En 2021 Ismael Munguía había conseguido todo lo que un prospecto podía pedir. Se había convertido en el mejor jardinero de los Gigantes de San Francisco de Ligas Menores, además de adueñarse del título de bateo en Clase A fuerte. En 2022 se esperaba el año de su consagración para dar el salto a las Grandes Ligas. Munguía no contaba con algo: nadie conoce el futuro y las piedras que podrían aparecer en el camino. Una lesión en un partido de la Liga Profesional en Nicaragua contra Estelí truncó esa evolución del tornado chinandegano.
Ni siquiera estaba en el cajón de bateo, fue estando en el círculo de espera, mientras hacía un swing, cuando sintió que algo se desprendió de su mano derecha. Al batear sintió la incomodidad, pero nunca imaginó la gravedad de la lesión. “Me fui a la casa pensando que el día siguiente estaría como nuevo”, señaló. No fue así, la mano amaneció con más inflamación. En las radiografías aparecía una inflamación en un tendón, intentó batear nuevamente y el dolor había empeorado. Volvió al hospital para una resonancia magnética y reveló que uno de los tendones en su mano se había roto. Pasó diciembre y el 8 de enero voló hacia Estados Unidos para reportarse con su equipo de Ligas Menores, sin mejora alguna en su mano. “Me repitieron los exámenes y aparte del tendón roto se vio una fisura”, explica.
Munguía recibió tratamiento y al valorar que no mejoraba decidió presionar a su equipo y acelerar una operación. “Como no mejoraba, sentía que iba a perder más tiempo y lo mejor era componerme el tendón en cirugía”, dice.
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El 14 de abril se hizo la cirugía de dos horas y 10 minutos y fue todo un éxito. Munguía empezaba de cero a recuperarse, pero con un entusiasmo desmedido por volver. “Tengo personas cercanas que me ayudan para no derrumbarme, mi papá ha sido clave. Yo me mentalicé que nada de beisbol este año, solo me iba a enfocar en recuperarme. Aunque esté lejos de mi familia, prefiero estar aquí en Arizona en el campamento recuperándome porque acá tengo mejores cuidados y es mi futuro el que está en juego”, agregó.
Munguía tiene un día repetitivo. Se levanta a las 8:00 a.m., desayuna y a las 11:00 se reporta a la rehabilitación, entrena en la medida de lo posible y por las tardes estudia inglés, hasta que llega la noche y se comunica con su familia.
Otra de las grandes intrigas es si Munguía estará a tiempo para representar a Nicaragua el 30 de septiembre en las eliminatorias del Clásico Mundial de Beisbol. El muchacho de 23 años confiesa que apenas en octubre, sexto mes de rehabilitación, volverá a tocar un bate, mientras en el quinto podría iniciar a “bolearse”. “Jugar con Nicaragua era lo que más deseaba. Me quedaré con las ganas, pero desde acá seré el primer fanático para apoyarlos. Sin embargo, si el equipo avanza al Clásico Mundial de Beisbol y me llaman seré el hombre más feliz en dar no el 100 por ciento, sino el 200 por ciento”.
Munguía aún no descarta jugar al final del año. “Dependerá de las indicaciones de los médicos. Hay conversaciones para jugar en Venezuela, aunque aún no decido si tomaré el resto del año para rehabilitarme por completo, entrenando por mi cuenta o empezaré a jugar con algún equipo. En su momento se verá qué es lo mejor para mi futuro”, concluyó el chinandegano.