Pedro Mendoza quería que su hijo Erick fuera beisbolista porque a todos en la familia les gustaba ese deporte. Si un entrenador llegaba a buscar a su hijo para jugar futbol no le daba permiso o le escondía los zapatos. Erick metía en el fondo del bolso los tacos y el uniforme para después del partido de beisbol escaparse al campo de futbol de Sébaco. Deseaba tanto ser futbolista que pidió permiso en la planta de cacao donde trabajaba para salir dos horas antes y viajar a Estelí a los entrenamientos con el FC Estelí de la Liga de Ascenso. Diez años después de ese último sacrificio se convirtió en el primer jugador matagalpino en disputar ocho finales consecutivas en la historia de la Liga Primera.
“Esto nunca lo soñé. De hecho ni pensaba en salir campeón cuando empecé en el Madriz”, confiesa Erick, de 29 años, quien empezó su carrera en la Liga Primera con el Madriz en 2013, después pasó al Diriangén en el 2016, se marchó al Managua en el 2018 donde disputó cuatro finales de liga al hilo y retornó al Diriangén en el 2020 para unirse este sábado al nica hondureño Elmer Mejía, el esteliano Eliud Zeledón, el jinotepino Franklin López, el nica mexicano Manuel Rosas, el chinandegano Samuel Wilson y el masayés Justo Lorente como los únicos futbolistas con ocho o más finales al hilo, aunque todos ellos las consiguieron en el Real Estelí cuando gobernó sin oposición el futbol nicaragüense en diferentes momentos entre el 2006 y 2020.
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Renunció a su trabajo en la fábrica de cacao cuando el Madriz lo fichó en 2013 para jugar en la Liga Primera. En el FC Estelí recibía una ayuda y en Somoto un pago por el que decidió arriesgarse para perseguir un sueño y ayudar económicamente a su familia. De su paso por el Diriangén y Managua le construyó un apartamento a su hijo Darick, ayudó a remodelar la casa de sus padres. Actualmente está pagando un terreno donde planea construir su casa y después montar un negocio de artículos deportivos, sin embargo ve complicado poder alcanzar esa meta si se mantiene jugando futbol.
“Si la oferta económica al final del torneo no es más o menos como la espero, estoy pensando en ir a probar suerte a Estados Unidos. Todo lo pongo en las manos de Dios porque sus planes pueden ser otros”, confiesa Mendoza, quien resaltó que no hay mejor forma de irse que ganando el título 30 con el Diriangén. «Me dolería dejar de jugar, no lo quiero hacer, sin embargo pienso en el futuro de mi hijo y en mi familia. Jugando me siento bien, pero cada día todo está más caro y no sé el contrato que voy a tener. El corazón lo tengo que poner a un lado por el bienestar de mi familia”, asegura el matagalpino, nombrado el mejor lateral de la temporada 2020-21 de la Liga Primera.