Obispo Álvarez clama por el perdón y la reconciliación

Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, clamó por el perdón y la reconciliación entre todos los nicaragüenses.

En la homilía de una misa especial que ofició el pasado jueves 2 de junio, en ocasión del “Encuentro Diocesano de Docentes de Matagalpa”, el obispo Álvarez dijo que “tenemos urgencia del perdón, de perdonarnos todos… En Nicaragua —aseguró el prelado católico— nadie podría o debería decir solo soy yo el que necesita ser perdonado; todos tenemos que perdonarnos, claro está, con la memoria histórica, para no cometer los mismos errores que hemos cometido”.

Se puede entender que al decir monseñor Álvarez que hay que perdonar, pero con la memoria histórica, se refiere que es necesario hacer justicia a las víctimas de los crímenes cometidos, particularmente durante la rebelión cívica de abril de 2018 y la represión de los meses siguientes.

Pero el perdón tiene que ser de todos los nicaragüenses, de los opositores y de los partidarios del régimen, que estaban en ventaja, pero también pusieron su cuota de sangre en aquellos trágicos acontecimientos.

Es obvio que el obispo Álvarez no habla en este caso en representación oficial de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Lo hace a título personal y en nombre de las Diócesis que preside y administra. Pero expresa con sus palabras a favor del perdón y la reconciliación, la sustentación ética y la vocación pastoral de la Iglesia católica, de Nicaragua y universal.

“Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre”, se dice en el Catecismo de la Iglesia católica, parágrafo 1442. En ese espíritu hay que apreciar las palabras del obispo Álvarez.

La Iglesia católica no es un destacamento de vanguardia en la lucha contra el régimen establecido, como absurdamente este parece o finge creerlo para justificar la persecución religiosa. Y como parecen creerlo también algunos en la oposición, que esperan absurdamente que la Iglesia haga lo que ellos no pueden hacer.

La Iglesia católica se ha comprometido claramente en auxiliar a los perseguidos y consolar a las víctimas. Pero su misión es ser promotora del perdón y la reconciliación, la única manera, como ha dicho monseñor Álvarez, de “construir la paz social, la paz de la comunidad”. Y por lo consiguiente la paz de las personas y de las familias que nace de “la cultura del respeto y la escucha”, indispensable esto para entender los sentimientos y respetar los intereses de los demás.

En el ambiente de extrema polarización e intolerancia que prevalece en Nicaragua es muy difícil, por no decir imposible, que por ahora las prudentes palabras de monseñor Rolando puedan ser escuchadas y atendidas.

Pero no son una prédica estéril en el desierto. Son palabras que señalan el mejor o el único camino a seguir para lograr la concordia nacional, y tarde o temprano tendrán que ser atendidas. Por el bien de Nicaragua y de todos los nicaragüenses, sin excepción.

Editorial
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