosa de días el derrumbe de ese sistema. Igualmente ocurrirá en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Perú y en todas aquellas naciones en donde se ha implantado el comunismo para deteriorar a sus ciudadanos y empoderar a una nueva oligarquía político-económica, que goza de todos los privilegios que el poder les da y a cambio de esto llevan a la más alta miseria a su pueblo, a sus ciudadanos que se las ingenian para poner algunos granos de frijoles en la mesa o para buscar la migración forzada para mejorar la situación con nuevas alternativas de vida y de trabajo y poder así enviar remesas a sus familiares.
Siempre lo sabemos, pero es bueno repetirlo, cuando los guerrilleros propiciaron la renuncia y salida del presidente Batista, Cuba era una de las naciones más ricas de América Latina, junto a Venezuela y Argentina. Incluso en la isla la modernización logró gozar de grandes detalles culturales, como el uso de aire acondicionado en los hoteles, la infraestructura urbana y el desarrollo tecnológico y agrario eran sorprendentes.
Era todo lo contrario a la incapacidad de Fidel Castro y su revolución, que más bien vino a causar un retraso sin precedentes, prácticamente a niveles más reducidos que los de las naciones feudales o medievales desfavorecidas anteriormente. Esto parece chiste, pero es la realidad, sin tomar en cuenta las invenciones y creatividades del pobre pueblo para poder ganarse la vida, como recurrir al uso de caballos como medio de transporte, estirar al máximo las suelas de los zapatos para que no se gasten del todo, o repartir la comida a los hijos en limitadas raciones para preservar unas cuantas migajas para el día siguiente.
Pero en Cuba, además pareciera que no existe un ministerio de la construcción, pues ahí no hay nada que edificar, a no ser cárceles y más cárceles con las que se encierra y reprime a cuanto opositor surja, o a cuanto ciudadano exprese una mínima opinión contraria a los postulados de la revolución, del partido, de Fidel antes, ahora de Raúl Casto o de Díaz-Canel, el aprendiz bien portado de dictadorzuelo.
Es por eso que vemos ahora con más frecuencia cómo se dan derrumbes de viejas casas y edificios que ya son imposibles de sostenerse en el tiempo. “Pero usted está mintiendo —me podrán decir—, pues hay hoteles modernos, restaurantes de lujo y ciudadelas en las playas para turistas”. Eso es cierto, pero esos centros para turistas están más que prohibidos para el pueblo, al cual jamás pueden acceder ya porque les están restringidos por una malévola discriminación como por lo irrisorio de sus bolsillos.
Es por eso que debe darse ya un cambio de sistema en Cuba, el pueblo ya no aguanta más latrocinio, desprecio y reiteradas violaciones a los derechos humanos. Y aunque la comunidad internacional pareciera no oír sus súplicas ni ver sus realidades es el propio pueblo quien ahora está tomando las riendas de su historia con sus propias manos.
Es eso precisamente lo que ocurrió en julio 11 del 2021, por cierto una fecha emblemática para Nicaragua pues ese día es la fecha con la que se conmemora el triunfo de la revolución liberal de 1893 con el general José Santos Zelaya a la cabeza. Cuba hoy, Nicaragua, Venezuela y Bolivia también, y aquellas otras naciones bajo la amenaza de la bota comunista o como se le llame para disfrazarse de moderación: “progresistas”, “izquierda” “centro izquierda” o “socialdemócratas”.
La autora es ciudadana estadounidense de origen nicaragüense. Empresaria, emprendedora y activista de Derechos Humanos. Actualmente se ha postulado como candidata a comisionada por Miami Dade.