Desde que emigré a Estados Unidos en el año 2005 siempre he sido respetuosa de las leyes de este país, habiendo adquirido su ciudadanía a mucha honra y ser ejemplo para mis hijos y mis semejantes. He respetado la ideología y el comportamiento de los dos grandes partidos políticos bajo los cuales se asienta su democracia, sus valores y sus principios. Tengo grandes amigos en ambas instituciones, la demócrata y la republicana, aunque ideológicamente me identifico por esta última gran fuerza partidaria.
Digo esto, porque no me explico cómo se están implementando determinadas políticas internacionales bajo la actual Administración del presidente Joe Biden, las que para muchos no van acorde a los principios esenciales bajo los cuales se han fijado los grandes pilares que se asientan bajo este sistema, y es por eso que a muchos ha sorprendido el hecho de ir a Venezuela y negociar con el dictador Nicolás Maduro una cuota de adquisición de petróleo en el marco de la actual guerra entre Rusia y Ucrania, así como con otros países de corte totalitario.
Si a mí, como ciudadana estadounidense de origen nicaragüense me ha causado una fuerte impresión negativa este hecho (olvidando de un solo tajo las grandes violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura castro chavista), por muchas que sean las justificaciones, cómo no lo será para el pueblo venezolano en general, el que está dentro viviendo una pesadilla miseria, hambre y desolación y los ya casi siete millones que deambulan por todo el mundo en busca de sobrevivencia, y de un trabajo para sobrevivir y ayudar a sus familiares que quedaron bajo la geografía interna de ese hermano pueblo. Definitivamente que esto es más que una bofetada y un insulto a esas conciencias que hoy día viven el escarnio comunista y el éxodo más grande de sus ciudadanos.
Pero eso no es todo, pues el presidente Biden también ha expresado que podría levantar las sanciones a Venezuela, si se llega a un acuerdo y a cambio de esto conseguir más petróleo. Se supone también que esto traería como consecuencia política, distanciarse del ogro ruso estalinista de Vladímir Putin, lo que demuestra primero que es más importante lo material que lo humanitario, y segundo, que Estados Unidos está demostrando ser incapaz por sí mismo de enfrentarse a Maduro dentro de sus propia defensa y estrategia continental, buscando pretextos ahora en el petróleo para terminar haciéndole concesiones a un maléfico gobierno que tanto mal ha hecho, y olvidándose del daño que ha causado a miles y miles de venezolanos.
Estoy de acuerdo en que el presidente Biden debe buscar una salida a la grave crisis financiera que ya estamos viviendo a causa de esa guerra desigual e innecesaria. Tomemos en cuenta que los fondos en la Bolsa de Valores han caído estrepitosamente; acá, como nunca el precio de la gasolina está llegando a precios exorbitantes y el costo de la vida ya no se diga. Como financiera de profesión, estoy de acuerdo en que se debe buscar una salida pronta a la situación del petróleo, el gas y a la energía, motores esenciales de la economía, pues podríamos pronto llegar a los temidos «precios de ruptura» si no se logra alcanzar una solución y evitar entrar en una recesión. Pero, insisto, nada de esto justifica este acercamiento.
Lo bueno que esa determinación diplomática ha sido fuertemente cuestionada por muchos sectores aquí en Estados Unidos, entre estas voces están la del propio senador demócrata Bob Menéndez, quien rechazó desde un principio el hecho de que en aras de adquirir petróleo se levanten las sanciones. Como esta voz, miles y millones de voces, comunicados, iniciativas de ley como la presentada por la bancada republicana en el Congreso, declaraciones etc., se han manifestado contra esta política oficial estadounidense.
No es posible negociar con Venezuela como tampoco con Irán, países que no comulgan con la decencia estadounidense, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido, y por las reiteradas violaciones a sus derechos humanos.
La autora es empresaria y líder comunitaria estadounidense de origen nicaragüense, actualmente se ha postulado al cargo de comisionada por el Condado de Miami.