Columna de Dennis Martínez en el diario LA PRENSA

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Cómo sobreviví 23 años en Grandes Ligas con solo dos lesiones

Hay muchos factores que traen como consecuencia el incremento de las lesiones, pero no soy ningún experto en el tema y tampoco pretendo juzgar a los peloteros actuales, simplemente relatar un poco mi experiencia de jugador profesional de 26 años y 23 en las Grandes Ligas

La epidemia de lesiones en Grandes Ligas ataca cada vez más a los jugadores. Recientemente Nicaragua perdió a su mejor lanzador, como es el relevista Jonathan Loáisiga, quien pertenece a los Yanquis de Nueva York, pero en general los números de peloteros enviados a la lista de lesionados incrementan temporada tras temporada. Durante 25 años como jugador profesional solo recuerdo haberme lesionado en dos ocasiones por tendinitis en el brazo y me perdí 30 días, eso sucedió debido a que estaba un poco fatigado por haber sido utilizado en exceso. Y no se trata que tenía músculos de hierro, que al gallopinto que comía tenía más vitaminas o en la tortilla con queso había una pócima secreta que me protegiera de las lesiones.

Hay muchos factores que traen como consecuencia el incremento de las lesiones, pero no soy ningún experto en el tema y tampoco pretendo juzgar a los peloteros actuales, simplemente relatar un poco mi experiencia de jugador profesional de 26 años y 23 en las Grandes Ligas. Siento que todo ha cambiado, no solo el beisbol, el mundo se vuelve cada vez más dependiente de algo, la tecnología y la evolución nos ha facilitado tanto las cosas que se ha perdido un poco el valor del esfuerzo.

Partiendo, de eso como premisa, antes en el beisbol dependías de vos mismos para alcanzar tu mejor forma, no de tantos preparadores o de aparatos tecnológicos. Entiendo la importancia de tener el conocimiento de otros y lo clave que es absorberlo, pero al final el jugador debe estar claro que su cuerpo es su negocio, su herramienta de trabajo. Ahí aprendíamos el sentido de la responsabilidad. En mi caso la clave para evitar lesiones se concebía desde mucho antes de iniciar una temporada. Si la temporada empezaba en abril, era un tipo raro o más bien metódico, porque en noviembre comenzaba mi régimen de entrenamiento: primero era trotar, luego correr y así fortalecer las piernas que son el combustible de un lanzador.

Cuando las piernas estaban sólidas, en diciembre continuaba con el estiramiento y soltar el brazo poco a poco; en enero mi brazo iba encontrando fortaleza y mis lanzamientos estaban domados. Al momento que los jugadores eran llamados al Spring Training, siempre estaba a un 90 por ciento. Recuerdo que la mayoría iba en mi estado de forma, pero como todo en la vida había algunos que no tomaban las cosas enserio. Recuerdo momentos del Spring Training que debíamos tirar 20 lanzamientos y mi brazo se reía porque ya tiraba 50 o 60 lanzamientos, estaba listo.

Ahora veo cómo el beisbol ha desarrollado y se prioriza la fuerza, se hacen más ejercicios que producen músculos y se ha dejado a un lado el sistema de la vieja escuela. También en el afán de facilitarle toda la información a los beisbolistas se ha perdido ese instinto que te hace pelotero: el detectar las debilidades del oponente, olfatear el momento clave para hacer uso de un picheo, es decir, siento que se limita el desarrollo de la inteligencia. En el caso de los pícheres se prioriza el tipo que tira piedra, aunque no sepa el verdadero arte de lanzar, que la construcción del lanzador natural que entiende el juego. Por otro lado, muchos lanzadores actuales no usan las piernas, todo es de la cintura para arriba y ahí generan la fuerza y velocidad de la bola, al no hacer un movimiento y uso correcto de las piernas hacen que tengan un giro brutal y se dañan. Otro factor puede ser el uso excesivo y hasta nocivo de un solo picheo, todo en exceso es malo y muchos brazos se dañan por ese motivo.

Mientras pueda siempre estaré en movimiento. A mis 67 años todavía corro día de por medio entre cinco y seis kilómetros, además de hacer otros ejercicios. Lo hago por mi salud, porque fue mi rutina durante décadas, porque me ayuda a pensar y porque, aunque ya no sea un beisbolista activo, no quiero lesionarme en mi vejez.

Deportes Jonathan Loáisiga archivo

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