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Yolanda Jarquín conserva una foto de ella misma, cuando tenía 29 años de edad, y su hija Marlin, quien le fue robada cuando tenía seis meses de edad. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

La dramática búsqueda de una madre desde hace 50 años

A Yolanda Jarquín se le secaron las lágrimas de tanto llorar. Le robaron a su hija de seis meses de edad en 1972. Desde entonces no ha desistido de buscarla. Hoy, a sus 79 años de edad, todavía espera encontrarla

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Juana Yolanda Jarquín Martínez tiene 79 años de edad, pero los últimos 50 los ha vivido con el corazón desgarrado, desde que una mujer desconocida le robó a su niña que entonces tenía seis meses de edad.

Lloró. Lloró. Y lloró. Ha vivido angustiada, buscando a su hija desde aquella funesta tarde del 24 de mayo de 1972, a pocos días de celebrarse el Día de las Madres. Para entonces, vivía en la recién creada colonia Unidad de Propósitos. Hasta el día de hoy, no ha encontrado una sola pista que la lleve de regreso a su hija.

Las pocas lágrimas que le quedaban las terminó de derramar en 1983, cuando un cáncer en el cerebro le arrebató a su segundo hijo, el que había nacido un año después del secuestro de su primera hija. Este niño, aunque no llenaba el vacío dejado por la niña, era el consuelo de Yolanda. Un niño inteligente, amoroso, sencillo, estudioso y, a como su madre le había enseñado, entregado “a las cosas de Dios”.

En la actualidad, Yolanda ya no llora. Se le secaron los ojos, considera su sobrina Daysi Baquedano, quien lo comprobó recientemente cuando falleció la madre de ella, hermana de Yolanda. La “tía Yoli”, a como ella le llama, era bien cercana a su hermana.

No obstante, aunque esos ojos ya no derraman lágrimas, en el rostro de Yolanda se refleja dolor, sufrimiento y tristeza. Detrás del trato amable que tiene hacia las demás personas, Yolanda oculta muchos pesares.

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Lo que a Yolanda no se le ha secado es la esperanza de hallar a su hija, Marlin del Socorro Alvarado Jarquín, quien nació hace 50 años y seis meses, un 25 de noviembre de 1971. “Mi tía nunca ha desistido de buscar a su hija”, afirma Baquedano.

La niña

Nacida en el municipio de Santa Lucía, en Boaco, Yolanda Jarquín llegó joven a Managua para trabajar y salir adelante. Primero laboró en una confitería y después aprendió el oficio de modista.

Se convirtió en ama de casa cuando se casó, en febrero de 1971, con José Ángel Alvarado Baldelomar, mejor conocido como Rafael.

El 25 de noviembre de ese mismo 1971, les nació una niña, a quien nombraron Marlin del Socorro, pero solo la disfrutaron seis meses. Como señas particulares, la niña nació con una hernia umbilical y un lunar, como una mancha, en el lado izquierdo del abdomen. Un hermano de Yolanda bromeaba con el lunar, porque decía que parecían “dos gallinitas” que una iba siguiendo a la otra.

El rostro de la niña fue como que se lo había robado al papá. Se parecía mucho a él.

Poco después de casarse, la pareja se fue a vivir a una vivienda en la colonia Unidad de Propósitos, que era propiedad de un hermano de Yolanda. Rafael trabajaba como técnico en radio y televisión, mientras Yolanda se dedicaba a cuidar de la niña.

En esta imagen, Yolanda Jarquín, a la derecha, carga a su hija Marlin pocos días antes que se la robaran. La mujer de la izquierda estuvo investigada por el secuestro de la bebé, ya que en una ocasión dio a entender, en broma, que se la iba a robar. Pero la Policía la soltó a los pocos días de haberla detenido. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

La desgracia tocó la puerta en la vida de Yolanda un 23 de mayo de 1972. Ese día, su mamá, Irene Martínez, se quedó sola con la niña y se sentó con ella en la entrada de la casa, con la puerta semi abierta, cuando pasó una mujer desconocida preguntando por una mujer de nombre Martha.

Mientras creaba conversación con Irene, la desconocida metía una de las manos por la verja y tocaba a la niña. “Qué linda la niña”, decía.

Al día siguiente, 24 de mayo, Irene y su hija Yolanda llegaron a la conclusión de que era la misma mujer, la desconocida volvió a pasar por la casa, pero acompañada de otra mujer. Eran aproximadamente las 6:00 de la tarde y esta vez era Yolanda quien estaba sola con la niña, a quien vistió con un pijama rosada.

La mujer dijo que era amiga de la mamá de Yolanda y entró a la casa.

Se trataba de una “mujer de regular estatura, recia, de cuerpo bien formado, pelo liso, largo hasta la espalda, con partido en medio, cara alargada, de voz suave y cariñosa con la niña”.

En declaraciones que Yolanda brindó a los periódicos en aquel momento, explicó que algo extraño le sucedió, pues no pudo reaccionar ante la presencia de aquella mujer, quien hasta cargó a la niña en los brazos y la apretó contra el pecho diciéndole: “Carlita, Carlita, qué linda mi Carlita”.

“No se llama Carla. Se llama Marlin y mañana va a cumplir seis meses”, fue de lo poco que Yolanda pudo decir a la desconocida.

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Yolanda les relató a los periodistas que la mujer la quedó viendo fijamente a los ojos por un buen rato, tomó a la niña y luego de cargarla le dijo: “Ya se la regreso, solamente iré a la parada de bus a dejarla a ella (la otra mujer)”.

Yolanda no se explica qué le pasó. Quedó como muda. Tuvo ganas de gritar, pero no pudo.

“Me quedé paralizada, viendo cómo salía de mi casa con mi niña. No fue sino hasta minutos más tarde que corrí desesperada tras ella, pero era demasiado para mi tensión nerviosa, siendo imposible alcanzarla”, narró Yolanda en aquel momento.

Ni una pista

Yolanda casi se volvió loca. Corría por los andenes de la Unidad de Propósitos buscando a la mujer con su niña. Corría, corría y corría. Hasta que una enfermera la hizo aterrizar.

La enfermera le preguntó qué le pasaba y Yolanda le contó todo. “A esa niña te la robaron”, le dijo. Yolanda se dio cuenta en ese momento de la magnitud de la tragedia.

Regresó a la casa, alertó a la familia, pusieron la denuncia en la Policía y siguieron buscando a la niña toda la noche.

La siguieron buscando al día siguiente, al otro, todos los demás días. A los 20 días la Policía dijo que no tenía ni una pista de la desconocida con la niña.

José Ángel Alvarado Baldelomar, conocido como Rafael, murió hace dos años sin conocer qué pasó realmente con su hija Marlin del Socorro. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

Infructuoso resultó un retrato hablado que se hizo de la mujer, con las declaraciones de testigos, vecinos de Yolanda, que dijeron haber visto a la mujer con la niña.

Poco a poco, las autoridades fueron dejando en el olvido el caso. Después vino el terremoto y nada de la niña. La Policía habló de que se trataba de un “extraño suceso”.

Los años han pasado, pero Yolanda todavía busca a su hija. Durante estos 50 años, han aparecido tres mujeres con la probabilidad de ser Marlin del Socorro, pero las pruebas de ADN han desvanecido esas posibilidades.

Una fue una adolescente de quien dijeron que era parecida a una tía. Yolanda se entrevistó con la joven, pero resultó que no era Marlin.

Luego, apareció una muchacha llamada Karla Morales, quien vivía en Estados Unidos. Llegó a Nicaragua y tuvo un encuentro con Yolanda.

Daysi Baquedano cuenta que el encuentro fue muy emotivo, la forma en que las dos mujeres se miraban, como una madre con su hija. Se abrazaron. La prueba de ADN las desengañó. Karla Morales ya encontró a su verdadera mamá.

El niño

Un año después de la desaparición de Marlin del Socorro, Rafael y Yolanda adquirieron una casa propia en Las Américas Uno y allí les nació un hijo varón. Le llamaron Marlon, en honor de Marlin. Marlon José Alvarado Jarquín.

Resultó ser un niño que se enfermaba con frecuencia. Yolanda lo llevó muchas veces al médico.

Daysi Baquedano lo describe como un niño “delgadito, inteligente, amorosito, sencillo, estudioso”. Como la mamá es evangélica, el niño creció muy apegado “a las cosas de Dios”.

De repente, antes de cumplir los 10 años de edad, el niño comenzó a mostrarse decaído. Se dormía en las clases.

Lo llevaron al hospital Fernando Vélez Paiz. Al principio dijeron que eran parásitos. Cuando los problemas de salud del niño se agudizaron, lo llevaron al hospital Antonio Lenin Fonseca. Allí le diagnosticaron tumor cerebral.

El niño Marlon José Alvarado Jarquín, segundo hijo de Yolanda, murió en 1983, a los 10 años de edad, debido a un tumor cerebral. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

El niño estuvo 15 días hospitalizado. Daysi Baquedano recuerda que lo llegó a ver. Ya tenía la cabeza rapada, pero mostraba una sonrisa que a ella nunca se le olvida. Una sonrisa que no ha vuelto a ver.

A las 7:00 de la noche del 14 de octubre de 1983, murió Marlon. Ya había cumplido los 10 años de edad.

Yolanda trató de aventársele a un carro para que la matara, pero la mamá, Irene, le vio las intenciones y la detuvo.

Después, trató de no volverse loca. Todos los días iba al cementerio Oriental a platicar con su hijo. A veces se encerraba en el baño pidiéndole a Dios que le permitiera ver al niño.

Llegó el momento en que no volvió a derramar lágrimas.

Esa década, la de los años ochenta, fue dura para Yolanda. En esos mismos años se le murieron su mamá, su hermano, a quien veía como hijo, y su padre.

Viviendo por Marlin

Yolanda todavía busca a Marlin. A veces cree que su hija puede ser ya fallecida y espera reunirse con ella después de la muerte. Pero esos pensamientos son pocos. La mayoría de las veces cree que está viviendo porque todavía puede hallar a su hija.

En los últimos días se ha sentido enferma. Decaída. Está algo frustrada. Han sido 50 años de búsqueda infructuosa.

Lo bueno es que la familia no la abandona, siempre están al pendiente de ella su hermana menor, sus sobrinas, entre otros.

Ahora, con las nuevas tecnologías, las redes sociales principalmente, las sobrinas han intensificado la búsqueda de Marlin. No ha habido ni una señal de ella.

Hace ya varios años que Yolanda se separó de Rafael, quien falleció hace dos años sin haber encontrado a su hija, porque él también la buscaba.

Hace poco, Yolanda perdió dos hermanas, entre ellas la madre de Daysi Baquedano. La vida la ha golpeado mucho desde que le robaron a su hija, hace exactamente 50 años. Ella todavía busca a Marlin.

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