La aventura del presidente Putin en Ucrania ha comenzado a revelar debilidades de Rusia que la alejan del concepto que se tenía de ella. En ese concepto destaca el de su poderío militar, razón por lo que decidí titular este artículo: Ser potencia nuclear no te convierte en potencia mundial.
Permítanme explicarlo. Después de consultar algunos escritos al respecto, puedo concluir que potencia mundial es aquella nación cuyo poderío económico y/o militar es tal, que es capaz de ejercer una influencia directa o indirecta en los demás países o regiones a su alrededor. Las potencias mundiales suelen serlo con base en dos criterios:
1, poderío militar. Estas naciones poseen ejércitos grandes y con armamento de primera línea (tecnología de punta) un entrenamiento y una disponibilidad que les permite una acción inmediata y efectiva. Las potencias militares suelen tener bases militares alrededor del mundo en países aliados, o bien grandes armas de destrucción masiva.
2, poderío económico. Es cuando tienen economías robustas, conectadas con el resto del mundo desde una posición hegemónica, de modo que sus decisiones influyen en la economía de otras naciones, permitiéndoles así un dominio en el intercambio comercial, o sea, permitiéndoles fijar las reglas del juego económico y financiero de otros países.
Lo que el mundo está observando con la invasión rusa a Ucrania, es que Rusia no califica en ninguno de los dos criterios antes mencionados. Su ejército, si bien es cierto que es numeroso y su armamento voluminoso, su ejército está demostrando no tener la disciplina, la preparación ni la logística que necesita para pelear con entusiasmo las guerras que se le imponen. En cuanto a su armamento, hasta el día de hoy no han demostrado estar a la altura de lo que se creía o esperaba, sus aviones, helicópteros, tanques y sus vehículos de transporte son fácil presa de las armas sofisticadas usadas por el ejército ucraniano, que hasta hoy han logrado frenar su avance y por ende cumplir los objetivos que se habían impuesto.
Ahora hablemos de las armas nucleares, que sí posee Rusia. Se habla de casi tres mil ojivas nucleares, que, si pudiera en algún momento ponerlas todas en el aire con destino a los países considerados por ellos enemigos, no hay duda que los estragos que les ocasionarían serían desastrosos. Pero que eso suceda es altamente improbable, pues cuando la primera ojiva lanzada por Rusia se esté alzando, es muy posible que se activarían las más de cinco mil que los están apuntando en Europa, EE. UU., Asia y desde una buena parte de los mares del mundo. En pocas palabras las posibilidades que retornemos a la edad de piedra producto de una guerra nuclear es grande, pero la certeza de que Rusia desaparecería del mapa es real. Recientemente escribí un artículo que titulé Ojo billar, en él hacía algunas reflexiones con la esperanza que lo leyera algún tomador de decisiones e incluí el proverbio sobre la amistad, señalaba que con los amigos se ríe, se disfruta, se les acompaña y apoya en momentos difíciles, pero que no te entierras con ellos. No habían pasado setenta y dos horas cuando se filtró la noticia de que una reunión del más alto nivel de la Administración del presidente Joe Biden, visitó Venezuela. No voy a elucubrar sobre lo que se habló y aprobó para evitar violar alguna ley. Solo voy a decir que la actuación del presidente Nicolás Maduro después de esa visita evidencia que, si no leyó mi artículo, sí conocía el proverbio y está actuando en consecuencia.
No soy quién para dar consejos y si los diera lo más seguro es que no me escucharían. Lo que sí puedo hacer es la observación de que lo más sensato para nosotros (los nicaragüenses) ante la situación mundial que se está viviendo sería abocarnos todos a resolver nuestros propios problemas para salir adelante, promoviendo más y mejor educación, más fuentes de empleo, sin olvidar que la disciplina es la clave del éxito.
El autor es analista político.