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Mundo
Decía Heráclito que nadie se baña en el mismo río dos veces porque el agua está en movimiento. Lo mismo se podría aplicar para el mundo. El mundo de ayer no es el mismo de hoy. Pero de que el mundo cambie algo cada día a que cambie como cambió estos últimos cuatro años, es otro asunto. Nadie, mucho menos un nicaragüense, pudo siquiera imaginar hace cuatro años la vida que tendría hoy: una rebelión masiva, una brutal represión, pandemia como nunca antes la habíamos visto y henos aquí, al borde de lo que podría ser la Tercera Guerra Mundial.
Abril 2018
Abril de 2018 fue ese momento en que los nicaragüenses nos dimos cuenta brutalmente hacia dónde íbamos. Desde ese momento el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo han estado queriendo convencer al mundo que todo el mal que se vino después es consecuencia de la rebelión de abril. Como quien dice, si han seguido así, nada hubiese pasado, y seguiríamos gobernando, como lo habíamos hecho los diez años anteriores. Nada más falso. Los muertos, los torturados, los asediados, los presos políticos y el exilio masivo no son la consecuencia de la rebelión de abril, sino el resultado de un régimen dictatorial, que se instaló en 2007 y, sea como sea, iba a llegar ahí, porque de ninguna forma estaba dispuesto a dejar el poder por las buenas. Abril lo que hizo fue acelerar su descomposición.
Elecciones
Hasta 2017 yo vivía contado a hijos, amigos y colegas jóvenes mis aventuras de guerra, revolución, escasez, servicio militar y otras tantas peripecias que se vivieron en los años 70 y 80 como “cosas que a ustedes nunca les tocará vivir”. Uno piensa que después de tanta sangre y dolor ya se han aprendido las lecciones. Que la democracia o las elecciones no pueden impedir que un malandrín llegue al poder, pero la garantía era que las mismas elecciones se encargarían de sacarlo. Y, sobre todo, que en estos tiempos —en realidad eran “aquellos tiempos”—nadie tenía que morir para sacar a alguien del poder y, mucho menos, nadie tenía que matar a otros para mantenerse en el poder. Todo eso se derrumbó desde 2008 cuando salieron aquellas hordas machete nuevecitos en mano a impedir las protestas por el fraude electoral de ese año.
Covid
¿Cómo podíamos imaginar una pandemia como la que vivimos con tantos avances de la medicina? Las historias de pandemias como esta solo nos llegaban del medioevo o de principios de siglo pasado. Parecían lejanas. Pero, a partir del 2020, ayer nomás, comenzamos a ser castigados por una peste que nadie entendía, vimos caer muertos a tantos familiares, amigos y conocidos, y tuvimos que vivir encerrados, en paranoia, y usando mascarillas. Repasemos: ¿cuántas personas de su círculo o conocidas ya no están como consecuencia del covid o coronavirus como se le comenzó llamando? El mundo entero quedó volteado, expuesto, tal si fuera un calcetín.
Guerra
La Tercera Guerra Mundial la vivíamos, hasta hace poco solo en películas y videojuegos que es donde debería estar. ¿A quién se le podría ocurrir comenzar una guerra mundial en estos tiempos cuando se sabe que podría terminar con el planeta tal como lo conocemos? Pero aquí estamos, con un loco amenazando con apretar el botón nuclear si no lo dejan salirse con la suya. Pueden ser puras bravuconadas, pero, si revisamos la historia, así comenzaron las grandes guerras que azotaron al mundo. No hay que tomarse estas cosas a la ligera, y creo que la respuesta planetaria a la invasión rusa a Ucrania es una muestra de lo que está en juego.
Cambios
El mundo que teníamos ya no existe. Ese mundo de inocencias, confianzas y certidumbres ya no va más. El mundo cambió. Nicaragua cambió mucho más. Basta imaginar a alguien como Juan Sebastián Chamorro hace cuatro años, exitoso en una oficina de Funides e imaginarlo ahora, por ejemplo. A un Arturo Cruz en sus cátedras del INCAE o, peor aún, a Alvarito Conrado preparándose para su competencia de atletismo o en un encuentro con su comunidad anime, para entender la brutalidad del cambio de millones de casos. ¿Dónde estaban antes y dónde están ahora? Basta ver nuestra propia vida para saber que no somos lo que éramos en un mundo que ya no existe. Así de sencillo.
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