La tarde del pasado 4 de marzo, en la comarca La Poma, colindante con Pacaya, jurisdicción de Masaya, un estruendo se dejó escuchar en todo el valle y el corazón de Juana Mercedes López se contrajo de dolor y exclamó: “¡Mi hijo, por Dios!”
Lo primero en que pensó Juana Mercedes fue en su hijo Augusto César López, de 26 años, quien labora en el taller pirotécnico donde se produjo la poderosa explosión.
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El estallido de material pirotécnico dejó como saldo dos personas quemadas y el deceso de Francisco Javier Pérez Alvarado, de 23 años, yerno de los dueños del negocio.
Lidia Medina, copropietaria del taller, en declaraciones a LA PRENSA explicó que la tragedia se produjo cuando los trabajadores estaban “taponeando cohetes y aparentemente hubo roce de hierro con mechas”.
Medina reveló que esta es la segunda vez que el taller donde elaboran artículos pirotécnicos explota. «La primera vez fue hace 11 años, pero en ese entonces solo salió quemado mi esposo (Braulio García)», indicó la entrevistada.

Braulio García estimó en más 100 mil córdobas las pérdidas causadas por la explosión acontecida el pasado 4 de marzo en su taller de pirotecnia, donde perdió la vida su yerno y resultaron quemados uno de sus hijos y un trabajador.
18 días de agonía
Francisco Javier Pérez Alvarado batalló 18 días por su vida en la unidad de quemados del Hospital Fernando Vélez Paiz. El joven falleció el pasado martes 22 de marzo.
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“Él (Francisco Javier Pérez) tenía quemaduras en el 70 por ciento del cuerpo, pero ya había sanado el 25 (por ciento) de las quemaduras, pero después le dio neumonía y eso lo mató”, explicó Lidia Medina.
A pesar de que la familia del joven pirotécnico mantuvo la fe en Dios en que él sanaría, su estado clínico no mejoró desde su ingreso, pues siempre estuvo en coma inducido, reconoció la suegra del joven que deja en la orfandad a un niño de nueve meses de edad.
Cambiar de oficio
Para Juana Mercedes López el hecho de que su hijo Augusto López haya sobrevivido a la explosión es la oportunidad que tiene para cambiar de oficio, porque ella no quiere que siga exponiendo su vida en un trabajo donde el más pequeño error puede significar la muerte.

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“Ya hablé con mi hijo y le pedí que cambie de oficio, porque la próxima vez (de darse otra explosión) no sé si Dios me lo va a dejar con vida”, manifiesta López, madre de Augusto López, quien permanece ingresado en el Hospital Fernando Vélez Paiz a la espera de un injerto, agregó su progenitora.
El tercer afectado por quemaduras de pólvora es Marlon José Medina, de 25 años, quien convalece en su casa de habitación en Masaya. Marlon es hijo de los dueños del taller de pirotecnia.
