La danza del oso

Lo que está aconteciendo en Ucrania obliga a evocar en cierta medida la situación que vivió el mundo previo a la Segunda Guerra Mundial, cuando Adolfo Hitler chantajeaba a los defensores de la paz a cualquier precio, con la amenaza de ocupar a los países de su entorno.

Los resultados de los acuerdos de Múnich, 1938, entre Adolfo Hitler, Alemania; Neville Chamberlain, Reino Unido; Eduardo Daladier, Francia y Benito Mussolini, Italia, fueron una muestra de que a los déspotas con proyección imperialista no se le pueden hacer concesiones, ellos padecen de una voracidad insaciable que se incrementa cuando olfatean miedo o inseguridad.

En el presente, Vladímir Putin, que dispone de armas nucleares y según parece de un poder similar al de un monarca absoluto, está en cierta medida reeditando los acuerdos de Múnich al ordenar la invasión de Ucrania y exigirles a los países vecinos que cumplan sus ordenanzas como si no fueran naciones soberanas.

Ucrania en particular es una espina para Rusia y sus jerarcas. El resentimiento hacia Moscú tiene profundas raíces en esa nación. En la gran hambruna de la década de 1930, hasta cuatro millones de ucranianos murieron de hambre durante la colectivización forzosa de las granjas ordenadas por el dictador José Stalin, rechazo que se evidenció por el apoyo que un sector de la población prestó a los nazis cuando estos ocuparon el país.

Putin es lo más parecido a Adolfo Hitler que ha tenido Europa en las últimas décadas. Él aspira a ser el zar de Rusia, con su pretensión de restaurar a la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y tal vez, después, a fuerza de más chantajes, ir extendiendo su autoridad hasta convertirse en el zar de toda Europa, una especie de Tercer Reich en el que se impondría la paz de la KGB.

Si tenemos en cuenta que Hitler tuvo éxito en Múnich sin disponer de armas nucleares, más aun, su país estaba todavía en un proceso de rearme, debemos estar alerta por si entre los rivales de Putin en Occidente hay caudillos con el síndrome de Chamberlain, dispuesto a hacer concesiones para evitar lo que históricamente es inevitable cuando hay un depredador en el ambiente.

Hay un precedente similar a lo que ocurre con Ucrania. En el 2008, Putin, era primer ministro, reconoció las repúblicas separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, parte de Georgia, otra república de la extinta URSS que resultó invadida por Moscú sin grandes repercusiones en las democracias occidentales.

El reconocimiento de independencia a los territorios ucranianos de Donetsk y Lugansk, sin pasar por alto que en el 2014 Rusia se anexó la ciudad de Sebastopol y la península de Crimea, previamente había sido territorio ruso, son hechos que demuestran que la voracidad del Kremlin no se contiene y en cualquier momento empieza a gruñir contra los países bálticos y Polonia.

Vladímir Putin tiene, dicho coloquialmente, la pinta de un fanfarrón, de un abusador de barrio que vive de los débiles de su vecindario, con el agravante de que busca que su país vuelva a ser la gran potencia del pasado a costa de los demás, un serio riesgo para todos porque hay un límite a sus ambiciones que se llama “mutua destrucción asegurada”.

Los opresores de oficio, Putin evidentemente lo es, pueden estar locos, pero no son tontos. Ellos van experimentando con el pueblo que sojuzgan y la comunidad internacional, sus posibilidades de causar daños sin consecuencias.

Está demostrado históricamente que Hitler no empezó su gobierno ordenando asesinatos en masa o ejecutando el Holocausto, Stalin tampoco inició su dictadura con los espurios procesos de Moscú ni Mao Tse Tung armó La revolución cultural en la primera semana de su mandato. Tantearon a sus súbditos y fueron catando cómo respondían sus iguales a sus agresiones.

Los tiranos, mientras más abusivos, más gustan encubrir sus inmundicias, de ahí la necesidad de que no cuenten con impunidad para cometer sus tropelías. La impunidad con la que actúan las dictaduras es consecuencia de la falta de cohesión de sus ciudadanos y la indiferencia de la comunidad internacional, tal parece que el miedo que corroe a sus víctimas reales y potenciales, hace presa de personas y gobiernos con capacidad para incriminarlo.

El autor es periodista cubano

Opinión Danza Rusia Ucrania Vladimir Putin archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 4 años

    Ya es hora que los países firmantes de la ONU hagan cambios en los estatutos y deje de existir el derecho al Veto de los países mas poderosos, solo de esa manera se puede actuar en correspondencia con la actual situación política mundial.

  2. Hace 4 años

    Sr Pedro Corzo.

    Y usted que opina, estaria dispuesto usted en sacrificar su vida o la de sus hijos por defender Ucrania, del hijo de la gran putin de Vladimir?.
    A caso usted a combatido con armas la dictadura de su pais?

    Como se detiene a un despota como Vladimir, si no es con un conflicto nuclear, el cual usted cree que por escribir en un periodico no le va afectar?

    No me mal interprete, condeno la brutal e imperialista invasion de Ucrania, pero el montón de idiotas, que sugieren que occidente es blandengue y hay que detener al imperialista ruso, pero no dicen como. Es facil criticar y elocubrar pero no aportar soluciones efectivas.

    La unica forma de detener a Putin, es acorralarlo en el Kremlin cual Hitler en la cancilleria, para que eso suceda, tendríamos que sobrevivir el holocausto nuclear.

    Si, usted tiene otra alternativa lo escucho señor Pedro.

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