Nuestros muy variados recursos naturales son admirables, pero los desechos plásticos hacen que dejen de ser agradables a nuestros sentidos, empañan todo su atractivo y causan daños irreversibles, pues el plástico dura cientos de años en descomponerse, afectando nuestra diversidad biológica. En nuestras aguas marinas, lacustres y fluviales nadamos junto al plástico. También lo vemos en los cauces de nuestras ciudades en época lluviosa, enfloran calles, mercados y donde se recrean los niños: parques y campos deportivos. ¿Requerimos campañas educativas masivas y sistemáticas para promover un correcto manejo de desechos de plástico o necesitamos acciones más drásticas? El uso de los productos de plástico no es el problema sino a dónde los tiramos, luego de usarlos y en cómo manejamos los desechos.
Hace años un colega en Cancillería, acababa de regresar de Tanzania, y comentaba que el plástico estaba prohibido para envasar bebidas y para las compras se usaban bolsas de tela. A él le impresionó la imagen de limpieza que contrastaba con nuestro país. A propósito de ello, un reportaje de Rocío Periago para El País, de España, señalaba que desde 2015 Tanzania se propuso proteger sus grandes atractivos turísticos, el archipiélago de Zanzíbar y la región del Kilimanjaro y que, desde mediados de 2019, previa una intensa campaña, establece multas y castigos por el uso de bolsas plásticas. Actualmente utilizan bolsas biodegradables.
En febrero de 2022 vi con mucho agrado que, en Nairobi, Kenia, los delegados de la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptaron una resolución que creó un Comité Intergubernamental de Negociación para elaborar un tratado que frene la contaminación con residuos plásticos, que daña las fuentes de agua y el medioambiente en el mundo. Algunos países abogan por frenar la contaminación y regular la producción, uso y su eliminación de plásticos. Otros se enfocan en la contaminación plástica marina y la economía circular, es decir, su reutilización.
Para que tengamos una idea del daño que causan los desechos de plástico, según Naciones Unidas anualmente llegan a los océanos 11 millones de toneladas de residuos plásticos, que afectan a más de 800 especies marinas que los ingieren o se enredan en ellos; y para 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a producir, usar y eliminar plásticos, serán el 15 por ciento de las emisiones permitidas, para limitar el calentamiento global al 1,5°C.
Se estima que el proyecto de tratado listo para fines de 2024. Esta iniciativa contó con el respaldo de 175 países, es apoyada por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y grupos de ambientalistas de la sociedad civil, como Greenpeace. Como es costumbre en Naciones Unidas, muy probablemente se convocará a una Conferencia Internacional, para que se abra a firma de todos los países del mundo un tratado contra la contaminación por basura plástica.
¿Y mientras tanto, cuánto podemos hacer nosotros? ¿Seguiremos emplasticando con desechos las lagunas de Masaya, Tiscapa y los lagos Xolotlán y Cocibolca o avanzaremos hacia un manejo adecuado de los desechos plásticos? Las campañas educativas nos conciernen a todos, pues la conciencia ambiental debemos promoverla desde el hogar, el barrio, la comunidad, la comarca. Todo esto aunado a que muchas pequeñas comunidades han ido mejorando su calidad de vida con la promoción del turismo, que requiere de una imagen amigable con la naturaleza.
Esta iniciativa mundial nos debe llevar a serias reflexiones individuales y sociales con respecto a cómo manejamos los desechos plásticos y acerca de qué país queremos dejar a las generaciones futuras. No esperemos Semana Santa para limpiar las playas, ríos, lagunas y lagos. Hagamos algo mejor no ensuciándolos.