Éxitos y fracasos de la democracia en la Cumbre de las Américas

En las ocho Cumbres de las Américas celebradas hasta antes de la que se está realizando en Los Ángeles, Estados Unidos (EE. UU.), hubo clamorosos éxitos y graves derrotas para la democracia.

Muy exitosa fue la primera Cumbre, que tuvo lugar en Miami del 9 al 11 de diciembre de 1994. Doña Violeta Barrios de Chamorro era la presidenta de Nicaragua y participó en aquel magno e histórico evento.

Todos los jefes de Estado y de Gobierno que estuvieron en la primera Cumbre eran democráticos, solo en Cuba había dictadura y por eso su cabecilla, Fidel Castro, no fue invitado a participar.

Precisamente la primera Cumbre de las Américas fue un gran éxito para la democracia, porque se instituyó como un foro de jefes de Estado y de Gobierno democráticos, surgidos de elecciones legítimas, libres y limpias, con el compromiso de promover y defender la democracia en el hemisferio.

También fue muy exitosa la tercera Cumbre de las Américas, celebrada en Quebec, Canadá, del 20 al 22 de abril de 2001, porque allí se decidió que para la defensa activa de la democracia era necesario un instrumento adecuado de carácter jurídico y político. Y mandó a la Asamblea General de la OEA a aprobar la Carta Democrática Interamericana.

Para entonces, Hugo Chávez ya era presidente de Venezuela, había sido elegido democráticamente el 8 de noviembre de 1998 y participó en la Cumbre de Quebec. Pero Chávez, militar de carrera, había mostrado sus colmillos antidemocráticos desde antes de ser elegido presidente de Venezuela, cuando intentó tomar el poder por medio de un sangriento golpe de Estado “revolucionario”, en febrero de 1992.

En la misma III Cumbre de las Américas, Chávez cuestionó el proyecto de declaración final, que lo aprobó con reservas escritas en lo referido a la democracia representativa, alegando que se debió incluir la llamada “democracia participativa y popular”, con la que suelen enmascararse las dictaduras.

La siguiente Cumbre hemisférica, la cuarta, que se realizó en Mar del Plata, Argentina, fue un rotundo fracaso para la democracia y un resonante triunfo para la izquierda radical. En Brasil y Argentina gobernaban los presidentes izquierdistas Lula da Silva y Néstor Kirchner, que aliados con Hugo Chávez hicieron fracasar la propuesta de EE. UU. de crear la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que habría traído desarrollo y prosperidad a los pueblos de América Latina y el Caribe.

La otra gran derrota de la democracia hemisférica ocurrió en la Séptima Cumbre, celebrada en Panamá el 10 y 11 de abril de 2015. La izquierda gubernamental hostil a la democracia representativa se había fortalecido con presidentes izquierdistas en Ecuador, Bolivia, El Salvador y Nicaragua (Daniel Ortega estuvo presente). Y aprovechando las flaquezas políticas del presidente estadounidense Barack Obama, y del gobierno de Panamá, el dictador de Cuba, Raúl Castro, logró colarse en la Cumbre desnaturalizando el magno evento de la demo6cracia continental.

La Cumbre volvió por sus fueros democráticos en su octava edición, realizada en Lima, Perú, el 13 y 14 de abril de 2018, al no permitir la participación de Nicolás Maduro, quien se había impuesto como presidente de Venezuela mediante un descarado fraude electoral y una gran represión. Esa actitud de defensa de la democracia se ha repetido ahora, en la Novena Cumbre, a la que no fueron invitadas las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Pero la Cumbre de las Américas está cada vez más a la defensiva y la democracia que debe defender, retrocede en todas partes de la región. Es comprensible, entonces, que voces autorizadas propongan no celebrarla más. Y que EE. UU. dialogue y negocie de manera bilateral, o en grupos subregionales, con los países que quieran hacerlo, sean democracias, dictaduras o gobiernos alcahuetes de los regímenes autoritarios.

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