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Fortuna
A estas alturas, Daniel Ortega ha superado en mucho a Somoza. También en la fortuna. Los trabajos de investigación del periódico Confidencial sobre el emporio empresarial de la familia Ortega Murillo, junto al reportaje de LA PRENSA sobre cómo la petrolera de esa familia eludió las sanciones de Estados Unidos, son apenas el botón de muestra de una fortuna mucho más grande, multimillonaria, forjada a ritmo de vértigo en los últimos 15 años, con “alevosía, ventaja y premeditación”, como dicen los abogados.
Fortunómetro
Ni de los Ortega Murillo ni de los Somoza se sabe con exactitud a cuánto ascienden sus fortunas. No hay un “fortunómetro” preciso para dictadores, pero sí hay datos que nos dan pistas. Para julio de 1979, se calculó, en la cifra más alta, que los Somoza tenían unos 500 millones de dólares de la época, que serían unos 1,925 millones actuales. En 2018, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó al Bancorp, se supo que Caruna, que administraba el capital de la familia presidencial, había entregado en contratos de fideicomiso a ese banco un patrimonio por la bicoca de 2,500 millones de dólares. Este dato ha llevado al economista Enrique Sáenz a decir que, para calcular la fortuna de los Ortega, “este sería el mínimo” del cual partir. O sea, que el mínimo calculado de la fortuna de los Ortega Murillo es más grande que el máximo calculado de los Somoza.
Orígenes
Ahora veamos el origen. Los padres de Anastasio Somoza García, o Tacho viejo, para irnos a antes de que estos tuvieran poder, eran finqueros, digamos, acomodados. Tenían cuatro fincas cafetaleras en San Marco, Carazo, y muchas deudas. Esas fincas fueron la semilla de lo que se conoció luego como la Sucesión Somoza. Los padres de Daniel Ortega no tenían nada, de hecho, eran una familia trashumante, que se establecía donde don Daniel Ortega Cerda conseguía trabajo y donde podía pagar la renta de la vivienda y el colegio de sus hijos. Los padres de Rosario Murillo tenían mayores recursos. Don Teódulo Murillo era un terrateniente con varios negocios y cultivos de algodón. Sin embargo, fue confiscado por la revolución que, entre otros, dirigía su yerno: Daniel Ortega.
Raterías
Tanto Daniel Ortega como Anastasio Somoza García enseñaron el colmillo bien pronto. Daniel Ortega fue capturado cuando tenía 22 años por asaltar un banco. Somoza García también fue apresado cuando tenía 25 años, por falsificar monedas de oro. La diferencia es que Ortega fue condenado a 14 años de cárcel, de los cuales cumplió siete porque fue rescatado por la guerrilla sandinista, y Somoza evitó ser condenado por la influencia de su familia política.
Guate mojado
Tampoco es mi intención decir que Somoza era una especie de Hermano de la Caridad. Si bien el patrimonio de los Somoza comienza con las cuatro fincas endeudadas que se mencionaron antes, la fortuna tuvo un inusitado crecimiento en la década de los 40, cuando Somoza, ya siendo presidente y jefe de la Guardia Nacional, compró “a precio de guate mojado” las propiedades confiscadas a los alemanes e italianos, a quienes les declaró la guerra, incluso antes que Estados Unidos, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Las compras se hacían en subasta donde llegaba un coronel leal a Somoza con un maletín lleno de dinero en una mano y una ametralladora en la otra, para que nadie se atreviera a superar el precio que Somoza ofrecía.
Venezuela
Los Ortega Murillo se volvieron multimillonarios de repente, después de privatizar a su favor la cooperación venezolana que se destinó a Nicaragua, calculada en unos cinco mil millones de dólares en total. ¿Cómo podría explicar Ortega, alguien que nunca trabajó en nada que no sea la política, y nunca tuvo patrimonio alguno, la fortuna de al menos 2,500 millones de dólares que ahora tiene en sus manos?
Patrón común
Por lo demás, ambas fortunas tienen un patrón común. Acaparar con las ventajas que da el Estado y el manejo a su antojo de las leyes, tantas áreas de la economía como puedan. Si Somoza tenía presencia “empresarial” en aerolíneas, navieras, fábricas de cemento, de fósforos, y de telas, compañías pesqueras, camaroneras y automotrices, fincas cafetaleras, ganaderas e ingenios azucareros; pues Ortega las tiene en petróleo, combustibles, energía, comunicaciones, bienes raíces, publicidad, agricultura, hoteles y servicios, entre otras.
Botín de guerra
Esta de ninguna manera es una competencia histórica de quién es más listo. Tanto la fortuna de los Somoza como la de los Ortega Murillo se han levantado sobre sangre de los nicaragüenses. Son el resultado de dos dictaduras. Dos familias que han visto a Nicaragua como su botín de guerra, un país tomado, destinado al saqueo a costa de la pobreza de sus habitantes. Cada dólar de esas fortunas no es el resultado de una gestión empresarial exitosa, sino del latrocinio y el uso del Estado para exprimir a sus ciudadanos. Es dinero que le quitaron a sus abuelos, a sus padres, y nos los siguen quitando a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros nietos.
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