A 4 años de la barbarie de aquel Día de las Madres

Posiblemente el día más fatídico para muchas madres en Nicaragua sea el 30 de mayo de 2018. Y también probablemente será recordado como uno de los peores días del partido sandinista y su gobernante, el dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, por haberse ensañado y asesinar a muchas personas, jóvenes sobre todo, en un día tan grande para los nicaragüenses, como lo es el Día de las Madres. Aunque, claro está, en una sociedad con valores y principios todos los días son de enaltecimiento y cariño efectivo a ese ser que nos dio a vida y nos trajo al mundo.

El 30 de mayo de 2018, en las ciudades de Estelí, Chinandega, Masaya, Managua y otras, la ciudadanía se autoconvocó para protestar cívicamente en contra del represivo régimen de Ortega. Como ya anteriormente se habían realizado otras protestas desde abril de ese mismo año después de que el gobierno intentó rebajar aún más las escasas monedas que reciben los jubilados, recibiendo una grandiosa solidaridad de parte de los jóvenes prácticamente de todo el país y luego de todo el pueblo, lo que Ortega no aguantó y tuvo que reprimir a la gente que se manifestaba contra él.

Desde ese 18 de abril las cosas cambiaron para siempre en Nicaragua, y aunque algunos aún no lo consideran así, para muchos esa fecha simboliza el día del auténtico cambio de visión y protesta política. Más grande quizás que el 19 de julio, pues los postulados de la revolución sandinista se fueron a pique convirtiendo la «revolución» en un sistema de vicios, corrupción y autoritarismo, más grande que el somocista contra el cual ellos habían hecho una revolución, pero esta, desde sus inicios cometió los mismos vicios de poder y prepotencia que los cometidos por el sistema que derrocaron. Es más, a lo largo de estas cuatro décadas desde finales de los 80, han superado con creces sus maldades y fechorías.

Y dentro de ese balance y contrabalance, a pesar de los males sociales heredados por la dinastía de los Somoza, esta se sobrepone ante la historia con grandes réditos en la bonanza económica que dejó, que en nada se compara con la economía sandinista, que ya en dos ocasiones ha hundido al país en la más grande miseria social de toda su historia. Por eso los jóvenes y la sociedad en su conjunto volvieron a las calles, a las protestas cívicas y a una insurrección cívica que estuvo en 2018 a punto de derrocar a la dictadura sandinista.

Como parte del engranaje de los países comunistas que conforman el Socialismo del Siglo XXI, las medidas represivas de Ortega fueron emitidas desde el G 2 cubano, mismo que controla a Nicolás Maduro en Venezuela, al mismo régimen cubano de Raúl Castro y Díaz-Canel, al gobierno despótico de Bolivia y ahora mete las manos en otros países como Perú, Argentina y México. Esa lucha del pueblo de Nicaragua es la misma de casi todos los países de Latinoamérica tratando de librarse del yugo socialista, comunista y represivo que amenaza con controlar a todo el continente, a Europa y a todo el mundo. Qué bien que Colombia eligió ir a una segunda vuelta, frenando por ahora los intentos de esa izquierda carnívora y maléfica, delincuencial y narcotraficante.

Volviendo a las madres adoloridas de Nicaragua, ese 30 de mayo muchas de ellas perdieron a sus hijos, asesinados por francotiradores. En Managua, desde el Estadio Nacional Dennis Martínez (por cierto no concibo como esa gloria del deporte nacional, Dennis Martínez, no ha pedido abiertamente al dictador que oficialmente le quite su nombre a dicho estadio.

Según el diccionario global wikipedia, «la masacre de ese día 30 de mayo permanece en la impunidad y nadie ha sido juzgado por ella». Por eso considero que el mundo no debe dejar pasar por alto estos crímenes cometidos en el país, mientras el dictador pretende y hasta exige que Estados Unidos y la Unión Europea le quiten las sanciones, a él y a su familia, como si nada malo hubiesen cometido. No obstante, un día no muy lejano deberá aplicarse la justicia en la que deben pagar por sus fechorías aquellos que cometieron graves delitos de lesa humanidad.

Cuando los historiadores escriban sobre estos negros episodios en Nicaragua, con toda seguridad incluirían en sus relatos la tristeza, el llanto eterno y la desolación de miles y miles de madres que vivieron y continúan sufriendo los horrores de esta dictadura.

La autora es empresaria, emprendedora y activista de Derechos Humanos. Estadounidense de origen nicaragüense. Actualmente se ha postulado al cargo de comisionada por el Circuito 12 de Miami Dade.

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