Tenía rato de querer escribir sobre este tema, pero por lo álgido del mismo y porque definitivamente toca sentimientos de compatriotas que tienen sobradas razones para ubicarse entre los maximalistas, lo había estado posponiendo. El editorial de LA PRENSA del pasado 21 de abril, titulado “Qué hacer después del cuarto aniversario de abril”, me animó a escribir este artículo, pues, si hay un medio de comunicación que tiene motivos más que suficientes para estar en la fila de los maximalistas ese es el Diario LA PRENSA, no creo que haga falta mencionarlos.
Para que puedan opinar sobre lo que me estoy refiriendo les comparto algunos párrafos de dicho editorial: Después de los sucesos del pasado 18 y 19 de abril del 2018, el país se dividió en tres grandes partes: una que apoya al régimen, otra que lo adversa y la tercera que es indiferente y solo se esfuerza para sobrevivir en las difíciles condiciones económicas y sociopolíticas del país. El régimen parece no tener mayores problemas con la suspensión de hecho de las garantías constitucionales y el ejercicio de un drástico poder policial… y continúa exponiendo. Económicamente tampoco el régimen parece tener alguna preocupación importante, maneja bien la macroeconomía y disfruta de un satisfactorio financiamiento externo, sin embargo, el país no está normal, termina diciendo.
Estoy consciente de que para nuestros compatriotas que se encuentran fuera de Nicaragua es una exposición difícil de digerir, pero es nuestra realidad al día de hoy. En otro párrafo el editorial agrega que “por mucho apego al autoritarismo gubernamental que se tenga, las lacras políticas mencionadas son factores de inestabilidad e inseguridad para quienes detentan el poder, por lo que debería ser preocupación del Gobierno la normalización gradual que conduzca a una verdadera normalización”. La recomendación a la oposición es que “no debería plantearse objetivos maximalistas como el derrocamiento del régimen, lo que necesita el pueblo es la normalización política y social, esto incluye la excarcelación de los presos políticos, además de asegurar que las próximas elecciones sean libres competitivas y con la participación sin exclusión de todos los partidos políticos”. (Fin de la cita).
Existen varios proverbios nicaragüenses que nos dicen que una cosa es lo que se piensa o cree y otra, la realidad. Uno de ellos es: Una cosa piensa el chancho y otra el que lo va arreando. Por esa razón antes de seguir exponiendo lo que para mí también es nuestra realidad política, quiero decirles que hace rato tuve que tragarme mi sapo maximalista y he optado por el pragmatismo, pues por difícil de digerir que parezca, es nuestra única posibilidad de reencontrar la convivencia pacífica y armónica que necesitamos para desarrollarnos como sociedad y dejar atrás todos los justos resentimientos que nos mantienen como estamos.
Hasta donde mi vista y mi olfato alcanzan, no vislumbro la posibilidad de una revolución como la de la década de los setenta o la de los años ochenta. La mayoría, por no decir la totalidad de los opositores, o están presos o han optado por dejar el terruño. En cuanto a las demandas, denuncias y comunicados de las diferentes organizaciones parecen no hacerle cosquillas al régimen. Por otro lado, tenemos a la comunidad internacional con sus sanciones, las que tampoco han logrado suavizar la situación actual y por más que algunos lo quisieran, no veo a los EE. UU. o a la Unión Europea invadiendo militarmente Nicaragua.
Otra cosa a tomar en cuenta es que, mientras nos mantengamos con posiciones extremas los países que nos están apoyando para lograr la democratización de Nicaragua se seguirán absteniendo de apoyar la salida cívica y continuaremos sumergidos en la profundidad de una estepa y sin brújula alguna, más que la orientación natural del musgo sobre el árbol, el cual siempre nos señala el norte.
El autor es comentarista político