El pasado martes 22 de febrero tuve la oportunidad de ver la ponencia de un economista, a mi juicio muy acucioso, disertando sobre el porqué los datos arrojados por el Banco Central de Nicaragua anunciando un crecimiento económico cercano al ocho por ciento el pasado 2021, este no se refleja en un mejoramiento de nuestra economía, ya que los índices del desempleo, el subempleo y el empleo directo o formal siguen bajísimos. Me llamó la atención que los datos que ofreció, fueron los mismos proporcionados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).
Los datos a los que me refiero son los siguientes; según fuentes de Inide estos arrojan un decrecimiento del subempleo del medio por ciento, que el cuarenta y cinco por ciento de la población practica el subempleo, que el salario del empleo formal también tuvo una baja en su poder adquisitivo y que cuando a ese cuarenta y cinco por ciento de subempleados se le agregan los números de la población desempleada, el por ciento de la población sin un empleo formal sube arriba del cincuenta por ciento. Esto repito son datos oficiales de Inide.
La razón del crecimiento del ocho por ciento, el economista se lo adjudica a entre otras cosas las exportaciones de oro, principalmente, pues últimamente se ha convertido en el mayor producto de exportación y el que mayores dividendos produce, ya que en los últimos dos años la onza de oro ha subido casi 500 dólares en el mercado mundial. Ahora, si bien es cierto que las exportaciones de oro producen ganancias multimillonarias, estas dejan muy poco beneficio tanto al Gobierno como a la ciudadanía, pues tienen muchos beneficios fiscales y la fuerza laboral que este rubro utiliza apenas sobrepasa los 6,000 empleos directos, inferiorísimo a otros rubros como el azúcar, café, agro etcétera.
He querido compartir estos números, no con el ánimo de encontrar culpables de que tengamos un poco más de dos millones de hombres y mujeres que son parte de nuestra fuerza laboral sin un empleo formal dato que tiene que hacer meditar a los señores del Gobierno, a los empresarios, a los políticos, en fin, a todos en general y debería enfocarnos en encontrar la fórmula para que ese crecimiento económico que estamos teniendo como país, se refleje en nuestra población. Esta debe ser tarea de todos y a ella tenemos que abocarnos sin mezquindades y sin querer llevar agua a nuestro molino. Sino por el contrario, si es cierto como se afirma que Nicaragua es el país con más multimillonarios per cápita de Latinoamérica (más de 200), la idea no es empobrecer a esos millonarios, sino hacer lo que esté a nuestro alcance para que en el futuro volvamos a ser el país con la mayor fuerza laboral económicamente activa de la región.
La pregunta del millón es, quién da el primer paso. Para este su servidor, el que tiene que dar ese primer paso es el Gobierno. Hay países que por ley se obliga a los bancos a utilizar un por ciento de sus créditos a la producción, también es vital que se comience a crear las condiciones jurídicas y sociales para convertirnos en un país atractivo a la inversión internacional, es prioritario ocuparnos de la educación y realizar los cambios necesario para preparar a nuestra juventud para que puedan enfrentar con éxito los retos que tendrán que afrontar en el futuro y por supuesto dar ese primer paso que nos reconcilie como sociedad. Esto solo podremos lograrlo si todos nos despojamos de los odios que nos mantienen enfrentados y que no nos permiten avanzar.
Para finalizar, los invito a tomar conciencia de las circunstancias que produjeron la explosión social de la que fuimos testigos no hace mucho en la hermana República de Chile. Solo si nos comprometemos todos para lograr ese cambio hoy, podremos heredar a nuestros hijos un mejor país.
El autor es comentarista político.