Byron Bonilla abraza a Josué Quijano tras el primer gol. LAPRENSA/JADER FLORES

Nicaragua sobrevive al diluvio y demuestra el tamaño de su corazón contra Trinidad y Tobago en la Liga de Naciones

Más allá de la calidad del encuentro o si se mejoró en concatenación de pases y creación de espacios, Nicaragua debía ganar como fuera posible y lo consiguió, gracias a un director de orquesta llamado Byron Bonilla, quien se cortó el pelo, pero mantuvo su poder

La Azul y Blanco demostró en su primer partido de la Liga de Naciones contra Trinidad y Tobago el tamaño de su corazón al ganar 2-1. No importó que antes del juego cinco jugadores fueran apartados por covid-19, tampoco jugar bajo un diluvio, el apagón del minuto 68’ no fue capaz de enfriar el calor de su juego y el grave error del portero Douglas Forvis no cegó a un equipo con la ambición de estar a la altura de los más de 18 mil fanáticos que se dieron cita en el Estadio Nacional de Futbol. Más allá de la calidad del encuentro o si se mejoró en concatenación de pases y creación de espacios, Nicaragua debía ganar como fuera posible y lo consiguió, gracias a un director de orquesta llamado Byron Bonilla, quien se cortó el pelo, pero mantuvo su poder, colocándose la capa de héroe con el espectacular gol de derecha al minuto 77 que hundió a los trinitenses y levantó la euforia de una nación.

El primer tiempo fue muy parejo. Nicaragua era incapaz de generar espacios, lo intentaba por las bandas, ante la imposibilidad de penetrar la defensa de Trinidad y Tobago, buscaba centros inútiles, era Blanca Nieves y los siete enanitos en el área de los caribeños. Byron Bonilla fue el jugador más activo en la primera parte. Tuvo un tiro libre peligroso, pero Phillip evitó su entrada, aunque Bonilla tenía el ímpetu, rápidamente era anulado. Se tuvo la sensación que la Azul y Blanco tocó más tiempo la pelota y manejó la posesión, sin embargo, se debió a que los trinitenses preferían esperar atrás en su área y evitar cualquier traspiés.

Levi García fue el jugador que más dolores de cabeza le causó a la saga defensiva con un cabezazo y un disparo tapado por la defensa que acarreaba malas intenciones. Y mientras el marcador parecía descansar en los primeros 45 minutos, Josué Quijano quebró el empate con un toque de suerte. Keston Julien, el jugador del Sheriff que derrotó al Real Madrid en la Champions League, trató de tapar el disparo de zurda de Josué Quijano, pero no se dio cuenta que gestaba su propia sepultura por culpa del desvío, haciéndole camino a la pelota y convirtiéndola en un trazado imposible para el arquero Marvin Phillip al minuto 45+2.

¡Cómo hizo falta el Pulpo Espinoza! En el arranque de la segunda parte un error de Forvis le cortó la respiración al equipo. Un centro de Shannon Gómez desviado por Christian Reyes entró en globo y en cámara lenta, mientras Forvis calculaba mal el esférico, a pesar de haber llegado con tiempo para rechazar el endeble tiro. Era el minuto 46 y Nicaragua pasó de la alegría del gol de Quijano a la tristeza de Forvis. No obstante, otra vez el granadino Bonilla se echaba al equipo al hombro disparando de larga distancia, aunque sin mucha consecuencia, pero era el augurio de lo que se venía.

El apagón que dejó en tinieblas el Estadio Nacional reinició el hambre y el corazón empezó a bombear más aceleradamente en la tropa nacional. Sobrevivieron a un aluvión de Trinidad y Tobago que llegaron con más entusiasmo que claridad. Matías Belli se activó en la media cancha y encontró una oportunidad clara al llegar a línea de fondo contra el arquero Phillip, otra vez haciéndose héroe. La presión alta de Nicaragua provocó la recuperación de la pelota y Belli asistió a Bonilla que culminó una noche mágica con un disparo fuera del área y con los ingredientes para llegar a las redes: poder y precisión. Gritó el Mokorón y el si se puede se convirtió en si se pudo.

Deportes Azul y Blanco Selección Nicaragüense de Futbol archivo

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