Una ley para frenar conductores ebrios

A raíz de la lamentable muerte del ciclista, accidente provocado por un conductor manejando en estado de ebriedad en las cercanías del Hospital Vivian Pellas, en la Carretera Masaya, escribí un artículo alertando sobre la necesidad de crear una ley que ayudara a disuadir a los irresponsables que toman un timón después de estar ingiriendo licor, sin pensar en el daño que pueden causar.

En esa ocasión hice mención sobre leyes que en otros países han funcionado y que han logrado disminuir considerablemente los accidentes fatales causados por conductores manejando en estado de embriaguez.

Ahora quiero referirme nuevamente sobre el mismo tema. En semanas recientes otro conductor causó la muerte de un médico en la entrada de Las Colinas, en la Carretera Masaya, mientras conducía bajo los efectos del alcohol. No habían pasado veinte y cuatro horas, cuando los medios de dilución dieron a conocer la noticia de que otro conductor había embestido una motocicleta, dando como resultado la muerte de sus dos ocupantes.

Esto me hizo buscar información tanto en la Cruz Roja como en las oficinas de Tránsito Nacional tratando de saber sobre las estadísticas de accidentes ocasionados por conductores ebrios. Y aunque no he podido a la fecha tener una cifra exacta, puedo decirles que el número de accidentes fatales es espeluznante, pues son más de un centenar. Solo en el 2021, la Cruz Roja reporta más de 700 atenciones con un alto porcentaje de accidentes que resultaron fatales.

Esto no puede continuar. Ya es tiempo que las autoridades, en este caso la Asamblea Nacional, legisle al respecto endureciendo las penas y ampliando las responsabilidades a otros autores que son corresponsables de dichos accidentes, por permitir o fomentar de manera irresponsable que estos señores tomen un timón, en algunos casos en un estado de seminconsciencia.

Personalmente prometo abordar el tema con algunos diputados para auscultar la posibilidad de legislar al respecto y persuadir mediante leyes aprobadas por ese poder del Estado a los responsables y corresponsables de futuros accidentes por manejar arriba del límite permitido.

Entre las leyes que han adoptado otros países que han dado resultados positivos, están las siguientes: si una persona está ingiriendo licor en un lugar público, barra, taberna o restaurante, el mesero está obligado a reportarle al dueño o mánager del local que hay un parroquiano que ya está bebido en exceso y que debe de negársele servirle más licor.

Una violación a esta disposición conlleva responsabilidad para el dueño del local y el mesero, si esa persona ocasionara un accidente. Si la persona está ingiriendo licor en una fiesta privada, el responsable debe velar que sus invitados no se excedan, sobre todo si saben que esa persona anda conduciendo un automóvil.

Otra medida podría ser no permitir la venta de bebidas alcohólicas en lugares de expendio tales como supermercados o cualquier otro lugar que venda al público, a personas que lo soliciten y que su estado de embriaguez sea evidente. Continuar dando la espalda a esta pandemia de conductores responsables de accidentes, muchos de ellos fatales por la imprudencia de manejar bajo los efectos del licor, nos convierte en corresponsables por omisión al no dar un paso al frente como sociedad pudiendo evitar futuro dolor a las familias nicaragüenses.

En próximos artículos estaré refiriéndome al tema y prometo comentarles qué tanta receptividad tenga entre los diputados que aborde. Pienso avocarme a las asociaciones o confederación si es que existen de los alcohólicos anónimos, conseguir cifras concretas de accidentes atendidos ocasionados por conductores ebrios, así como indagar más a profundidad en las estadísticas de las oficinas de Tránsito Nacional. Y con estas estadísticas en mano impulsar una campaña de concientización para que nos demos cuenta que como sociedad debemos hacer más para frenar la pandemia en que se han convertido los accidentes ocasionados por conductores manejando bajo los efectos del alcohol.

El autor es comentarista político y social.

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