Cuando los asesores no asesoran

Nadie espera que el presidente de una nación sea un erudito en todas las materias sobre las que tendrá que decidir durante el transcurso de su presidencia, pero sí se espera que tenga la sabiduría de rodearse de los mejores asesores posibles, para en su momento tomar las medidas más apropiadas a las situaciones que se le presentaran.

Reagan, considerado uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos, cuando le preguntaron en una ocasión cuál era el secreto de su éxito, contestó; rodearme de los mejores hombres y mujeres y dejarlos hacer su trabajo.

Después del estrepitoso fracaso de la invasión a Ucrania por parte del presidente ruso Vladímir Putin, los servicios de Inteligencia de varios países, así como periódicos y revistas de gran prestigio, han comenzado a especular que fueron sus asesores los que, al no decirle la verdad a Putin sobre su ejército y sus reales capacidades bélicas, lo embarcaron en una aventura de la cual, no importa lo que haga, ya perdió. Pues han quedado al desnudo las limitaciones tácticas y pobre preparación del su ejército, sin olvidar que ha quedado demostrado que la tecnología bélica rusa está muy por debajo de la tecnología de las potencias occidentales.

Pero dejemos a Vladímir Putin en su laberinto, pues la verdadera intención de este artículo es comentar sobre una situación que nos atañe más directamente.

Hace algún tiempo, durante un diplomado en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae) el profesor de economía nos puso un ejemplo sobre los beneficios de la circulación del dinero. Llega una persona a un pueblo, nos decía y busca un hotel donde hospedarse, paga por adelantado 100 córdobas por pasar la noche y se retira, la dueña del hotel quien le adeudaba cien córdobas a su proveedora de viandas, le manda a pagar, esta a su vez que debía a su dentista y manda a pagarle y así los cien córdobas circulan por el pueblo, hasta llegar a una persona que tenía una deuda con el hotel antes mencionado y le paga los cien córdobas, en eso la persona que había dado en adelanto los famosos cien córdobas regresa al hotel y le dice a la dueña que la persona que buscaba no está en el pueblo y que no se quedará, que si puede regresarle el depósito. La dama del hotel le devuelve los cien que le acaban de pagar y el visitante se aleja con sus cien córdobas en su bolsillo. La pregunta era: Que sucedió y cómo se explica el periplo que tuvo el billete.

Recientemente tenía que viajar fuera del país por motivos familiares, mi primera acción fue cotizar el precio del pasaje, la oferta más barata que pude obtener fue de 685 dólares, por lo que tuve que chequear cuánto me costaba saliendo por Costa Rica, el precio que conseguí fue de 198 dólares por el mismo itinerario.

En mi viaje de regreso a San José, un vuelo que debía durar dos horas y media se convirtió en un poco más de tres horas, pues el avión tuvo que sobrevolar la ciudad porque el tráfico aéreo estaba congestionado. Ya en tierra me sorprendió la cantidad de turistas haciendo fila antes de mí, pues fácilmente superaban las 400 personas. Cuando llegó mi turno de mostrar mi pasaporte al oficial de Migración, después de esperar casi una hora la fila, continuaba siendo la misma y no me pregunten en qué hotel me quedé, porque por no hacer reservación después de llamar a varios hoteles, tuve que pernoctar en casa de unos amigos.

La pregunta del millón de dólares es: ¿Por qué el vecino país recibe semejante cantidad de turistas que inyectan a su economía una fabulosa cantidad de dinero? Para mí la respuesta es las facilidades que ofrecen al turismo, así de sencillo. Por eso en esta ocasión para ser consecuente con el título de este artículo, permítanme señalar a los asesores que no asesoran.

El autor es analista político.

Opinión
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