Las misioneras de Santa Teresa de Calcuta y la caridad cristiana

Las monjas de varias nacionalidades que integraban la Asociación Misioneras de la Caridad de la Orden de Madre Teresa de Calcuta, cuya personería jurídica fue cancelada por el régimen, salieron de Nicaragua este miércoles 6 de julio, hacia Costa Rica, bajo una estrecha vigilancia policial y de agentes de Migración.

La noticia de la cancelación de las obras de caridad de las monjitas y su expulsión ha causado gran consternación dentro y fuera del país. A propósito, quizás muy pocas personas recuerdan que Madre Teresa de Calcuta —la santa monja originaria de Albania, cuyo nombre real era Agnes Gonxha Bojaxhiu—, vino en noviembre de 1986 invitada por la Iglesia católica de Nicaragua, con motivo del Congreso Eucarístico Nacional.

Madre Teresa se reunió con el comandante revolucionario Daniel Ortega, quien ejercía entonces su primer período presidencial después de que por cuatro años y medio fuera coordinador de la Junta de Gobierno sandinista.

Cuando Madre Teresa fue santificada en septiembre de 2016, la señora Rosario Murillo dijo al extinto periódico El Nuevo Diario que de aquella memorable entrevista Ortega conservaba una imagen de la Virgen María que le obsequió la santa monja.

Dos años después de la visita de Madre Teresa, la Asamblea Nacional aprobó la personería jurídica de la Asociación Misioneras de la Caridad de la Orden de Madre Teresa de Calcuta. Desde entonces esta ONG religiosa se dedicó a practicar la caridad con la gente más necesitada de Nicaragua. Hasta junio del presente año, ellas mantenían una guardería infantil, un hogar para muchachas abusadas o abandonadas, un asilo de ancianos y comedores gratuitos para mendigos, entre otras obras caritativas.

Quizás la más emblemática de ellas era el Hogar Inmaculado Corazón de María, en Granada, en el cual brindaban ayuda psicológica y educación general a las niñas abusadas y abandonadas. Allí las religiosas impartían también clases de música, teatro, costura, belleza y otros oficios, para que las alumnas pudieran reintegrarse dignamente a la sociedad.

Todo eso ha terminado abruptamente, 36 años después de que el presidente Ortega recibió y abrazó a Madre Teresa de Calcuta, quien lo bendijo y le obsequió una imagen sagrada de la Madre de Dios. Ahora su régimen ilegalizó a la ONG de las hermanas misioneras de la santa monja, las despojó de sus modestos bienes y las echó del país.

Una de las colaboradoras nicaragüenses de las expulsadas Misioneras de la Caridad, compartió en redes sociales lo que ellas dijeron antes de irse, que “se despiden de nosotras (y nosotros) con cariño, que nunca nos van a olvidar y nunca se van a olvidar de Nicaragua, que siempre nos van a tener presente en sus oraciones”.

Tampoco aquí se les va a olvidar a ellas. Al respecto el cardenal Leopoldo Brenes dijo en un comunicado emitido el lunes 4 de julio, acerca del cierre y la expulsión de la Asociación Misioneras de la Caridad, de la Orden Madre Teresa de Calcuta: “Lamentamos profundamente el dolor de tantos hermanos nuestros que ya no tendrán las atenciones que recibían de las hermanas”. Y citó para ellas el cardenal el significativo fragmento del Evangelio de San Mateo: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

Ciertamente, no puede haber personas más limpias de corazón que estas monjitas que solo caridad prodigaron durante los 36 años que estuvieron en Nicaragua.

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