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Presos políticos
Hasta ahora la dictadura no ha podido mostrar un solo preso político que respalde su narrativa de golpe de Estado, terrorismo, conspiración para la traición a la patria o cualquiera otra de las sandeces con que han justificado su detención y barbarie, a pesar de toda la presión a la que han sido sometidos. Ninguno ha traicionado a otro para salvar su pellejo. Ni uno solo ha salido en televisión lloriqueando, pidiendo perdón “al comandante y a la compañera” por el daño que su ambición les causó a Nicaragua, tal a como al régimen le hubiese gustado y, no crean, lo ha buscado de múltiples maneras.
Ucrania
Los presos políticos son a Nicaragua lo que Ucrania es al mundo en estos momentos. Resisten. Golpeados, pero resisten. Sometidos a abusos indecibles, pero resisten. Ni Ucrania ni los presos políticos escogieron el camino más fácil, que sería someter su libertad, entregar su voluntad al abusivo y vivir en la relativa tranquilidad que da la esclavitud. No se sometieron al chantaje de la violencia a pesar de todo el daño que les ha ocasionado tal decisión. Sería muy fácil para cualquiera de ellos estar en su casa, con su familia. Bastaría traicionar sus principios y compañeros. Acogerse a la farsa. Ni uno lo ha hecho. ¿Eso no les dice algo?
Medardo
¿Se acuerdan cuando a Medardo Mairena, en su primera temporada como preso político, lo amenazaron con cortarle los dedos a su hija de 3 años? Primero le ofrecieron su libertad, luego trabajo y tranquilidad económica a cambio de servir como testigo de que la Conferencia Episcopal había organizado “el golpe de Estado”. Como se negó, los policías recurrieron al chantaje más vil. Atacar a su familia. Uno a uno le iban a llevar los deditos de su hija, le dijeron. No se quebró. “La conciencia mía no tiene ningún precio”, dijo luego en una entrevista. O a los trabajadores de la Fundación Violeta Barrios que les ofrecieron su libertad a cambio de “echar a los leones” a Cristiana Chamorro. No aceptaron y siguen presos y condenados.
Botón de muestra
Y pongo el ejemplo de Medardo Mairena y los trabajadores de la Fundación como el botón de muestra. Es seguro que todos han sufrido presiones similares, porque para el régimen sería un festín lograr que algunos presos políticos aceptaran las culpas que les endosan, pidieran perdón, para que luego, en su magnanimidad, la pareja de dictadores pueda darles las 30 monedas que les prometió a cambio de su confesión. Ni de los presos políticos del 2018 ni de los actuales ha salido hasta ahora un Judas que entregue a sus compañeros o le haga el favor al régimen a cambio de su libertad o algunas prebendas. ¡Ni uno solo! Y eso debería decirnos mucho sobre la calidad de las personas que están en las cárceles de Daniel Ortega.
Práctica vieja
La estrategia de presentar presos políticos o militares recitando un discurso es una vieja práctica de regímenes autoritarios. Lo hacen los Kim en Corea del Norte, los Castro en Cuba y lo hicieron los sandinistas en los años 80. No es una práctica desconocida para la Policía o el régimen de Ortega. Les voy a poner un ejemplo que ni siquiera es político: en julio de 2016, la Policía hizo confesar como violador y asesino a un pobre muchacho del Villa El Carmen que luego se comprobó era inocente.
Activos
Los presos políticos no son unas personas críticas del régimen a quienes se les echó preso y “san se acabó”. De ninguna manera. Son, a pesar de su condición, una brasa caliente en las manos del régimen por la forma como se han comportado. Desafiándolo y obligándolo a juicios y sentencias absurdas para justificar su detención. No hablan en los mítines o reuniones, no marchan en las calles, no dan entrevistas ni opiniones, pero no son sujetos pasivos. De hecho, hoy por hoy, la oposición más activa al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo está en las cárceles. No es el régimen juzgándolos a ellos, sino al contrario: ellos juzgando al régimen.
Homenaje
Sirva esta columna como un humilde homenaje al honor y al coraje que han mostrado los presos políticos en Nicaragua. Quisiera mencionarlos uno por uno, pero no se puede. Son tantos. No siempre reconocemos la madera de lo que están hechos. Hombres y mujeres que se están inmolando por la libertad. Independientemente de las discrepancias que podamos tener con unos u otros, todos ellos están dejando una lección para la historia y lo menos que podemos hacer es reconocerla. Ellos son la reserva de la conciencia de Nicaragua. Un grito de libertad que no calla.
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