La hora de la deserción

Al igual que en la pobre Cuba de los hermanos Castro y Díaz-Canel, en la también pobre Nicaragua de los Ortega están ya dándose con más fuerza las deserciones de parte de la burocracia sandinista, partidaria y hasta de casos de militantes antiguos como el del “Chino Enoc”, un viejo luchador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuadro histórico de su organización, quien se siente vilmente traicionado no por sus compañeros de armas, sino por el binomio de la pareja presidencial Ortega Murillo y sus descendientes, pues la grave crisis política que envuelve a toda Nicaragua pasa por el primer filtro que es el partido gobernante y sus estructuras en el andamiaje ministerial, entes autónomos y servicio diplomático local y exterior, lo que definitivamente se ira agravando en la medida en que el tiempo pase sin que nada pueda ya evitarlo. En otras palabras, la crisis de la que estoy hablando ya nadie ni nada la puede detener.

Y aunque también hay a veces mucha imaginación mediática, pesquisas, alteraciones de la realidad y noticias inciertas al momento de producirse (como la supuesta renuncia del canciller Denis Moncada Colindres), para nadie es un secreto la fuerte división a lo interno que vive a diario el orteguismo sandinista, en donde crece cada vez más el descontento por los desmanes y abusos de poder cometidos, no solo contra el pueblo de Nicaragua, sino contra la propia gente del partido, sus militantes y allegados. Contra su propia sangre.

Es cierto que desde los 80 hubo deserciones y graves denuncias de miembros del sandinismo gobernante, como el caso de (Róger) Miranda Bengoechea y muchos otros, y después ya en los 90, el caso de la intelectualidad y la gente de cultura que se marcharon del Frente Sandinista, como el poeta Ernesto Cardenal (q.e.p.d.), el novelista Sergio Ramírez y otros importantes líderes políticos como Dora María Téllez o el fallecido en las cárceles de Ortega, el comandante Hugo Torres. Pero en las actuales circunstancias, con una comunidad internacional pragmáticamente en contra del régimen de Nicaragua, con graves señalamientos de haber cometido delitos de lesa humanidad, con casi 200 presos políticos, con una sociedad reprimida y sojuzgada, y en medio de un gran desprestigio nacional y mundial, la situación se pone cada vez más difícil para el actual Gobierno.

Sean ciertas o no las renuncias, estas van a continuar dándose, ya que además del desvanecimiento político institucional que a diario vive el país, la mayoría de funcionarios públicos son personas que, aunque estén sometidas a la bota represiva de los Ortega Murillo, creen en Dios, son católicas en su mayoría, tienen esposas, hijos y familias, quienes a diario les hacen ver del futuro que les espera mientras se sigan manteniendo en esos cargos, así como del costo que pagarán todos ellos por igual, lo que va para los encopetados funcionarios del Gobierno, la Policía y el Ejército, como para los de rangos y cargos de menor nivel.

Ahora bien, si las renuncias de figuras como el magistrado de la Corte Suprema de Justicia, doctor Rafael Solís, o el reciente caso del embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Arturo McFields, han representado severos golpes a la Administración Ortega Murillo, lo que está por venir resultará ser impredecible, pues a diario crecen las dudas e inseguridades sobre si seguir o no siendo parte de una nomenclatura que al final del día no les defenderá ni apoyará como suele suceder cuando los dictadores suben al avión para tomar la ruta del exilio, como ha ocurrido en tantos casos, sino es que la muerte u otras circunstancias les anteceden.

Por cierto, alguien comentó recientemente que el doctor Francisco Mayorga, exgobernador del régimen de Ortega Murillo en el Banco Interamericano Internacional (BID), ya no estaba en ese cargo y que se fue a vivir a un país suramericano. De ser cierta esa información, estaríamos ante otro caso razonable de deserciones del sistema.

Cierto o no, la situación se plantea cada vez más compleja y difícil. Pero lo que sí es cierto es que esta es la hora de que los funcionarios de cualquier nivel en el escalafón laboral y salarial se pongan la mano en la conciencia y piensen en Nicaragua. Así la democracia más temprano que tarde aflorará para todos.

La autora es empresaria, escritora y emprendedora nicaragüense nacionalizada estadounidense. Candidata a Comisionada por el Condado de Miami Dade.

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